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Angel Yegros


  ICONO A, 1964 - Obra de ÁNGEL YEGROS


ICONO A, 1964 - Obra de ÁNGEL YEGROS

ICONO A, 1964

Relieve y pintura sobre metal de 107 cm. x 96 cm.

Obra de ÁNGEL YEGROS

Colección CAV / Museo del Barro

Donación Osvaldo González Real

Obra expuesta en la II Bienal Americana de Córdoba,

Argentina en Setiembre de 1964

Catalogada:

Exposición "1riquelme9careaga6prattmayans4yegros2004los novísimos",

Centro Cultural de la Ciudad Manzana de la Rivera, Mayo 2004

Página 127 del libro

"COLECCIÓN PRIVADA escritos sobre artes visuales ( en Paraguay )

ADRIANA ALMADA – FONDEC, Asunción. Diciembre 2005.

Comentario sobre la obra y el autor en el CAPÍTULO IV: La apertura, página 443  

del libro UNA INTERPRETACIÓN DE LAS ARTES VISUALES EN EL PARAGUAY.

Autor: Ticio Escobar, Editorial Servilibro, Octubre  2007

 

Enlace recomendado: LOS NOVÍSIMOS 

(Enlace externo: http://artesvisualespy.blogspot.com)

 

 

 

LOS NOVÍSIMOS 1964 - 2004

William Riquelme, Asunción, 1944.

Enrique Careaga, Asunción, 1944.

José Antonio Pratt Mayans, Asunción, 1943.

Angel Yegros, Asunción, 1943.

 

 

Principales exposiciones:

Primera Muestra de Novísima Pintura Paraguaya, Salones Martel, Asunción, Paraguay, 1964.

Segunda Muestra de Novísima Pintura Paraguaya, Café Capri, Asunción, Paraguay, 1964.

II Bienal Americana de Arte, Córdoba, Argentina, 1964.

Unión Panamericana de Washington, USA, 1965.

IX Bienal de San Pablo, 1967.

X Bienal de San Pablo, 1969.

En los años sucesivos realizaron muestras individuales y colectivas en el país y el exterior. Sus obras integran colecciones públicas y privadas en distintos países. Desde los inicios obtuvieron distinciones por su obra, habiendo participado en bienales y encuentros internacionales. Han recibido el reconocimiento de las nuevas generaciones a través de Gente de Arte.

 

 

Exposición LOS NOVÍSIMOS

Centro Cultural de la Ciudad MANZANA DE LA RIVERA

Dirección General de Cultura

MUNICIPALIDAD DE ASUNCIÓN

Casa Castelví-Manzana de la Rivera

Asunción-Paraguay, Mayo 2004

 

 

COMENTARIO DE ADRIANA ALMADA - CURADORA

 

Llegaron de súbito y entraron sin permiso. Su irrupción en el escenario del arte paraguayo agitó de tal modo el ambiente con sus gestos juveniles, vehementes y/o improvisados, que dejó su marca, más allá de los juicios elogiosos o adversos que provocó en su momento. En Paraguay, el aura de LOS NOVÍSIMOS "contamina" el paisaje cultural de los `60.

A juzgar por la documentación y los testimonios de quienes vivieron esa época, 1964 fue un año particularmente rico en acontecimientos artísticos de tono innovador. La Primera Muestra de Novísima Pintura Paraguaya, realizada en los salones de la tienda Martel, estuvo signada por un espíritu de ruptura y fue recibida casi como una afrenta generacional. Todo fue muy vertiginoso. En un lapso de pocos meses cuatro jóvenes irreverentes pasaron de una colectiva entre camisas, pantalones y corbatas, a exponer en la II Bienal Americana de Córdoba junto a Clorindo Testa, Rómulo Macció, Jorge de la Vega, Ernesto Deira, Eduardo Mac Entyre, Fernando Botero, Tomie Ohtake, Osvaldo Viteri, Fernando de Szyslo, Jesús Soto y Cruz Diez, entre otros notables, así como -un año después- algunos de ellos lo hicieron en la Bienal de San Pablo. En el ínterin fundaron, junto a otros artistas, el Teatro Popular de Vanguardia que ese mismo año ofrecía su primera función, bajo la dirección de Oscar Wespel. Péndulo, revista de arte y literatura, incluía en su número de lanzamiento relatos de José Antonio Pratt Mayans -que había conquistado poco antes el Primer Premio del Concurso Literario La Tribuna, William Riquelme ganaba el Premio J. F. Kennedy otorgado por el CCPA, certamen en el que Enrique Careaga obtuvo una mención de honor, y en la Primera Exposición Audiovisual de Pintura Paraguaya, Osvaldo González Real incluía a los Novísimos en el panorama del arte nacional, junto a figuras destacadas como Jaime Bestard, Edith Jiménez, y las del Grupo Arte Nuevo.

La inclinación por las letras se había manifestado temprano en Pratt, así como en Yegros, que había publicado poemas en ARGOS, revista de la Academia Literaria del Colegio Goethe que Riquelme ilustró en varias ocasiones. Las conversaciones con Carlos Villagra Marsal, Manuel Argüello, Francisco Pérez Maricevich o María Luisa Artecona -algunos miembros del Grupo Asedio eran tan fructíferas como las sostenidas con Olga Blinder, Oscar Trinidad, Juan Manuel Prieto, Osvaldo González Real, Leonor Cecotto, Lotte Schulz, Jesús Ruiz Nestosa y Edith Jiménez, entre otros. La aparición en escena de Laura Márquez significó para LOS NOVÍSIMOS un nuevo estímulo para sus prácticas, que recibían los ecos del Di Tella. Así, mientras en New York Rauschemberg hacía uso de latas y arpilleras como expresión crítica de una sociedad industrial en franco proceso de deshumanización, Andy Warhol apelaba a sus conocidos recursos reproductivos y en Buenos Aires Jorge Romero Brest alentaba el experimentalismo, en Asunción ellos hacían suya esa necesidad global y cosmopolita de acabar con lo viejo.

Arrancaron con ímpetu y muy pronto se aplicaron a desestabilizar el andamiaje cultural de entonces. Era época de barricadas y petardismo. LOS NOVÍSIMOS disparaban contra lo establecido sin más elementos que el deseo de ser diferentes, innovar, ir hacia adelante, no importaba exactamente a dónde. Pero no fue, precisamente, una revolución. Fue una revuelta. La revolución tiene un proyecto, un programa, un objetivo. La revuelta es espontánea, se basta a sí misma para legitimar su existencia. Nacida de pulsiones emocionales y hasta viscerales, la revuelta tiene un curso imprevisible. Es experiencia pura, directa, descomprometida de todo fundamento.

Las apreciaciones sobre la relevancia histórica y conceptual del fenómeno "novísimo" son dispares y han ido cambiando con el transcurso de los años. Lo que se dijo del grupo en el momento de su emergencia no anticipó lo que se expresaría décadas después, con una visión macerada por el tiempo y las vueltas de la historia. Lo que muchos criticaron, lamentaron o vieron insuficiente (léase la falta de una propuesta articulada) era, justamente, el secreto de su fuerza. Estaban fuera de la escuela y fuera del mercado. Y sin embargo, cada uno, a su modo, ejercitaba su compromiso con la vida y con el arte, inscribiendo una acción cuya onda expansiva todavía nos alcanza.

Reunir un volumen considerable de obras de la época ha sido muy difícil, lo que evidencia la precariedad de las condiciones de preservación del patrimonio artístico, así como cierta negligencia general con respecto a la producción simbólica de entonces.

Sin artificios, concebida y montada al ras de las circunstancias, esta muestra es un soporte material para la evocación, un salto abrupto, sin transición, entre los primeros trabajos y la producción up to date. Se ha puesto el foco en el período comprendido entre 1964 y 1966. La documentación, sin embargo, llega hasta 1969, casi como un cierre de ciclo.

Finalizados los `60, y movidos por su búsqueda personal, cada uno de los artistas siguió su propio camino. Pratt Mayans, el más intransigente del grupo, hizo un corte radical. Reside en Europa desde hace más de 30 años, con largas estancias en el sudeste asiático, y se dedica profesionalmente a la fotografía. Con calmo desapego ha sepultado el recuerdo de los Novísimos y se resiste a cualquier conmemoración, aunque continúa fuertemente vinculado a sus amigos. William Riquelme, por el contrario, expresa la certeza de una cohesión grupal más allá de lo temporal y particular, mientras Enrique Careaga recuerda con satisfacción las acciones compartidas que antecedieron a su séjour parisino - mayo francés incluido-junto a Vassarely y la pléyade latinoamericana del cinetismo y el op-art. Angel Yegros, tras un breve paso por la música, se definió como escultor, integrando a su obra la ferraille tinguelienne, más por vocación poética que por razones conceptuales, orientándose actualmente a la investigación de nuevos lenguajes.

HOY, A CUARENTA AÑOS DE IRRUPCIÓN, ES VÁLIDO HACER MEMORIA.

ADRIANA ALMADA

Curadora - Asunción - Mayo 2004

 

 

PRIMERA MUESTRA DE NOVÍSIMA PINTURA PARAGUAYA

“( ...) William Riquelme. Su muestra comprendió dos colecciones -Acquaris y Zodíaco- dibujos de rostros a tinta y cuadros de ejecución esmerada. Con relación a los “acquaris" podemos decir que los mismos, realizados en pequeñas dimensiones, son los más logrados como colección. En efecto, se rehúye en los mismos el figurativismo lográndose interesante compenetración de colores en un diseño sobrio y de elegante factura. La colección "Zodiaco", cuya ejecución es de interés pero que configura más bien una labor esencialmente técnica antes que artística, constituyó una atracción para el público que se vio fascinado por los jaspeados y diluidos diseños logrados en lo que el título -esencialmente comercializado- fue el más positivo factor al éxito de estos pequeños trabajos que, a nuestro parecer, no son los mejores de su autor.

En lo concerniente a los tres "rostros" presentados, ellos demuestran con mayor eficacia las aptitudes de Riquelme quien ha logrado con las mismas obras que evidencian su delicadeza plástica.

 Los tres trabajos con diseños centrados en una pseudo luminosidad poco lograda demuestran, sin embargo, un sentido natural del diseño que, como apuntáramos, se opaca un tanto por el excesivo celo de centrar la atención en elementos blancos.

Con relación a las dos "transparencias" presentadas, ellas constituyen lo más considerable como aporte artístico de Riquelme en su tratamiento sutil y delicado, no obstante la aparente espontaneidad en su ejecución. Creemos que tal es el camino por el que Riquelme deberá transitar para el logro definitivo de un estilo personal mediante el cual podría incursionar en un panorama de amplitud creatriz.

ENRIQUE CAREAGA. Presentó este expositor trabajos de muy escasa unidad cualitativa en las que intenta fuertes contrastes a veces mezclados con un figurativismo poco logrado. Algunos trabajos, como "Velámenes" e "Indígenas", tienen un estilo de afiches comerciales ajenos al arte. El error principal en que incursionó en sus cuadros consiste en la carencia de unidad coherente y el uso excesivo de colores fuertes sin adecuados balances complementarios. No obstante, en aquellos casos en que buscó solamente el dinamismo en el diseño y en cuyo color dominante fue empleado el negro sintético, han sido obtenidas abstracciones interesantes y que podrían indicar un sendero a la búsqueda de Careaga, ya que existe en el mismo cierto sentido rítmico que podría desarrollarse en efectivos logros ulteriores.

ÁNGEL I. YEGROS. Con un colorido tenue de efectos interesantes Yegros presentó rostros femeninos como sumidos en una dimensión onírica. Los lineamientos figurativos de sus cuadros –accesibles a la mayor parte del público dada su conformación tendiente a lo literario- alcanzan diseños de buena factura no obstante el extremado énfasis puesto por su autor en lo grotesco. Los temas repetidos demuestran, por otra parte, que Yegros no ha hallado aun la necesaria madurez plástica para su más efectivo aporte al devenir artístico. En este sentido es necesario que eluda el solo deseo de impresionar al público con los supuestos “collages" en los que utiliza cabellos humanos logrando muestras de discutible gusto. Su insistencia, repetimos, debe ceñirse a su buen sentido del color y a los lineamientos plásticos en diseños de pureza formal con cuyos valiosos elementos puede lograr positivos trabajos.

JOSÉ ANTONIO PRATT MAYANS. Este artista exhibió una colección de máscaras de tratamiento diverso. Su sentido plástico halló un eficaz encauzamiento en sus diseños de tendencia primitiva, a veces africana, a veces pre-colombina, pero siempre afecta a un cierto barroquismo de eficaz presentación.

En algunos trabajos a la témpera en color negro logra una efectiva síntesis en que se diluye este color en marcado contraste con un fondo puro en el que, como en los tests de Rorschach, puede leerse un mundo entero de angustias.

Quizá si Pratt Mayans condujera su búsqueda hacia un poco más allá de lo figurativo -ya que su sentido de diseño y color le otorga esta posibilidad- podría encontrar una amplitud más acorde con sus posibilidades innatas, toda vez que adquiera la madurez plástica necesaria para eludir influencias inconducentes a su expresividad personal que, en ningún caso, debe ser encasillada en patrones puramente técnicos dada la eficacia de su producción, en la que impera lo irracional y subjetivo. Por otra parte, cabe señalar que su extremo deseo de desconcertar al espectador con figuras deformes debe ceder ante la necesidad de imponerse por sus propias convicciones -evidentemente no muy enraizadas aún- e intentar, como ya apuntáramos, experiencias en el difícil arte abstracto que implicará para él un decidido paso al encuentro con el afianzamiento de su propia verdad."

OSCAR TRINIDAD - LA TRIBUNA,

Asunción, miércoles 10/06/64.2ª Sección, p. 7.

 


LOS NOVÍSIMOS 1964-1968

"Conocido es el refrán de que "nada hay de nuevo bajo el sol". Y en el momento de recordar a los "novísimos" de la pintura paraguaya -aquellos jóvenes que ocasionaron una verdadera revolución dentro de la plástica al promediar los años sesenta- adquiere especial significación ya que desde entonces no volvió a registrarse un movimiento similar.

Viví todos los sucesos muy de cerca ya que por ese entonces tenía a mi cargo la página cultural del diario LA TRIBUNA, que se publicaba con una frecuencia de dos veces por semana. Y por ser la única hoja cultural de la prensa de ese entonces, las polémicas que se generaron fueron libradas en esa arena.

El grupo estaba formado por jóvenes que tenían dieciocho a veinte años de edad, algunos de ellos con una creatividad incontenible, como el caso de Willian Riquelme; otros, con una notable capacidad de agresión a los convencionalismos y a cualquier forma de solemnidad, como el caso de José Antonio Pratt Mayans.

Aparecieron reclamando un espacio físico donde exhibir sus obras. Espacio que no existía por la simple razón que no había galerías de arte como sucede en la actualidad. Pero tenían algo más que su juventud a su favor: tenían energía, eran trabajadores -incansablemente trabajadores-, eran imaginativos y estaban dispuestos a defender su obra a través del medio que fuere.

Expusieron primero en Martel (1964) y pocos meses más tarde asaltaron a la tranquila y convencional clientela del "Capri", un bar elegante que reunía a gente de cierto nivel económico, ubicado sobre la calle Palma, entre el actual Martel y el Banco de Asunción, que desapareció no hace muchos años debido a un incendio.

Todas las obras eran de gran tamaño, utilizaban preferentemente pintura sobre tela. Rescataban la abstracción, el sentido lúdico del arte, el valor del gesto y la espontaneidad. Incluso las telas de Enrique Careaga, que más tarde iba a frecuentar el arte óptico, estaban cubiertas de enormes y espontáneas manchas de pintura. Era evidente que en ellos no había intención de vender ni de entrar en ningún tipo de circuito comercial.

Protestaban contra la solemnidad del arte, contra toda forma grave y pomposa de pintar y de exponer (conste que es una época en la que casi nadie pintaba), al mismo tiempo que salían al paso del público colgando sus obras en cualquier lugar que se les permitiera hacerlo.

Estaban fuertemente influenciados por el pop-art y las locas experiencias que se realizaban en el instituto Di Tella de Buenos Aires. Admiraban los colchones de Marta Minujin y los personajes creados por aquellos artistas. Fue así como William Riquelme creó la "Jacinta", rodeándola de un mundo fantástico e irracional.

Los Novísimos eran jóvenes de clase media, nacidos, criados y educados en la ciudad, con todos los valores y anti-valores ciudadanos. Estaban creando, por lo tanto, un arte fruto de un centro urbano para ser consumido en ese mismo lugar. Se apartaron así de aquellas ideas que surgieron, no sé si al mismo tiempo, de manera paralela, un poco antes o un poco después del Grupo Arte Nuevo, que se referían a la necesidad de estar arraigado a "las raíces del país". Estos jóvenes no tenían ninguna intención de "volver a los orígenes" ni de desenterrar fantasmas. Ellos estaban vivos, bien vivos, y sólo les preocupaba lo que en ese momento les rodeaba.

Desde luego que despertaron las iras de sus mayores. Pero tal cosa fue positiva, ya que llevó a descubrir muchas cosas. Entre ellas, el poco tiempo que hace falta para que cualquier movimiento, incluso uno tan radical y profundo como fue el Grupo Arte Nuevo, termine estratificándose sobre moldes muy cerrados. A través de estos jóvenes se re-descubrió la pintura (era una época en la que casi exclusivamente se dibujaba o se grababa de las más diferentes maneras) y se dio por terminada la era del "arraigo vernáculo", aún cuando hoy día haya algunos que la sigan.

Años más tarde el grupo perdió empuje: Enrique Careaga se fue a París, Ángel Yegros se sumió en un larguísimo silencio, Pratt Mayans entró en el negocio de las antigüedades y se hizo galerista (Galería Muá) antes de fijar residencia en Europa. William Riquelme fue el que más fiel permaneció a sus ideas. Si bien es cierto que dejó de participar en exposiciones, siguió produciendo y hoy día su obra sigue ubicándose en los puestos más vanguardistas del arte paraguayo.

Es de esperar que esta muestra de rescate termine por convencer a los historiadores y teorizadores del arte paraguayo, del valor y profundo significado que tuvo dicho movimiento, el más importante registrado desde la aparición del Grupo Arte Nuevo. Ojalá aliente a muchos jóvenes a producir un movimiento renovador similar, capaz de sacudir el árbol de sus mismas raíces y que tanto necesitamos. Si no se mantiene una actitud crítica constante, una vigilancia continua, un cuestionamiento permanente de nuestros actos y nuestro pensamiento, se corre el peligro de terminar inmovilizados en medio de una vasta zona de aridez e improductividad creativa.

JESÚS RUIZ NESTOSA. Catálogo Los Novísimos 1964-1989.

Galería Miró, Asunción, Julio 1988.

 

 

 

LOS NOVÍSIMOS - Paraguay - Portal Guarani

 

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