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  EL PARAGUAY HABLÓ, 1959 - Mensaje de EDGAR L. YNSFRAN


EL PARAGUAY HABLÓ, 1959 - Mensaje de EDGAR L. YNSFRAN

EL PARAGUAY HABLÓ

EN ESTA HORA POLITICA DE AMÉRICA,

CON SU INMORTAL ESPÍRITU DE SORERANIA...

A TRAVÉS DEL MENSAJE DEL MINISTRO DEL INTERIOR

DOCTOR EDGAR L. YNSFRAN

 

 

Difundido por Z. P, 1 Radio Nacional del Paraguay

y la Cadena Paraguaya de Radiodifusión el 30 de enero de 1959

 

SUB -SECRETARIA DE INFORMACIONES

Y CULTURA DE LA PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA

 

Editorial EL ARTE S.A.

Asunción . Paraguay

(38 páginas)

 

 

 

De acuerdo con la política del Superior Gobierno de mantener informado al pueblo sobre los distintos problemas de la vida nacional, nos dirigimos hoy a la opinión pública con el objeto de ilustrarla sobre diversos aspectos de interés común, que atañen al presente y al futuro de la República.

Consecuentes con nuestro estilo habitual, dejaremos de lado todo eufemismo, para entrar en el planteo de las cuestiones con claridad y franqueza absolutas. No creemos en las ventajas de no decir, o de decir a medias. Creemos, en cambio, que al entendimiento se llega por el sendero de la sinceridad que, por ser tal, en ningún caso puede considerarse agraviante ni injuriosa.

 

EL MOVIMIENTO DE CUBA

La ciudadanía conoce el movimiento revolucionario de la República de Cuba. La copiosa información sumi­nistrada por la prensa, nos exime de referirnos a los detalles que rodearon el hecho. Las columnas de los diarios, con sus aplausos o sus críticas acerbas, han puesto al alcance de los hombres de todas las latitudes un amplio panorama, para que cada uno forme su juicio de acuerdo a su ciencia y conciencia, a sus incli­naciones, a sus sentimientos humanitarios o a su más o menos auténtica vocación democrática.

 

Es ese un hecho que, en su esencia, sólo interesa a Cuba. Son los cubanos los llamados a juzgar los errores o las ventajas del régimen depuesto y del que lo sucedió. A Cuba le deseamos no sólo libertad: la queremos feliz. Pero demasiado amarga resulta a la conciencia de América la etapa que está viviendo la isla antillana, para que sumemos factores de desen­cuentro en un pueblo amigo. La prescindencia, la no intervención, el no contribuir a separar a los hombres y a sus comunidades, constituyen en nosotros una vocación del mejor abolengo nacional.

Ninguna razón existe para no practicarla también ante Cuba, que está viviendo un penoso momento de su historia; porque quien quiera que tenga la razón, nada se puede edificar mientras la sangre corre a raudales.

 

EL PROBLEMA  SE  HACE  NUESTRO

Este problema, que no es nuestro, pasa, sin embargo, a serlo, en cuanto se pretende utilizarlo como ejemplo para crear paralelismos; como motivo de esperanzas para ciertos sectores desplazados; o como punto de partida para derivaciones que incidan en nuestros problemas políticos, que no tienen ni semejanza ni relación con los problemas políticos cubanos.

Nuestro derecho a considerarlo se acrecienta cuando alguno de los hombres de actuación preponde­rante en la revolución cubana, en un rasgo de muy relativa seriedad y ejerciendo derechos que nadie le concede, se declara libertador de pueblos, entre los cuales incluye al nuestro cuando el intervencionismo, directo o indirecto, es practicado visiblemente por países ajenos al problema; y, finalmente, cuando se habla de un presunto "Pacto de Caracas", destinado a llevar su influencia a países que no lo han solicitado.

Esas circunstancias, que no vacilamos en calificar de insólitas, constituyen la razón esencial de nuestra exposición de hoy. Exposición a la que queremos dotar de la más total serenidad,precisamente para que de ella surja toda la energía con que la ofrecemos a la opinión.

 

NO HAY SIMILITUD

La similitud que se quiere establecer entre la situación paraguaya y la cubana anterior al primero de enero, carece en absoluto de fundamento. Si, como se pretende, tal similitud existiera, ella no favorecería en modo alguno a la revolución cubana. Porque la lucha del pueblo paraguayo representado por el colo­radismo, está enderezada a impedir el retorno a nuestro escenario político de una oligarquía prepotente e inca­paz, que sumó a su inoperancia total ante los problemas nacionales, una anarquía sin paralelo en la historia de América, un absoluto desprecio por los derechos huma­nos y una criminalidad reiterada, elevada a la categoría de sistema político.

 

Si alguien, sea quien sea y hállese donde se halle, pretende desconocer el derecho del pueblo paraguayo a luchar contra tales factores, no podrá hacerlo ni en nombre de la libertad, ni en nombre de la democracia, ni en nombre de los derechos humanos, virtudes acerca de las cuales ya nada tenemos que aprender.

 

OPUESTOS A LA INTERVENCIÓN

Nos oponemos y nos opondremos tenazmente a toda intervención en nuestros quehaceres políticos. Estamos decididos a convertir cualquier problema de esa índole en una cuestión continental. Pero nos opone­mos, más enfáticamente todavía, a que se nos juzgue a través de la mentira o la ignorancia. La historia que sobre nosotros pretende escribir una oligarquía inter­nacional en vías de desmoronarse, no es nuestra historia política. La falsedad no puede servir de base ni al juicio ni a la acción.

Contra eso vamos a luchar con todas nuestras fuerzas. Y podemos desafiar a nuestros enemigos, en cuanto a la calidad de las armas que esgrimimos; por­que podemos probar acabadamente que las suyas no representan la verdad en la misma medida de las nuestras.

 

Porque no aceptamos la falsa premisa del parale­lismo, no aceptamos tampoco las derivaciones que de ella se deducen. Más adelante probaremos cuál es la razón de nuestra lucha; porque contrariamente a lo que se pretende sostener, somos nosotros quienes esta­mos luchando para impedir el retorno a un estado de cosas que fue vergüenza e ignominia para nuestro país y para América. Pero previo a estas consideracio­nes, es preciso un enfoque jurídico que reforzará más tarde nuestro planteo de la realidad.

 

UN CASO DE INTERVENCIONISMO

Los sucesos de Cuba nos han puesto frente a un caso de intervencionismo de un pueblo en los asuntos internos de otro.

Ese intervencionismo ha tenido dos formas de expresión: una, directa, con una probada financiación para la compra de armamentos; otra, indirecta pero igualmente eficaz, mediante una campaña periodística y radial; esta última incluso desde emisoras clandestinas instaladas al efecto en territorio extranjero.

¿Debe aceptar América ese sistema? Examinemos la conducta que observaron Gran Bretaña y Estados Unidos cuando una campaña idéntica se realizó en Oriente Medio.

 

PALABRAS DE FOSTER DULLES

En la apertura del debate general, en la sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada en la sede de Nueva York, el jueves 18 de setiembre de 1958, el Secretario de Estado de la Unión, Señor Foster Dulles, en relación al problema de las radioemi­soras clandestinas, que atentan contra el orden público interno e internacional, expresó:

"Una de las causas que contribuyen a la tensión en el Oriente Medio han sido las emisiones de radio de algunos países incitando a las poblaciones de otros a levantarse en contra del régimen establecido. Creemos que las Naciones Unidas, pueden tomar medidas como para desalentar tales emisiones. Eso reforzaría la afir­mación de los Estados de esa zona, de respetar las formas de gobierno establecidas en los otros Estados considerando ello como asunto de exclusivo interés de tales Estados".

"Una posibilidad es establecer un sistema de vigilancia de las Naciones Unidas sobre esas emisiones radiales, cualquiera sea la fuente, que crucen de la frontera de aquellos países. Una información tal podría tener un efecto saludable. Si los propagandistas saben que sus palabras están siendo vigiladas, aquí, en este foro del mundo, que están siendo registradas, posible­mente serán más moderados. Esperamos que esta Asamblea considere el problema".

 

CONCEPTOS DE SELWYN LLOYD

En el discurso pronunciado por el Hon. Selwyn Lloyd, Principal Secretario de Estado de Asuntos Extran­jeros del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, en la sesión del mismo organismo del jueves 25 de setiembre de 1958, se condena a las radioemisoras clandestinas en los siguientes términos:

"Pasamos ahora al problema de los ataques al Gobierno y a la monarquía jordanos desde radioemi­soras situadas fuera del territorios jordano. He leído los textos de todas las emisiones, sobre todo de una del 11 de setiembre y otra del 16 del mismo mes. Leeré unas cuantas frases de las mismas: Vaticino que las discusio­nes y negociaciones del Sr. Hammarskjold fracasarán... Esto significa que hay que encontrar otra solución... Los frutos del árbol de la libertad no podrían madurar al hacer que ese árbol sea irrigado con la sangre de los mártires... La tierra jordana está sedienta y su suelo pide sangre". La emisión culmina con un llamamiento para derrocar al actual régimen de Jordania, y en su ataque malévolo y calumnioso al gobierno existente en Jordania todo el tiempo está el "leit motiv" de la sangre y de la incitación al asesinato y a la destrucción".

 

Y prosigue el Señor Lloyd: "He venido hablando de ataques radiofónicos desde un país contra el gobierno de otro. Y éste es un asunto que no sólo afecta a Jor­dania, sino que tiene un significado mucho más amplio. Creo que es el factor que tiene más importancia en el fomento de la tirantez mundial en la actualidad. En virtud de nuestra jurisdicción se puede decir lo que se quiera de la gente y de su criterio sin calumniar y sin incitar a la violencia. Pero gran parte de lo que difunden ciertas emisoras rebasa la expresión de puntos de vista políticos sobre tópicos internacionales. Se trata de difamación personal e incitación directa al derrama­miento de sangre".

"Deliberadamente me abstendré de citar más ejemplos. Tampoco digo que sólo un grupo de naciones ha sido el que se mostró culpable en ese sentido; lo que sí expreso es que la comunidad internacional necesita comenzar desde el principio en la materia y debe aceptar un nuevo código de conducta, una nueva norma, en que los países no permitan que desde esta­ciones de radio, públicas o privadas, en su territorio, se incite al asesinato, a la insurrección y a la guerra. Ojala se medite esta idea durante la presente asamblea".

Este es el pensamiento de dos pueblos de cuya sensibilidad democrática nadie se atrevería a dudar. Se trata, pues, de un asunto ya planteado en la ONU, que debe volver a plantearse cuando las circuns­tancias lo requieran.

 

LA UNIDAD DE AMÉRICA

Porque nadie puede pensar que lo que Estados Unidos rechazó en Medio Oriente, lo va a tolerar precisamente en América, cuya unidad interesa más que nunca; y donde la gran nación del Norte ejerce una función rectora que nadie desconoce y que todos aceptamos, porque estamos alineados, definitivamente, en la lucha de dos civilizaciones incompatibles, de dos sistemas económicos, de dos mundos irreconciliables.

Ha existido, sin duda, un descuido de América en este aspecto, al consentir un intervencionismo que esa misma América ha repudiado en Medio Oriente. Y no es exageración llamarlo descuido, porque bien podría ocurrir que, tras los aparentemente generosos apoyos en nombre de la libertad, estuviera la mano de Moscú, buscando un pueblo americano donde enquistarse, en cumplimiento de su viejo plan de conquista americana.

 

EL PACTO DE CARACAS

Con la misma finalidad preguntamos. ¿Existe, tal como lo anuncia cierta prensa, un Pacto de Caracas cuyos miembros pretenden erigirse en jueces de los regímenes políticos americanos?

Si existe, ¿por qué se mantiene en lo sombra, con carácter de sociedad secreta? ¿Quiénes adhieren al mismo? ¿Quiénes lo inspiran?

Puesto que nuestra confianza descansa en Estados Unidos, en su potencialidad, en su organización y en su concepción democrática, ¿controla el Departamento de Estado este cónclave clandestino? ¿Le consta, a cien­cia cierta, que no hay una intervención, una orientación y una financiación extra-continental?

¿Y lo acepta América desde el punto de vista jurídico?

Asignamos a esta última pregunta un valor subs­tancial. Los principios sobre los cuales descansan la unidad y la cooperación americana son bien distintos. Si marchamos hacia una modificación de esos princi­pios, es preciso que todos lo sepamos; y que conozca­mos cuáles son los nuevos, para ajustar nuestra conduc­ta a la transformación que pareciera avecinarse.

Si llegáramos a ese caso sería menester modificar nuestra mentalidad y nuestro sistema. Para encarar y resolver los problemas continentales, hemos creado la Organización de Estados Americanos. Los cónclaves clandestinos erigidos en jueces o en libertadores, se zafan de la intervención de ese organismo sobre el cual hemos levantado un monumento de doctrina y de pro­cedimientos aceptados por todos en teoría, aunque desconocidos por algunos, en la práctica.

 

EL RIESGO DE LA CALIFICACIÓN

Dejar en manos de extraños la calificación de los sistemas políticos, ofrece graves riesgos para todos. Por lo pronto, sabemos que el comunismo califica de dicta­duras a todos los gobiernos nacionalistas y anticomu­nistas; y que Moscú se vale de sus elementos mimeti­zados en América, para lanzar esas definiciones a través de una prensa inescrupulosa. Sabemos también que los gobiernos de profunda raíz popular y de autén­tico sentido nacional, que luchan en favor del bienestar del individuo, molestan a las oligarquías; gracias a lo cual oligarquías y comunismo, en paradoja actitud, aparecen siempre juntos y compartiendo los mismos conceptos. El panorama del mundo y preferentemente de América nos da la razón. Allí donde aparece un gobierno de mayoría, apoyado por el pueblo auténtico, allí están en la misma línea opositora, la oligarquía y el comunismo, tratando de aniquilar lo nacional y lo popular.

 

De ahí que las calificaciones antojadizas de "gobiernos democráticos" o "gobiernos dictatoriales" se desvaloricen por la ligereza con que se formulan, por los sectores de donde emanan y por el oculto interés que inspira las definiciones.

 

EL CAMINO DEL CAOS

Si cada uno de nuestros pueblos adoptara ese sistema, pretendiendo ser juez de los veinte restantes, América iría fácilmente al caos. Nadie es tan débil que no pueda contribuir a crear una conciencia. Aceptando como buena tal práctica, esa unidad americana que queremos convertir en motivo de galardón y orgullo, no quedará ni siquiera en los enunciados o en las fórmulas. El concepto de la democracia es uno sólo; el que surge del pueblo, de la mayoría. Y en ese aspecto un análisis de los orígenes y de los procedimientos de los gobiernos americanos, depararía muchas sorpresas en relación a un intransigente sentido democrático.

El ataque da derecho a contraatacar. Triste espec­táculo ofreceríamos al mundo nosotros que pretendemos llamarnos reserva y esperanza del género humano, precisamente ante la perspectiva de una hoguera en potencia, que amenaza envolvernos a todos.

 

 

AUTORIDAD PARA EL PLANTEO

Si nos sentimos autorizados a planteos tan concre­tos sobre temas de tal magnitud, es porque creernos avizorar el futuro, porque nuestro sentido de la sobera­nía no admite claudicaciones; pero, sobre todo, porque tenemos. Una experiencia hecha en nosotros mismos acerca, de esos procedimientos que algunos intentan reeditar...

Antes de 1865, la oligarquía paraguaya instalada en. Buenos Aires, como lo está ahora, se dedicó a cali­ficar: a nuestros gobiernos -los más progresistas que conociera la América de entonces- de tiránicos y dictatoriales. La prensa porteña, también como ahora, compartió el juicio y fomentó el intervencionismo.

Sobrevino la guerra, en nombre de la libertad, de la democracia y del progreso". No contra el Paraguay, -decían con audacia-, sino contra el tirano López'.

 

CONSECUENCIAS DE UNA "LIBERACIÓN"

Las consecuencias de esta guerra de sometimiento, burdamente disfrazada de liberación, las conoce bien nuestro pueblo: la Patria destrozada de confín a confín; un millón de paraguayos caídos para siempre en defensa de la heredad; aniquilado nuestro progreso, superior entonces al de todos nuestros vecinos; despe­dazada la economía; perdidos aquellos barcos de ultramar que llevaban nuestra bandera y nuestros productos a los puertos de Europa; arrasadas las tierras ubérrimas cargadas de frutos.

Y después de lo que ellos llamaron la "liberación", nuestro pueblo sojuzgado por quienes no tenían más derecho ni más méritos que su mayor potencial bélico; el triunfo de la fuerza sobre la soberanía; la miseria y el atraso que caracterizó la acción de los gobiernos impuestos por el invasor; y los malos paraguayos que alentaron y contribuyeron a la catástrofe, en inmoral coyunda del brazo de los vencedores.

Noventa años, no nos han bastado para recons­truir lo perdido entonces.

 

PREGUNTAMOS DE PIE

Ante la evocación de la tragedia; ante las ame­nazas de reeditarla por parte del mismo sector de paraguayos, con los mismos cómplices; ante la apari­ción de libertadores oficiosos que el pueblo paraguayo no pide ni necesita; ante las contribuciones millonarias para que nuestros adversarios adquieran armamentos;y ante los pactosde oligarquías desplazadas y los cón­claves secretos, nosotros, hombres de raíz paraguaya, que perseguimos un futuro auténticamente paraguayo, no podemos sino ponernos de pie, y presas de santa ira, en nombre de la Patria, preguntarle al mundo si en esta América que presume de culta, a eso se le llama libertad y a eso se le llama democracia.

Útil será para todos el saberlo, por dolorosas que sean las conclusiones. Será útil, porque el mínimo dere­cho del hombre es, cuando menos, el de elegir los idea­les por los cuales está dispuesto a morir.

 

LA CONVULSIÓN DE AMÉRICA

La observación del panorama continental nos lleva a formularnos otras preguntas: ¿Por qué se convulsiona Latino América? ¿Se solucionan sus problemas de fondo con los sucesivos cambios de gobierno?

La experiencia nos dice que no. Y que la raíz de tales convulsiones están constantemente ligadas a la angustia económica de nuestros pueblos.

Con una concepción democrática de la vida, nada ha de anteponerse al hombre, a su bienestar y a su felicidad.

Desde que un 14 de julio, resonó en Francia el grito de libertad, todo le fue prometido al individuo en favor de su bienestar. Las últimas generaciones cono­cieron, por dos veces, directa o indirectamente, la tra­gedia de la guerra. ¿Podemos decir que hayan logrado lo que se les prometió entonces?

Hoy, tal vez en vísperas de una tercera, volvemos a confiar con fe en que los hombres optarán una vez más por la democracia. Pero ¿estamos seguros de que hacemos todo lo necesario para que las clases necesi­tadas vean su redención en las doctrinas de Occidente y no en las de Oriente?

Esa es la gran pregunta de nuestros días. El gran interrogante con el cual, en apariencia, todos temen enfrentarse.

 

ESPERANZA DE LA OPERACIÓN PANAMERICANA

 América dejará de convulsionarse cuando su nivel de vida satisfaga la dignidad que ha alcanzado el hombre americano. En ese sentido, nos remitimos a las opiniones de dos figuras de América: los presi­dentes Kubitschek y Frondizi, firmemente abocados al problema económico continental. La operación Panamericana es una esperanza de mejoramiento que no puede despreciarse.

En la medida de sus posibilidades, el coloradismo y el gobierno del Presidente Stroessner realizan gran­des esfuerzos para dar a la ciudadanía una dimensión más humana y más acorde con el verdadero sentido de la democracia.        

Cuando el partido liberal dejó el poder despla­zado por la voluntad popular, el país se hallaba total­mente paralizado en su desarrollo.

Ni caminos, ni hospitales, ni escuelas, ni obras públicas. Sólo pobreza, ignorancia, aislamiento y anarquía.

 

PROGRESO QUE SE PUEDE PROBAR

Nosotros podemos probar, y nos placería hacerlo ante quienes se interesan en confirmarlo, que todo, absolutamente todo lo que existe en el país en mate­ria de progreso, ha sido construído a partir de la caída del Partido Liberal. Como si hubiera sido imprescin­dible que ellos se fueran para emprender la recons­trucción nacional. Como si su sola presencia hubiera sido un obstáculo para nuestra evolución. Y no decimos esto en sentido figurado; porque ni siquiera la iniciativa privada se sintió animada a levantar un ladrillo sobre otro durante su predominio, lógico temor de que lo que construyera, cayera abatido por los cañonazos de sus revoluciones.

Hemos emprendido esta tarea excepcional a con­ciencia de que se requieren muchas años para recupe­rar los perdidos en el abandono de la oligarquía liberal. Pero sabemos, también, que nadie ha hecho tanto como se esta realizando ahora, en un afán incontenible de devolver la jerarquía a un país que la perdió por culpa de sus malos gobiernos.

Es mucho lo que hemos andado. Nadie podrá discutirnos que la fisonomía nacional se ha transfor­mado fundamentalmente, a los ojos de propios y extra­ños. ¿Cómo podemos, entonces, creer en la buena intención de quienes se alían a nuestros adversarios, culpables, precisamente, del atraso que estamos rectificando?

¿Y cómo no enfrentar con firmeza su acción nega­tiva, si lo que estamos defendiendo es nuestro destino; nuestra libertad y nuestra soberanía?

Lo que algunos no saben y otros se niegan a com­prender, es que estamos realizando un esfuerzo titá­nico pura dejar a nuestros hijos en bienestar, en liber­tad y en democracia, lo que no pudieron legarnos nuestros padres, porque a, ellos los obligaron a vivir bajo el signo del atraso y la opresión.

 

LA RAZÓN ESTA EN LA HISTORIA

Nuestra razón está en la historia misma. Hechos, nombres, fechas que conforman un panorama trágico que no admitiremos que se vuelva a repetir.

El año 1902 (gobernaba el Paraguay el Partido Colorado) señala el comienzo de la criminalidad que caracterizaría después al partido liberal. Una horda de delincuentes políticos, miembros todos del citado partido, irrumpió en el senado de la nación disparando sus armas a mansalva. Allí cayó el Dr. Facundo Yns­frán. El asesino, que aun vive, reside en nuestra ciudad sin haber pagado jamás su deuda con la sociedad. En las mismas circunstancias, fue herido de bala el Gral. Bernardino Caballero, fundador del partido Colorado.

En 1904, los liberales residentes en Buenos Aires, continuando con su línea legionaria, conspiraban con­tra nuestro partido. El coloradismo había adquirido el barco "Sajonia", que serviría de base a nuestra marina mercante, sucesora de aquella que creara don Carlos Antonio López. Pero a su paso por Buenos Aires, en viaje desde Europa, su capitán, Ildefonso Benegas, traicionó la confianza depositada en él y se entregó a los conspiradores. El "Sajonia" fue artillado y aprovi­sionado en la Argentina; con él se hizo la revolución. El 19 de diciembre de 1904, caía el coloradismo y asumía ilegalmente el poder Juan B. Gaona.

Desde ese momento, hasta la caída del Partido liberal en 1936, nuestro país no conoció más forma de gobierno que el motín, el cuartelazo, las cárceles, las torturas, los campos de concentración y el crimen político. Obscura historia que es estigma para Améri­ca, pero que muchos hombres de América parecieran desear nuevamente; única explicación que hallamos al aplauso y a la ayuda que brindan a sus responsables.

 

 

LA VIOLENCIA LIBERAL

El partido liberal, entronizado en el poder, dis­puesto a mantenerse en él por la violencia, ya que no podía hacerlo por la voluntad popular, anuló desde el primer momento a la oposición colorada.

Y afirmado por el terror en su baluarte oficialista, se lanzó a una desenfrenada carrera de apetitos per­sonales, en una competencia de dirigentes y caudillos, en la que jamás se tuvo en cuenta el interés nacional.

Antes del año, un golpe obligó a Gaona a renun­ciar, reemplazándolo Cecilio Báez, extraña figura de intelectual y jurista, que tuvo despiadados conceptos para los hijos de esta tierra.

En 1906, asumió la presidencia Benigno Ferreira, fundador del partido Liberal. El rasgo más destacado de su personalidad, consistió en haber sido baqueano de los ejércitos de la Triple Alianza.

Contra él se sublevó Albino Jara; después de varios días de lucha con cientos de bajas -siempre la sangre paraguaya al servicio de los apetitos liberales­-depuso a Ferreira sustituyéndolo por González Navero, en 1908.

 

CLAUSURAS DE DIARIOS Y TORTURAS

El  nuevo gobierno no tenía mejor conciencia democrática que sus antecesores. La oposición, nume­rosa dentro y fuera del partido liberal, fue encarcelada sin discriminaciones. Los diarios adversarios fueron clausurados, incluso "Patria", que acababa de fundar Enrique Solano López.

No escaparon a esta furia ni los escritores extran­jeros: Rafael Barret, español y Guillermo Bertotto, argentino, ambos afincados en nuestro país y rebeldes ante la dictadura liberal, fueron arrojados a la cárcel, obligándoseles a tragar trozos de sus artículos contra el gobierno, rociados con salmuera.

Fue en ese entonces que, anticipándose en treinta años a lo que ofrecería después la Alemania nazi, el gobierno liberal creó el campo de concentración de Fortín Galpón, veinte leguas adentro de Bahía Negra, en un lugar inhóspito donde los concentrados debían procurarse la comida, construir sus chozas y luchar desnudos con los yacarés en celo y las boas que aguar­daban la presa en la ribera.

Para las protestas, para la invocación de los sen­timientos humanos, había una respuesta: los grillos, pero sin abandonar el trabajo, porque los presos debían limpiar a mano el monte, de plantas espinosas, arrastrándose sobre el lodo y los hormigueros.

El jefe de este refinamiento criminal fue el tenien­te, después capitán, Elíseo Salinas. Nada raro, pues, que su hijo de igual nombre, fuera el Jefe del complot cuyas armas se descubrieron no hace mucho en Bouvier.

 

 

POLICIA OMNIPOTENTE

Este cuadro político se completaba con otros deta­lles no menos deprimentes: la policía desacataba las sentencias de habeas corpus; los destierros de colorados y liberales disidentes continuaron sin interrupción. Un grupo de presos políticos de la cárcel de Emboscada que trató de fugar, fue ultimado a balazos, entre ellos el Teniente Alejandro Duarte.

En laureles se inició un movimiento de liberación que fracasó después de, dos días de lucha, con nume­rosas bajas; la mayoría de los prisioneros fueron fusi­lados en el mismo lugar de la rendición. También en Palma Chica se fusiló a ciudadanos indefensos, el sar­gento Candia entre otros. El responsable directo del crimen de laureles fue el Comandante Américo Benítez y del de Palma Chica el propio Manuel Gondra.

Este último asumió la presidencia en noviembre de 1910. Antes de dos meses, un incidente entre Albino Jara, ministro de Guerra y Adolfo Riquelme, ministro del Interior, provocó el levantamiento del primero y la renuncia del presidente.

El nuevo mandatario fue el mismo Jara, que dejó triste memoria de su paso por la primera magistratura.

Adolfo Riquelme y Eduardo Schaerer intentaron la reposición de Gondra, a la sazón situado –curiosa coincidencia - en Colonia Bouvier. Un regimiento sublevado en Misiones fue desbandado en Caí Puente con cientos de muertos.

Riquelme, que bajó por el río dirigiéndose a Asunción, fue atacado en Paso Ñandeyara por las fuerzas del gobierno, obligándosele a retroceder después de sangriento combate. Atrincherado en Bonete primero y en Rosario después, fue derrotado. El Tte. Ricardo Cardozo fue acribillado a balazos. Riquelme fusilado por la espalda, con casi todos sus oficiales, entre ellos José Félix Guerrero, Leonardo Deveggia, Edmundo Maldonado y otros.

Sobre este deplorable episodio, dice Gómes Freire Estevez: "Aquel cuadro de deslealtad con un prisionero político rendido, evocador de una puja de caníbales, que no de las tradiciones de nuestra generosidad, afectó profundamente el orgullo nacional, que se recogió, disminuido ante el mundo, del menoscabo inferido a la cultura Patria, con el asesinato del jefe civil de atina revolución hecho prisionero por manos de sus compatriotas".

Esta opinión, no es de un colorado; es sí, la de un patriota objetivo que sintió toda la vergüenza que humilló a un pueblo, ante la criminalidad de un partido sin control.

El diario liberal "El Nacional" fue ocupado mili­tarmente y clausurado; su imprenta empastelada; sus redactores encarcelados; su director, Freire Estevez, arrojado del país a media noche y abandonado sin ropas y sin dinero, en un lugar deshabitado de la costa argentina.

La efervescencia popular era creciente. Las mani­festaciones estudiantiles se disolvían a bayonetazos. Una conspiración encabezada por el Mayor Tomás Mendoza puso fin a su período, entregando la presi­dencia a Liberato Rojas.

 

HORA DE ANARQUÍA

Rojas inició su gobierno en medio de la más seria oposición. Los apetitos de los propios liberales sin mando presionaban con violencia.

La anarquía se había enseñoreado de nuestro país.

 El fusilamiento de Riquelme fue la bandera de una conspiración encabezada por el "gondrismo" con Eduardo Schaerer y José P. Montero. La guerra civil quedó planteada. La financió el portugués Manuel Rodríguez, gerente del Ferro C. Central del Paraguay.      "El Diario", fue nuevamente clausurado. Las pri­siones y los destierros en masa, terminaron también cosí todos los "gondristas". Con el dinero del portugués Rodríguez se compró el barco "Constitución", cañones, ametralladoras y proyectiles bastantes para un ejér­cito de cinco mil hombres.

La lucha fue larga y sin cuartel. La sangre de nuestros hermanos volvió a correr por todos los cami­nos. Albino Jara regresó al país para sublevar Humai­tá. La guerra abarcaba toda la República. Las monto­neras llenaban la campaña de terror. Emiliano Rojas, hermano del presidente, recibió veinte millones de pesos para adquirir armas en el extranjero, pero jamás regresó ni con las armas ni con el dinero.

América miraba con estupor un país, que, gober­nado por un solo partido, con la oposición encarcelada o desterrada, no lograba ni aun así imponer la paz; y en medio de este drama, seguían sumándose miles de nombres a la lista inacabable de paraguayos caídos para siempre, convertidos en carne de cañón, movili­zados a la fuerza por el jefe político.

Los liberales vencidos, conscientes de la crimina­lidad de los liberales vencedores, fuera quien fuere, huían hacia las fronteras. Río de por medio había un país que no era el suyo, pero que les otorgó en aquel entonces, la tranquilidad que no hallaron en el propio.

Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones, recibieron el impulso de cientos de miles de brazos paraguayos que escapaban a la hoguera y que contribuyeron a su engrandecimiento.

 

SIN NOCIÓN DE VERGÜENZA

Cuando escuchamos a los liberales aludir a los paraguayos que abandonaron la tierra, nos pregun­tamos si habrán perdido para siempre la noción de la vergüenza. Y cuando leemos en los diarios extranjeros la misma referencia, pensamos si acaso no saben quienes fueron los culpables.

Eligio Ayala, liberal a pesar de lo que pensaba de los liberales, explicaba así el panorama de su par­tido: "Todos vivían engañados unos por otros. No contentos con ser hombres quisieron ser políticos y se convirtieron en fieras; ofrecieron el afligente es­pectáculo de hermanos que se desgarran unos a otros por quimeras, por prejuicios y resentimientos estúpidos".

En otra ocasión expresó: "'Las pasiones se enco­naron, las intransigencias fueron más insensatas y el odio más feroz que nunca. Esos sentimientos difundidos a la población rural, engendraron las persecuciones, las querellas sangrientas en todas partes".

La larga guerra civil de 1911 a 1912, con el intermedio de la efímera presidencia de Pedro Peña, terminó con el retorno de González Navero al gobierno provisional.

Albino Jara armó un ejército en Villarrica, y marchó sobre Asunción. Las fuerzas del gobierno lo aguardaban en Ybytymí; en Cerro Porteño se trabaron en lucha ambos bandos; Jara cayó bajo una ráfaga de ametralladora. El saldo de muertos fue enorme. Siempre la guerra ensangrentando todos los caminos, bajo los gobiernos, liberales.

 

EL PAGO DE UNA REVOLUCIÓN

González Navero reconoció el crédito del portu­gués Rodríguez como deuda del Estado, mediante un decreto reservado. De trescientos mil pesos oro que prestó para la revolución, el reconocimiento alcanzó a un millón setecientos mil, que percibió mediante un empréstito externo en el período siguiente. El pueblo paraguayo está pagando aun ese dinero, invertido por los liberales en matar paraguayos.

Elecciones ilegales llevaron a Eduardo Schaerer a la presidencia, bajo la cual la actividad policial se redujo a la represión y al espionaje. Volvió a clausu­rarse "El Nacional", apresándose a su director y a sus redactores. El Tte. Rogelio Godoy, sublevado en Concepción, fue fusilado en acto público en el barranco del río.

El Diario "General Caballero" fue allanado, empastelado y clausurado. Su personal íntegramente apresado.

 

ATROPELLOS LIBERALES DENUNCIADOS

Cecilio Báez, liberal, denunció en un manifiesto todos los atropellos a la ley, a la justicia, a la ciuda­danía indefensa ante el autoritarismo del Poder Público. La lista de cargos es extensa: Tribunales militares para delitos comunes; falta de libertad electoral; prohibición al parlamento de interpelar a los ministros; atentados al poder judicial; pedidos de extradición por delitos políticos; confinamiento en Bahía Negra, finalmente, el caso del preso Juan Ros, sacado de la Cárcel Pública de noche y devuelto a la madrugada, herido de gravedad.

Ante este panorama, Cecilio Báez, liberal, siguió siéndolo: Pero renunció a la presidencia del Superior Tribunal de Justicia, porque un resto de pudor le impedía desempeñar el cargo en un clima de semejante arbitrariedad.

Manuel Franco, su sucesor, murió misteriosamente mientras desempeñaba la presidencia.

Manuel Gondra asumió, por fin, el gobierno en 1920. Quince meses bastaron para que sus correligio­narios lo expulsaran por la fuerza, reemplazándolo con Eusebio Ayala. A los dos meses, apareció la infal­table revolución, otra vez elevada a la categoría de guerra civil.

La contienda se extendió nuevamente por todo lo ancho y todo lo largo de la República. La muerte y el saqueo se enseñorearon un año y medio de la Patria. Eusebio Ayala renunció, asumiendo el gobierno Eligio Ayala que fue derribado 11 meses después por otra revolución.

Nuevamente elegido para el período 1924 a 1928, fue acosado por las conspiraciones de sus corre­ligionarios. En una ocasión tuvo que pedir asilo a una guarnición militar, a cuyos jefes y oficiales les dijo: "Vengo a pedir aliento en esta casa de la lealtad contra los ladrones y traidores a la Patria".

El sucesor de Eligio Ayala fue José P. Guggiari, cuyo gobierno se caracterizó por dos hechos: la masa­cre de conscriptos de Coronel Martínez, el 5 de abril de 1931 y la masacre de estudiantes en la capital el 23 de octubre del mismo año.

Entre los liberales, todo se resolvía con el asesi­nato. En el primer caso, los conscriptos del Fortín Coronel Martínez habían cumplido hasta con un año de exceso el período militar. Su demanda en favor de la baja legal, fue respondida con una ráfaga de ame­tralladora. Un tendal de muertos puso fin al incidente, habitual para las prácticas liberales.

 

ARCE FUE INVESTIGADOR

La comisión investigadora parlamentaria desig­nada para aclarar los sucesos, informó que algunos conscriptos y clases no habían cobrado un sólo mes de sueldo en todo el período; que la alimentación era escasa; y que vivían harapientos, vestidos con lonas y descalzos, a falta de uniforme y calzado. No creemos que esa comisión haya intentado adulterar la verdad contra el partido liberal, porque la presidía, justamen­te, el entonces diputado liberal Dr. Alejandro Arce.

El segundo hecho fue más deplorable todavía. Fuerzas bolivianas habían llegado en su avance, río de por medio, a pocos kilómetros de la capital. Los estudiantes secundarios salieron a la calle a pedir la defensa del terruño invadido y de la soberanía avasa­llada. La respuesta, como siempre, fue el tableteo de las ametralladoras. En los jardines del palacio de gobierno, un grupo de niños enmudeció para siempre, acallado por la mano criminal de gobernantes liberales, incapaces de afrontar el reproche ni aun de esa infancia vibrante de amor patrio. Del ensañamiento liberal tampoco se salvaron los obreros. En Puerto Pinasco, sus reclamos de mejora de salarios, fueron ahogados en sangre, con otra masacre que los trabajadores paraguayos no pueden olvidar.

No sigue la historia de los crímenes del liberalismo en el gobierno, porque inmediatamente, en la presi­dencia de Eusebió Ayala, advino la guerra del Chaco y luego la caída del régimen.

Pero desde el llano, en el que fueron colocados por la voluntad popular en 1936, no pensaron jamás en la posibilidad de ser mejores.

 

 

EL COLORADISMO LES OFRECIO LIBERTAD

 Cuando el coloradismo llegó al poder en 1946, elpartido liberal estaba disuelto por traición a la Patria, por un gobierno no colorado.

Fue el partido colorado el que les devolvió su per­sonería jurídica; quien consintió en el retorno de sus dirigentes desterrados; quien les devolvió sus diarios; quien les dió las más amplias garantías.

Su pedido de reforma de la constitución que ellos mismos habían dictado, fue aceptado; la fecha fijada para la convención fue la que ellos indicaron; la Junta Electoral fue integrada con representantes de su partido.

Ya no había más que pedir; el coloradismo estaba decidido a cumplir el proceso de ordenamiento institu­cional del país.

La democracia siempre asustó a los liberales. Por eso a nuestra generosidad contestaron con la guerra civil de 1947, que fue afrontada por el pueblo colorado, con la victoria total de las armas populares, después de seis meses de lucha y miles de muertos.

La conspiración jamás se detuvo en ellos. La pren­sa se ocupó siempre de informar a la opinión. Pero queremos señalar, únicamente, los hechos más singu­lares de su deshonesta conducta en la llanura. En 1956, mientras dirigentes liberales trataban con las autorida­des nacionales una solución para nuestro problema político, se descubrió la conspiración del 4 de noviem­bre. En 1958 cuando se anunciaron las elecciones muni­cipales y se les autorizó la realización de la convención partidaria y la reorganización en la campaña, las autoridades argentinas descubrieron el intento de con­trabando de un arsenal y de un grupo de personas que encabezaba el Tte. Cnel. Eliseo Salinas, hijo de aquél otro que fuera jefe liberal del campo de concentración de Fortín Galpón, hace casi medio siglo.

 

UNA CRIMINALIDAD VIEJA

Toda esta criminalidad política nunca desmentida, este extraño ensañamiento contra sus hermanos, viene de antiguo.

Es oportuno repetir aquí el parte que el Cnel. Donato Alvarez remitió al Gral. Emilio Mitre en agosto de 1869, dando cuenta de la ferocidad de los liberales paraguayos que formaban en la legión:

"Campo Pedrozo, Agosto de 1869. Sr. Gral. Emilio Mitre. En cumplimiento de las órdenes recibidas me puse en marcha por el camino de Altos, con el Reg. Gral. San Martín, el escuadrón de la Legión Paraguaya”... y termina así: "He debido ordenar la vuelta del escuadrón paraguayo para ponerse a disposición de V. E. pues el ardor que esta gente muestra al encon­trarse con sus compatriotas les lleva a cometer excesos do mortandad y pillaje que compromete la disciplina de las demás tropas y la rapidez de los movimientos exigidos a la vanguardia. No obstante las órdenes perentorias que escribí, no se pudo evitar que saquea­ran 17 carretas que el enemigo tenia consigo, acuchi­llando a los carreteros que trataban de conducirlas fuera de combate".

Viene de antiguo, no se detiene y llega hasta nuestros días con el caso de José María Silvera, asesi­nado recientemente en Clorinda con diez y ocho simbó­licas puñaladas.

 

ES LA HISTORIA DEL PARTIDO LIBERAL

Esta es la historia, brevemente expuesta del par­tido liberal, al que apoyan la oligarquía platense, una prensa sin escrúpulos que demuestra su odio a nuestro pueblo y algunos libertadores de ocasión que, ora al Sur, ora al Norte, se creen autorizados a ocuparse de nosotros, aunque cerrando los ojos a la trágica realidad pasada.

Hemos hecho, acaso, el relato de todos los críme­nes del Partido Liberal?.

Para responder, escuchemos al Dr. Juan Manuel Frutos, viejo roble paraguayo, figura señera de las filas partidarias, jurista austero e historia viva de más de medio siglo de política nacional:

"Yo sé del coloradismo; -dice el Dr. Frutos- de los sacrificios y asesinatos de mis correligionarios; de aquel Quintín Silva, muerto a lanzazos en San Ignacio; de Rafael Careaga, asesinado por un tal Bóveda, en Villarrica; de Eugenio Galeano, nuestro presidente de Atyrá, muerto por un tal Mezquita en 1913, estando en mi compañía; de Manuel José Acuña, nuestro Presi­dente de Cangó, actualmente General Artigas, asesi­nado en pleno día estando en brazos de su señora e hijas; y cinco de sus hijos también fueron muertos por los liberales; del bravo Verísimo Vargas, miembro de la Junta Municipal, asesinado en el recinto de la Municipalidad; de Román, de Coronel Martínez; Romero de Quyquyhó; Urbieta, asesinado a bordo de uno de los vapores y a quien cargado de piedras se lo echa al río, para flotar al día siguiente, como si el agua se negase a aceptar a un inocente; aquel Mármol, vecino de Quiindy, colorado fanático que gozaba fama de payé, al que se le cortó la cabeza y se la puso entre los píes, dejando una inscripción que decía: "Si de veras tenés payé, colocá de nuevo tu cabeza".

 

LOS JUICIOS LAPIDARIOS DE BARRET

En el curso de esta exposición hemos nombrado a Rafael Barret, genial escritor español adentrado en nuestros problemas, castigado, encarcelado y deporta­do por los liberales.

Recordamos algunos de sus juicios, importantes porque no habló impulsado por la pasión, sino por la trágica realidad que lo rodeaba:

"He visto que no se trabaja, que no se puede trabajar, porque los cuerpos están enfermos, porque las almas están muertas... Pobre carne herida hasta en el sexo, pobre carne morena y marchita, desarmada de  toda higiene, sin más ayuda exterior que el veneno del curandero, el rebenque del jefe político, el sable que les arrea al cuartel gubernista o revolucionario. Pobres almas con el "chucho" del pánico, para las cuales en la noche brilla siempre el cuchillo de los vivas, o palidece el fantasma de los difuntos.

"He visto a las mujeres, las eternas viudas, las que aun guardan en sus entrañas maternales restos de energía, caminar con sus niños a cuestas. He visto los humildes pies de las madres, pies agrietados y negros, y tan heroicos, buscar el sustento a lo largo de las sendas del cansancio y de la angustia, y he visto que esos santos pies eran lo único que en el Paraguay existía realmente. Y he visto a los niños, los niños que mueren por millares bajo el clima más sano del mundo, los niños esqueletos, de vientres monstruosos, los niños arrugados, que no ríen ni lloran, las larvas del silencio".

"No he hallado médicos del calma y del cuerpo de la  nación; he visto políticos y negociantes. He visto manipuladores de emisiones y de empréstitos, botica­rios que se preparan a vender al moribundo las últimas inyecciones de morfina.. ."

Veamos, todavía una vez más, como definía Barret las escuelas liberales:

"El maestro gana ciento cincuenta pesos mensua­les. Verdad es que no trabaja sino ocho a nueve horas por día y que no tiene sino un centenar de alumnos. Además, en la clase, que es un galpón arruinado, no hay bancos, ni mesa, ni utensilio alguno de enseñanza. Allí se aprende aritmética sin pizarrón, geometría sin figuras ni sólidos, botánicas sin plantas, zoología sin animales, geografía sin mapas... Los gobiernos, sin duda por razones de alta política, han dispuesto que se pague a los maestros de escuela los últimos, es decir, después de los mayordomos, porteros y lacayos; después de los espías".

 

NO ES EXPRESION DE LO PARAGUAYO

La criminalidad de ese nefasto período liberal, su anarquía, las prisiones, los destierros, los fusilamien­tos, no representan le expresión de lo paraguayo.

Nuestro pueblo es valiente y por lo tanto noble. Cuando se hiere su dignidad o su honor, desprecia su vida, por que es suya; pero respeta la ajena por que todo en él es hidalguía.

¿Qué relación podría existir entre el odio caver­nario de los liberales y los sentimientos de un pueblo que, en plena contienda chaqueña, cedía al adversario del altiplano algo de la menguada ración de agua de su caramañola, sin saber si podría volver a cargaría al día siguiente?

Los aplausos liberales a la orgía de sangre del Caribe, no son los aplausos paraguayos. Son apenas los aplausos de una casta minoritaria y audaz, que también se sostuvo aquí, como*lo hemos demostrado, en medio de otra orgía de sangre. Una orgía que costó al país ciento de miles de vidas, ciento de miles de expatriados y más de setenta millones de pesos oro.

“Con lo que hemos gastado en nuestras calave­radas políticas -se lamentaba un presidente liberal- ­hubiéramos podido hacer la felicidad de nuestros conciudadanos"*.

Pero su lamento fue tardío; porque el pueblo ya había decidido salir a la calle y poner el pecho alas balas para defender su libertad.

 

CONSPIRACIÓN LIBERAL

Está en la conciencia de todos, que los liberales conspiran contra nuestro gobierno y contra nuestro partido. Ellos lo proclaman sin reservas y actúan per­manentemente con esa finalidad.

Sectores de la oligarquía rioplatense, hambrientos de especulaciones, favorecen sus andanzas. Las armas descubiertas en Bouvíer representan mucho dinero que no creemos que los liberales, conservadores cuidadosos de lo suyo, estén dispuestos a poner de su peculio.

Aumentan los rumores de que hacia el norte, allá por donde se escucha a Fidel Castro, se piensa en Paraguay.

Y se piensa en la ayuda al partido cuya historia de anarquía, de traiciones y de crímenes, hemos rela­tado sucintamente.

Al margen de las seguridades de nuestra victoria, que en nosotros es total nadie puede impedir que formulemos la pregunta que inevitablemente surge de los hechos.

¿Es que realmente existe alguien que quiere que ese panorama retorne al Paraguay?

¿Es que alguien quiere que vuelvan a gobernarnos quienes se sostuvieron con la violencia, sojuzgando al pueblo, masacrándose entre ellos, masacrando obreros, conscriptos y estudiantes y usando la revolución como única fuente de poder político?

Y si la osadía de, algunas quiere que la respuesta sea afirmativa, seguimos preguntando- ¿Por qué? ¿En nombre de qué?

Sí alguien se atreviera o decir que es en nombre de la libertad y de la democracia, no vacilamos en responder que estamos ante una farsa sin precedentes.

Si es en nombre del bienestar del pueblo para­guayo, no puede ser a través de quienes lo convirtieron en elementos de montoneras, de quienes lo mantuvieron miserable, ignorante y enfermo.

Si  es en nombre de la paz, no puede ser con quie­nes vivieron de y para la guerra.

Admitamos que el impudor de los liberales les permita pensar en el retorno a la tragedia.

Pero, ¿cómo calificar a los que, sin ser paraguayos, apoyan sus pretensiones y prometen financiaciones y ayuda de toda especie?

Hablemos claramente, con la claridad de los pueblos viriles ¡Quienes tal cosa piensan, no son ami­gos del pueblo paraguayo!

 

NO PEDIMOS CLEMENCIA: JUZGAMOS

Y digamos, bien alto, que no estamos pidiendo clemencia. Muy al contrario, estamos juzgando severa­mente a quienes quieren erigirse en nuestro jueces.

Algo turbio rodea sus actitudes, aunque no tanto que no nos permita ver.

Nuestras son la razón y la verdad. Nosotros ha­remos la democracia con los liberales, sin los liberales o contra los liberales.

 

UN CONCEPTO FUNDAMENTAL

Para que nadie se llame a engaño, debemos in­sistir en un concepto fundamental. Quien crea que es el partido liberal quien lucha contra nosotros, se equivoca. Somos nosotros los que estamos luchando contra sus caciques, porque ellos representan la opre­sión, la dictadura, el atraso, la ignorancia, la miseria y el entreguismo. Porque avasallaron la libertad y escarnecieron la democracia. No nos limitamos a afir­marlo. Hemos entregado las pruebas.

Que los libertadores oficiosos las destruyan. Que aporten otras pruebas como las nuestras. Que justifi­quen, aunque más no sea, un derecho moral emanado de un sentimiento de humanidad, más puro y más honesto que el nuestro.

¡No podrán! Porque son sólo hombres empecinados en oponer a las ansias de libertad y de bienestar de los pueblos, la opresión de una oligarquía clasista que intenta vanamente perdurar en un mundo que la desprecia.

Una prensa maliciosa que sirve sus intereses bastardos intenta demostrar lo contrario, contribuyendo a la simulación y a la farsa.

Pero eso nada tiene que ver con la conciencia de nuestro pueblo.

 

NUESTRA LUCHA POR LA LIBERTAD

La lucha por la libertad es nuestra. Como nuestra es la lucha por la democracia. Ambas palabras, en ellos, son apenas mentido estandarte que oculta sus ambiciones y sus pactos con disolventes grupos inter­nacionales, sin patria y sin principios.

Pero no existe paraguayo que no sepa que es el coloradismo, mayoritario y democrático, quien está empeñado en lograr nuestra liberación. Nuestra liberación económica, política y social, a la cual se opuso siempre el partido liberal. Y a la cual parecen oponerse también ahora, fuerzas obscuras de la regresión con­tinental: cónclaves secretos de dudoso origen y más dudosa finalidad; organismos foráneos que nada tienen de común con los pueblos, elementos todosdemasiado conocidos para quienes, como nosotros, tenemos casi un siglo de experiencia en la materia y acerca de los cuales nunca más podremos engañarnos.

Por eso estamos depie contra todas las acechan­zas, seguros de que el futuro es nuestro.

El espíritu inmortal de Francisco Solano López nos alienta. Es un arma que no podrán esgrimir jamás, quienes sólo traen en sus mochilas la sangre, el odio,

La  miseria y ese complejo de traición legionaria que intenta repetirse en nuestra historia como un ciclo fatídico y vergonzoso.

 

UN HISTORIAL DE SANGRE Y MARTIRIO

 Pocos pueblos en América pueden ofrecer un his­torial de sangre y de martirio como el Paraguay; pocos los que, corno el paraguayo, no vacilan ante la posibi­lidad de verter su propia sangre; pero ninguno, quizá, más celoso de la sangre del prójimo, cuando éste está vencido e indefenso.

De aquí la irreprimible repugnancia de nuestro pueblo ante la matanza de prisioneros que el cable nos trae en las noticias. De aquí, también, nuestro estupor ante la sensibilidad tan despareja de algunos compa­triotas que, como los liberales del Plata, manifiestan su cínica alegría ante el dolor de los inermes prisioneros fusilados.

¿Será por ventura que la ausencia de la patria les amengua las virtudes de la raza? ¿Será quizá que la memoria latente de laureles, Bonete y Caí Puente re­vienta en los retoños de sus sanguinarios antepasados? ¿O tal vez se dan al aplauso infame, movidos por el interés medicante de alcanzar esos dineros y esas armas con que vendrán a sembrar nuevamente de cruces la república?

 

NUESTROS DESEOS PARA LA PATRIA

 Deseamos para nuestra patria todo lo mejor que un buen hijo puede desear para su madre. No regatea­mos ni regatearemos nuestro esfuerzo para hacer felices a nuestros conciudadanos; seguiremos poniendo toda la energía de nuestra voluntad y de nuestra inteligencia para abrir los caminos del progreso moral y material de la República; intentaremos, hasta el sacrificio personal, todas las fórmulas que busquen y conduzcan a la paz y a la concordia nacional; estamos dispuestos a ensayar todos los recursos lícitos y morales para perfeccionar una convivencia fraternal.

 

NUESTRA POSICION FRENTE A LA ANTIPATRIA

 Pero no estamos dispuestos a ceder un solo paso frente a la ofuscación agresiva de aquellos compatriotas que sueñan otra vez venirse del brazo de invasores extranjeros; ni podemos admitir, como paraguayos, que se pretenda de nuevo una frustración más del destino nacional. En todo y con todo por la patria. Con todo y contra todos, frente a la antipatria ...

 

INVOCACIÓN A LA PAZ

Compatriotas: el Paraguay sigue necesitando paz. La misma paz de estos años que ha visto florecer reali­dades que prometen un futuro mejor para nuestro pueblo. La misma paz cuyos frutos, sorprendentes en relación al pasado, contrastan con aquellos de la anar­quía y de la inoperancia liberal. Presente de hechos cumplidos y de proyectos en marcha acelerada, que no se atreven a negar ni siquiera los propios adversarios.

 

DEFENDEREMOS LA PAZ

Vamos a defender esa paz con todo nuestro vigor. Por eso decíamos el 25 de noviembre en el acto de repudio a la prensa legionaria:

"A partir de hoy, la fórmula es sencilla: paz para quienes quieran la paz. Guerra para quienes quieran la guerra. Eso sí -tenemos el deber de advertirlo- será una guerra sin cuartel, con todas las armas, en todos los terrenos. Nuestros recursos son muchos y serios. Y los utilizaremos todos, porque estamos dispuestos a imponer la paz en el Paraguay y a afrontar la respon­sabilidad histérica de esta decisión".

 

PREPARADOS PARA LA GUERRA

Y hoy repetimos: para la guerra, que no la que­remos, sépase que estamos preparados y seguiremos preparándonos. Y sépase, asimismo, que, de producirse no será un problema paraguayo sino un problema americano.

La Honorable Junta de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana ha tomado ya las disposiciones necesarias para la movilización de todas sus huestes y recursos en defensa de la seguridad y del orden in­ternos de la nación.

Este dispositivo se mantendrá mientras el colora­dismo considere que subsiste el estado de emergencia y mientras los dirigentes liberales recorran las capitales extranjeras, en procura de dinero y de armas para su conjura.

Pueden facilitárselas sus ocasionales aliados; no­sotros prometemos a nuestro pueblo que esas armas que quiere empuñar la traición, pasarán a ser nuestras, cuando los criminales caigan derrotados bajo el impulso implacable y justiciero del coloradismo.

 

LA VOZ DE ALERTA

Como un eco de la voz tonante de nuestro glorioso partido, también nosotros repetimos: ¡Alerta pueblo colorado de toda la República! Organizáos según las instrucciones de la Junta de Gobierno. Cuanto mayor sea vuestra organización más rápida será la victoria. Nada podrá amenguar la fe y la seguridad del triunfode nuestra causa, porque el coloradismo es invencible cuando le asiste la razón.

Nuestra tolerancia, siempre dispuesta a conceder al patriotismo y a la buena fe, termina cuando se le oponen el empecinamiento y la obcecación.

A ese extremo hemos llegado y no por culpa nuestra.

Ahora puede el Directorio liberal lanzar de nuevo un manifiesto; decir a la opinión nacional que declina toda responsabilidad; volver a engañar a la nación, a quien ha dicho en reiteradas. ocasiones que anhela la paz, mientras prepara una orgía de sangre. Estamos aguardando que arroje, de una vez por todas, la careta y cese de hacer el Pilatos en política.

 

SE ERGUIRA EL LEÓN

Entre tanto seguiremos vigilantes.

Si insisten en tentar al manso león de nuestro escudo, lo verán erguirse, como lo hizo siempre, dispuesto a enfrentarse contra todos las acechanzas y todas responsabilidades.

Y sepan los traidores que ese león se impondrá a la felonía. Y se elevará victorioso por sobre ella para seguir velando desde el alto atalaya de su símbolo, por un porvenir venturoso para todos los hijos de esta tierra.

Enero 30 de 1959

 

SUB -SECRETARIA DE INFORMACIONES

Y CULTURA DE LA PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA

 

Editorial EL ARTE S.A.

Asunción . Paraguay

(38 páginas)

 

 

 

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