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RAMÓN ZUBIZARRETA y ZULOETA


  DICTAMEN ACERCA DE LAS TIERRAS RECLAMADAS POR MADAMA LYNCH (Obra de RAMÓN ZUBIZARRETA)


DICTAMEN ACERCA DE LAS TIERRAS RECLAMADAS POR MADAMA LYNCH (Obra de RAMÓN ZUBIZARRETA)

DICTAMEN ACERCA DE LAS TIERRAS

RECLAMADAS POR MADAMA LYNCH

Obra de RAMÓN ZUBIZARRETA

 

 

Los actos de López, hacia el fin de la guerra con los aliados, manifiestan que tuvo el plan de borrar del mapa la República del Paraguay, ya convencido de que tenía perdida la tremenda partida en que empleó todas las fuerzas de un pueblo valiente y resignado.

Cerca de los últimos trances de la espantosa hecatombe en que vio desaparecer por millares a sus disciplinados paraguayos, preocupóse de la suerte futura de los hijos que tenía de madama Lynch, a quienes, según la expresión de Thompson, amaba locamente.

Debió creer que el territorio del Paraguay pasaría, por efecto de conquista, al dominio eminente de alguna de las naciones que le combatían, y quiso que, al menos, el dominio privado de una gran parte de ese territorio fuese de sus hijos.

La idea de que, con los esparcidos y destrozados miembros de este país se llegase a formar inmediatamente una nueva República del Paraguay, democrática, libre e independiente, no pudo estar en la cabeza de López.

Para obtener el resultado de que aquella prole que tanto amaba, quedase, después de su muerte, poseyendo una considerable riqueza territorial, a más de la mobiliaria que tenía entre sus manos, creyó que bastaba a su propósito mandar al vicepresidente Sánchez, depositario nominal en ocasiones del Poder Ejecutivo, hacer las escrituraciones de forma a favor de madama Lynch, a la que, además nombraba heredera universal de todos sus bienes.

No hay forma de dar mejor interpretación a la enajenación de todas las tierras fiscales en aquella situación, con aquellas personas y bajo aquellos modos de venta. Que no se hizo para atender las necesidades de la guerra, es tan evidente en la historia, que hasta parece ociosa toda demostración de lo mismo.

Algo debe decirse aquí, sin embargo, de lo más culminante y notorio.

Varios millones de pesos en metálico dicen los documentos de esta cuestión que ingresaron en la tesorería general.

- Pero, ¿ingresaría en efectivo en las arcas fiscales toda la suma que figuraba como precio de lo comprado? ¿Aquel dinero se gastó para satisfacer las necesidades del ejército, o volvió a las manos de madama Lynch?

- Hablen las citas históricas sobre estos dos particulares.

- En el congreso que se reunió el 5 de marzo de 1865 se votó una ley autorizando a López a emitir papel moneda hasta la suma que creyera conveniente. En virtud de esa autorización, López decretó el día 25 de aquel mismo mes, una emisión de pesos 2.900.000 y el 10 de abril de aquel año, abolió la ley que mandaba pagar la mitad de los sueldos en metálico. Estos datos hay que tenerlos en cuenta para saber cómo se sufragaban las necesidades del ejército. Thompson, testigo veraz, dice en el capítulo segundo de su memoria sobre la guerra del Paraguay:

"El ejército estaba organizado según el sistema y ordenanza española. El sueldo nominal de cada soldado era de 7 patacones al mes, pero sólo lo recibía cada dos meses. La tercera parte se le pagaba en moneda metálica, otra en papel y la última en efectos que los soldados podían sacar de los depósitos del gobierno, establecidos para este objeto. Después de comenzada la guerra, el ejército dejó de percibir sus sueldos; durante toda ella López decretó dos recompensas. Cada una de las cuales no pasó del equivalente de un mes de sueldo".

En la nota de Mr. Washburn a Mr. Stuart, ministro inglés en Buenos Aires, se leen estas frases:

"Antes de agosto no supe que además de la conspiración contra el gobierno, había tenido lugar un robo en el tesoro público.

"Detalles sobre este robo nunca pude obtenerlos, ni tampoco pude obtener los referentes a la conspiración.

 

……………………………………. .

 

"La única explicación que puedo dar en cuanto al robo del tesoro es la siguiente: desde que López entró al poder, nunca ha tenido un tenedor de libros competente en su administración, y es probable que no ha sabido hasta muy recientemente el dinero que le dejaron sus antecesores.

"Desde ese momento ha ido gastando en grande escala, y probablemente ninguna cuenta exacta se ha guardado jamás de lo que se ha pagado por su orden.

"Después de la evacuación de la ciudad en febrero, tuvo tal vez la oportunidad de contar su dinero y encontró que había practicado un desfalco en su tesoro. Este descubrimiento no se hizo probablemente, sino después de algunos meses que tuvo lugar el traslado a Luque. En el mes de junio supimos que todos esos extranjeros que habían ganado algún dinero en los últimos años y con probabilidad lo tenían en sus casas, fueron arrestados y enviados aguas abajo. Entre ellos se encontraban ingleses, franceses, italianos, españoles, alemanes y portugueses. El plan de López parece haber sido conseguir este dinero, y entonces por amenazas y torturas, forzarlos a confesar que eran conspiradores o ladrones del tesoro público.

En vista de estas confesiones serán probablemente ejecutados, obedeciendo al principio prudente de los ladrones de caminos u otros asesinos: "Los muertos no hablan"

 

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"Tal vez crea que alguna cañonera de nación neutral lo tome a su bordo con el importe de sus saqueos de último momento. Pero por la presente declaro "que el dinero que se ha procurado no le pertenece".

 

Otras citas:

"Mr. Vernouillet, ministro francés, llegó a bordo de la Decidée con el objeto de visitar a López: él y el capitán de la Decidée fueron condecorados con la orden nacional del Mérito. La Decidée embarcó tesoros en el Paso de la Patria. (1865, pág. 127. Obra de Thompson). Más adelante dice el mismo testigo que en abril de 1866, cuando se desalojó el Paso de la Patria, fue saqueada la caja del gobierno que sólo contenía papel moneda.

"Botín de Curupaití. "Se recogió una gran cantidad de libras esterlinas que madama Lynch cambió por papel moneda (pág. 199).

"En 1866, como testimonio de su sentimiento patriótico, las señoras de la Asunción le presentaron una banderita bordada por ellas, con oro, diamantes y rubíes, y cuya asta era de plata; además le enviaron un álbum encuadernado en oro sólido y acomodado en una caja, con una estatua ecuestre encima, todo de oro macizo. Las insinuaciones y las ideas para estas manifestaciones partían todas del cuartel general, y eran sugeridas por una señora amiga de López. Como es de suponer, nadie se atrevía a negarse para contribuir a estas cosas.

"El año siguiente (1868), los ciudadanos se vieron en la necesidad de hacer otro obsequio, y esta vez no hubo reserva alguna respecto a la persona que sugirió la idea, porque los diseños fueron ordenados por la señora del campamento, y desde allí enviados a la Asunción, en donde fueron ejecutados.

"Los regalos consistieron este año en una espada de honor y una corona de laurel fundida en oro. El puño consistía en un San Jorge y el dragón, todo de oro macizo adornados con 23 brillantes y gran número de piedras preciosas. La vaina era de oro con arabescos de relieve. Esto se encerraba en otra vaina de tubos concéntricos, también de oro puro con una estatua en el extremo y construida de manera que, cerrándola, se veía solamente la parte que contenía el puño, figurando entonces un bello adorno de mesa. El todo fue colocado en una hermosa bandeja de plata que fue llevada y presentada por una comisión de ocho personas de las cuales la principal era don Saturnino Bedoya, cuñado de López y tesorero general. Era un trabajo de mérito.

 

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"La corona de laurel no pudo terminarse para el día de la presentación, aunque se hicieron varios diseños de ella, que no fueron aceptados por la sola razón de que tendrían poco valor, a pesar de que entre las hojas había flores de brillantes.

"La corona debía ser colocada en un cojín, y ambas cosas en una caja de oro de 18 pulgadas de largo por 14 de ancho.

"Se insinuó que para hacer un regalo que valiera la pena, lo único que podía hacerse era fundir una esfera de oro incrustada con brillantes. Más tarde, sin embargo, López encontró un medio más seguro de posesionarse de todo cuanto había en el país de algún valor. Se apoderó de todas las joyas de las familias, de la manera siguiente: "Puede darse por un hecho indudable que todas las mujeres paraguayas, desde la más alta hasta la más baja, poseían muchísimas joyas. Entre las clases acomodadas había gran cantidad de perlas y brillantes, pues las joyas eran el único artículo de lujo importado por los españoles, y los regalos que los paraguayos hacían a sus novias consistían siempre en alhajas.

"Se inició el movimiento patriótico (promovido por la instigadora de siempre), entre las señoras, de las cuales algunas se constituyeron en comisión, e invitaron a las demás a presentar a López todas sus joyas para contribuir así a los gastos de la guerra.

"Como es de suponerse, en todos los pueblos y aldeas del país se formaron comisiones idénticas que declararon su adhesión a la idea. Cuando la oferta se formalizó, López dio las gracias por medio de una carta en forma de decreto en que decía que el país no requería tal sacrificio; pero que él aceptaría la vigésima parte, para con ella fundir una medalla en conmemoración del patriotismo de las damas.

"Poco después, toda la joyería fue recolectada, y los jueces de paz invitaron a todos sin excepción y hasta a los recalcitrantes, a "ofrecer" todas las joyas, deponiéndolas en sus manos. La orden fue inmediatamente cumplida, y después de reunidas las joyas, no volvió a hablarse nada de ellas, ni nadie se atrevió a preguntar por su paradero. Se hizo un diseño para una medalla y se fundieron cuatro, con un doblón de oro fundido a propósito.

"Todas estas joyas robadas por López, fueron, según parece, embarcadas en los buques de guerra de las naciones extranjeras".

No está demás reproducir aquí estos curiosos documentos:

 

Señor Mayor General Mac-Mahon, Ministro de los Estados Unidos en América. Pikysyry, diciembre 23.

 

Mi distinguido señor:

Como el representante de una nación amiga, y en precaución de cuanto pudiera suceder, me permito confiar a su cuidado aquí adjunto, un documento de donación, por el cual transfiero a doña Elisa Lynch todos mis intereses particulares de cualquier clase que sean.

Yo le ruego tenga la bondad de guardar ese documento en su poder hasta tanto que pueda entregarlo a dicha señora, o devolvérmelo en cualquier contingencia imprevista, que pudiera impedirme volver a entenderme con usted a este respecto.

Me permito además, rogarle desde ahora, quiera hacer cuanto esté en su poder para llevarse a efecto las disposiciones prevenidas en dicho documento; agradeciéndole de antemano cuanto en tal sentido pueda hacer en obsequio de su muy atento servidor.

 

Francisco S. López

 

 

(CODICILO)

 

"El infrascripto, mariscal presidente de la República del Paraguay, por el presente documento declaro formal y solemnemente, que agradecido a los servicios de la señora doña Elisa A. Lynch, hago a su favor donación pura y perfecta de todos mis bienes, derechos y acciones personales, y es mi voluntad que esta disposición sea fiel y legalmente cumplida.

"Para todo lo cual firmo con testigos en el cuartel general de Pikysyry a los veintitrés días del mes de diciembre de mil ochocientos sesenta y ocho".

 

Francisco S. López

 

Nota: Se ve por este documento que en lo más recio de la acción el mariscal se preocupaba de asegurar sus intereses, viendo ya mal parada la defensa.

 

……………………………………. .

 

 

Las citas anteriores se corroboran con estas palabras de Thompson; pág. 362, de su obra:

"No hay duda de que el objeto de López al cometer estos crímenes, era apoderarse de todo el dinero público y privado que existía en el país...

"El robo en la tesorería era absolutamente imposible en el Paraguay, excepto para López, a causa de los innumerables sistemas de espionaje, siempre en actividad, sobre todo en aquel departamento.

"Después de ordenar que el dinero público fuera depositado en sus propias cajas, hizo llevar al ejército y asesinar a todos los que tenían algo que ver con la tesorería, las oficinas públicas y con toda la mayordomía de su casa particular, de manera que en el día de hoy, nadie, excepto él, sabe dónde se encuentra la tesorería paraguaya. Todos los comerciantes; o individuos de cualquiera clase o profesión que tenían dinero, fueron tratados de la misma manera y su dinero y papeles robados por los agentes de López.

"Gran parte del dinero así obtenido fue, sin duda sacado por los buques neutrales de guerra que visitaron la Angostura, a fines de 1868".

Merecen copiarse también las palabras de D. Silvestre Aveiro secretario de López y uno de sus fiscales, en la exposición que dirigió al conde d'Eu, en 23 de marzo de 1870:

"Madama Lynch ha contribuido mucho para la desgracia de muchos. Las veces que ella iba a la capital después de regresar, caían muchos. Interesada hasta el extremo, ella ha soplado al pueblo el asunto de las alhajas, de la espada, del tintero, etc., haciendo hasta el escándalo de comprar tierras y casas por billetes".

Y las siguientes, de Washburn, en su carta al editor de "La Tribuna", de Nueva York:

"Mrs. Lynch no perdió ocasión de echar mano a todo objeto de valor existente en el tesoro y en los santuarios del país".

¿Qué pagos hizo López en Europa por armamentos en todo el tiempo que duró la guerra? A esta pregunta contestarán todos los que han tenido ocasión de saberlo, que no hizo pago alguno. Ni por los armamentos, ni por los materiales de ferrocarril y otros valores que anteriormente había recibido por cuenta del Estado. Así lo comprueban las reclamaciones que interpusieron diversos acreedores a la conclusión de la guerra. Aquellos buques encorazados cuya construcción se había emprendido por orden de López, en Europa, se perdieron principalmente por la falta de pago de las cuotas debidas a los constructores.

La famosa cuestión litigiosa del doctor Stewart con madama Lynch, ante los tribunales ingleses, nos puso de relieve cómo el dinero de esta república eran bienes propios de la tal señora.

En uno de los embarques del dinero fiscal que se verificó en un buque de guerra neutral, por orden de López, éste quiso que figurase como remitente el doctor D. Guillermo Stewart, de quien se había antes servido como agente para muchos de sus pedidos de materiales a Inglaterra.

Después de hecho el embarque, madama Lynch llamó al doctor Stewart y le exigió un recibo o comprobante a su favor de todo el importe de la cantidad remitida. El doctor Stewart comprendió que aquella exigencia venía de orden de López y que no podía negarla, sin grave peligro de su vida; y, en consecuencia, dio el recibo en los términos que quiso madama Lynch.

Después de la guerra, hallándose el doctor Stewart en Inglaterra, se produjo el pleito sobre la reclamación de aquel dinero, pleito que acabó con una transacción en mérito de dicho recibo, a pesar de que el doctor Stewart probó, con el testimonio de muchos ciudadanos paraguayos que intervinieron de algún modo en el embarque del dinero aludido, que éste era de propiedad del Estado.

Indudablemente, que el precio y la entrega del mismo para el pago de las tierras fiscales se formularon aparentemente en las escrituras de madama Lynch. López, al mismo tiempo que dio las tierras a la "señora del campamento", como la llama Thompson, puso en manos de la misma los restos de la fortuna pública del Paraguay.

 

……………………………………. .

 

El 15 de agosto de 1869 se instaló el gobierno Provisorio del Paraguay. ¿Qué pueden, pues, significar aquellos actos de venta de tierras nacionales? Nada más que lo que todos saben, que López al morir, consecuente con su sistema, procuró arrancar al Paraguay los últimos girones de su riqueza para mejorar el porvenir de sus hijos y de su querida.

Aquí se encierra toda la moral del episodio.

 

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López embarcaba los tesoros fiscales en los buques neutrales de guerra para formar con ellos un patrimonio a sus hijos, el oro y la plata eran cargas molestas en las marchas incesantes que tenían que hacer huyendo del enemigo; había acostumbrado a su ejército a las más terribles privaciones, y oficiales y soldados no se acordaban de sus sueldos nominales; no necesitaba dinero para adquirir los artículos de guerra; obraba como señor de vidas y haciendas y tomaba todo lo que tenía el país en hombres y recursos, sin hacer la menor erogación por cuenta del Estado. El socialismo en que se había educado el pueblo, haciendo que todo fuera de la patria y nada del individuo, imperaba en toda su fuerza, sin otra excepción que la de madama Lynch.

En segundo lugar, nadie puede dudar que para que hubiese habido un propósito administrativo de allegar recursos con la venta de tierras fiscales, se debía pensar en personas cuya caja no fuese la misma que la del Estado.

La caja de madama Lynch era la de López y la de éste no era otra que la del Tesoro Público. Así, el hecho de presentar como compradora de las tierras fiscales a la querida y heredera de López, no puede inspirar a nadie la creencia de que hubo venta real con la entrega del precio; aunque si inspirará toda la aversión que merece la indignidad y el codicioso egoísmo que se practica con las más agravantes circunstancias que se puede imaginar.

Madama Lynch, figurando como compradora de tierras fiscales y pagando por ellas, según las escrituras, sumas cuantiosísimas, a la vez que recibía las letras por el importe de las yerbas del Estado y la constancia de ser suyos los dineros que se embarcaban buscando seguro en el exterior, forma un duro contraste en el cuadro de la guerra con aquellas familias pudientes del país, a quienes se confiscaron sus bienes en servicio del Estado y con aquellos pobres comerciantes extranjeros a quienes se atormentó y fusiló después de quitarles las especies metálicas que habían adquirido como fruto del trabajo de muchos años.

¡Irrisión de la desgracia de un pueblo!.

Los herederos de las víctimas de la tiranía han llorado la mala suerte de los suyos, pero ninguno ha pretendido responsabilizar al Estado por los abusos de López; sólo los sucesores de madama Lynch son los que pretenden responsabilizar al país por estos actos, revalidándolos en la presente época con escarnio de la verdad y de la justicia.

 

……………………………………. .

 

A medida que los ejércitos aliados avanzaban en la persecución de López, estrechaban a éste su zona de acción, dejando a la espalda de ellos las personas y cosas que iban salvándose de la lucha, y que rigieron militarmente hasta la instalación del Gobierno Provisorio. La zona de acción de López, desde 1868, quedó, pues, reducida a la parte despoblada, por donde fue retirándose hasta el día de su muerte. Los actos de él o del vicepresidente Sánchez, disponiendo de los valores territoriales del país, aunque no tuvieran las tachas insanables mencionadas antes, tendrían el defecto de aparecer como la obra del cadáver de un gobierno de quien, todo lo que quedaba del antiguo Paraguay, maldecía unánimemente.

 

……………………………………. .

 

...y así ha venido a resultar que no hubo enajenación por traslación de dominio, ni necesidad por lo tanto de entablar acciones judiciales para la reivindicación de aquellas tierras, quedando sólo a madama Lynch la propiedad de algunos papeles que, como contrarios en su texto a las leyes administrativas del país, como otorgados sin potestad en el objeto sobre que disponían, como opuestos a las leyes comunes del caso, como hechos para el beneficio ilícito de la querida de López, como defraudadores de la riqueza de un pueblo y como falsos en sus fechas y demás circunstancias que expresan, no son, ni pueden ser otra cosa ante la conciencia de los hombres, que un padrón de ignominia para sus autores y nunca de legítima propiedad.

 

(El texto publicado aquí ha sido tomado del libro titulado Papeles de López o el tirano pintado por sí mismo y sus publicaciones (Buenos Aires: Imprenta América, 1871), incluido en el libro bajo el título de "El pleito de las 310 leguas: Dictamen del doctor Ramón Zubizarreta", páginas 407 a 424. El doctor Zubizarreta se expidió con motivo de la reclamación de la señora Lynch ante los tribunales paraguayos acerca de una donación de tierras hecha a favor de ella por el mariscal López.)

 

Fuente:

RESIDENTAS, DESTINADAS Y TRAIDORAS (2ª EDICIÓN)

Compilador: GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ

Tapa: JULIO CACACE

RP ediciones – CRITERIO,

Asunción-Paraguay  - 1991 (pp.159)

 

 



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