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JULIÁN SOREL


  LA CONSTRUCCIÓN DEL PASADO: POLÍTICA, HISTORIA Y FOTOGRAFÍA - Por JULIÁN SOREL - Domingo, 27 de Septiembre de 2020


LA CONSTRUCCIÓN DEL PASADO: POLÍTICA, HISTORIA Y FOTOGRAFÍA - Por JULIÁN SOREL - Domingo, 27 de Septiembre de 2020

LA CONSTRUCCIÓN DEL PASADO: POLÍTICA, HISTORIA Y FOTOGRAFÍA

Historia

 

Por JULIÁN SOREL


juliansorel20@gmail.com

El martes se cumple un nuevo aniversario de la batalla de Boquerón (29 de septiembre de 1932), la primera de la Guerra del Chaco.

Una vez concluidas e interpretadas a posteriori por los sectores hegemónicos en cada país, las guerras marcan la cultura, la política, los símbolos compartidos, los espacios públicos y la vida cotidiana –desde los nombres de las calles hasta los textos escolares, pasando por los héroes con sus panteones y las imágenes estampadas en los billetes, etcétera, etcétera– de las sociedades modernas. Y dos han sido en Paraguay las grandes guerras –una librada en el siglo XIX, la otra en el XX– cuyas respectivas posguerras han dejado su impronta hasta hoy: la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870) y la Guerra del Chaco (1932-1935).

Como decíamos en otro artículo, aunque las clases medias liberales y progresistas asocian en Paraguay la ideología autoritaria y el nacionalismo con el coloradismo y el estronismo, fue bajo gobiernos liberales, durante la guerra del Chaco, que las publicaciones oficiales para las tropas y la población general se llenaron de parangones entre el mariscal López y los jefes militares del momento, como fue el gobierno «revolucionario» del coronel Rafael Franco –héroe de la contienda con Bolivia– el que en esa década –la década del fascismo– hizo a López «héroe nacional» por decreto del 1 de marzo de 1936, y a Francia y Carlos Antonio «próceres beneméritos» en setiembre del mismo año (1).

«La corriente nacionalista encontró su apogeo a partir del golpe militar de 1936, que acabó con la sucesión de gobiernos liberales –ciertamente oligárquicos y antinacionales– que se dio a partir de 1870 y entregó el poder al coronel Rafael Franco», señala en un reciente libro el historiador Ronald León Núñez (2). Si en la posguerra del 70 –leemos en un ensayo de Pedro Caballero Cáceres–, «la ideología liberal, implantada por los vencedores», impuso la interpretación de los gobiernos de Francia y los López como despóticos, en la posguerra del Chaco, en cambio, la sociedad paraguaya asistió a la adopción del nacionalismo como ideología oficial: «El gobierno del coronel Rafael Franco inauguró un período caracterizado por la adopción del nacionalismo como política de Estado y la emergencia de las Fuerzas Armadas como factor determinante en el quehacer político» (3). La retórica del gobierno de febrero, señala Caballero Cáceres, fue reforzada por los gobiernos siguientes: sabido es que con Stroessner la ciudad de Ajos cambió su nombre por el del único veterano de las dos guerras, el Coronel Oviedo, pero antes, durante el gobierno de Higinio Morínigo, la avenida Colombia se convirtió en la actual avenida Mariscal López, la que lleva de la calle Colón al barrio Sajonia pasó a ser la avenida Carlos Antonio López, y el tercer gran eje urbano asunceno, por el mismo decreto, pasó a llamarse avenida Rodríguez de Francia (4).

Interpretando el apoyo de una parte de la izquierda paraguaya en la posguerra del Chaco al gobierno del coronel Franco como fruto de un error –de la aplicación mecánica de ciertos esquemas teóricos al análisis de procesos actuales y concretos–, señala Ronald León Núñez que «los análisis históricos tienen consecuencias en el programa y en la política cotidiana» (5). Solo cabe añadir una obviedad: y viceversa.

Dos fotógrafos y dos imágenes del «soldado paraguayo»

También durante el gobierno de Morínigo el guaraní reemplazó al peso, con lo cual «toda la cadena heroica fue reproducida en el papel moneda» (6). En billetes y monedas aparecieron Francia, los dos López, héroes de las dos guerras como el mariscal Estigarribia y el general Díaz. Y al lado de los individuos ilustres apareció una herramienta simbólica diferente –por anónima– pero –precisamente por su anonimato, que favorece la identificación general– no menos necesaria para la construcción de una «identidad» nacional, el soldado paraguayo de la Guerra del Chaco, cuya imagen fue tomada de una serie realizada por el fotógrafo oficial de Paraguay en ese conflicto, el austríaco Adolfo Friedrich (7).

Debemos otra imagen –semejante a simple vista, y en realidad muy diferente– del soldado paraguayo de la Guerra del Chaco a un fotógrafo enviado a cubrir el mismo conflicto por el histórico semanario alemán Berliner Illustrirte Zeitung: Willi Ruge. El soldado de Friedrich contempla el horizonte con aire soñador, casi olvidando el machete y el fusil que sostiene a los lados blandamente, con descuido: una ilusoria paz lo rodea en esa foto. Por el contrario, nada apacible ni reflexivo, el soldado de Ruge, con la mirada fija, alerta, clavada enfrente, aprieta las armas –se adivina el sudor en las manos– con dolorosa fuerza: esa foto huele a peligro.

Aunque no dejó de tener cierta presencia en la iconografía oficial del Estado –fue modelo, por ejemplo, del dibujo de una estampilla de correos emitida por el primer año de la Paz del Chaco–, el inquietante soldado de Ruge no alcanzó la enorme popularidad que hasta hoy conserva el «soldadito» (como se lo conoce) de Friedrich. Pero, con la leyenda: «El soldado de la Guerra del Chaco: en la mano izquierda lleva el fusil; en la derecha, el machete», dio a la edición del Berliner Illustrirte Zeitung del 15 de noviembre de 1934 una espléndida portada.

El «BIZ»

Algo que hoy se promociona como «innovación» para el gran público en Latinoamérica, el periodismo visual, tuvo su primer (y probablemente único) momento realmente original e interesante hace un siglo, en la década de 1920, cuando la prensa creció a ritmo de vértigo, particularmente en Alemania, que tenía más revistas ilustradas, y de mayor circulación, que cualquier otro país del mundo. Solo en Berlín, había cuarenta y cinco periódicos matutinos, catorce vespertinos y cientos de revistas, de moda (la edición alemana de Vogue), de «estilo de vida» (Blatt der Hausfrau, Garçonne), de salud, de deporte... Ante el crecimiento de la competencia, los editores experimentaban con diseños cada vez más dinámicos.

Uno de los principales semanarios del momento era el Berliner Illustrirte Zeitung (llamado, popularmente, el BIZ), con una circulación de más de dos millones de ejemplares durante los «roaring twenties» –edad de oro que terminó cuando los nazis llegaron al poder en 1933 y usaron las publicaciones existentes como vehículos de propaganda (8)–. Fundado en 1891 por Heppner & Co, el BIZ estuvo ilustrado con grabados primero y con fotografías después (9). El primer número apareció el 4 de enero de 1892, y el semanario fue adquirido en 1894 por el famoso editor bávaro Leopold Ullstein (Fürth, 1826-Berlín, 1899), fundador del sello Ullstein Verlag. Con Kurt Korff como editor en jefe (1905-33), el BIZ se convirtió en un influyente escaparate del nuevo formato: el fotoperiodismo. Como declaraba Korff en ese entonces: «La vida se ha hecho más agitada, y el individuo está menos preparado para leer periódicos reflexivamente… El público se ha acostumbrado a asimilar los acontecimientos mundiales a través de imágenes más que de palabras» (10). Hace cien años, esa idea (cuyos móviles comerciales Korff –a diferencia algunos medios actuales igualmente obedientes al mercado, pero autoproclamados «independientes»–, por lo menos tenía la honestidad de no disfrazar) encerraba el atractivo de la novedad.

Aprovechando los avances tecnológicos para hacer un uso extensivo de fotografías, el BIZ se convirtió en la revista gráfica más vendida del país, y entre 1924 y 1933 fue el principal semanario ilustrado alemán en términos de circulación, número de páginas y publicidad. En 1941, modificó la ortografía original de su nombre («Ilustrirte») para adoptar la forma más moderna en alemán («Ilustrierte»), y se convirtió en el Berliner illustrierte Zeitung. Dadas las dificultades económicas en Alemania durante la posguerra, muchos fotógrafos notables tuvieron que dedicarse al fotoperiodismo para ganarse la vida, y entre los colaboradores del BIZ que se convirtieron en estrellas de la prensa fotográfica alemana del momento, junto a nombres como los de Alfred Eisenstaedt, Felix H. Man, Erich Salomon o Martin Munkacsi, estuvo Willi Ruge.

Willi Ruge

Willi Ruge (Berlín, 1892-Offenburg, 1961) comenzó su carrera a los quince años de edad con el aprendizaje de la óptica y la siguió en el campo de la fotografía comercial abriendo en la década de 1910 su agencia distribuidora de fotografías para la prensa, la Presse Verlag Photoaktuell. Durante la Primera Guerra Mundial, como artillero aéreo, tomó fotografías en posiciones arriesgadas e impactantes que le dieron rápido renombre.

Ruge fotografió los disturbios en la Alta Silesia, la revuelta de los espartaquistas en Berlín, la ocupación militar francesa en la cuenca del Ruhr durante la República de Wéimar... Pero fueron sus autorretratos mientras caía en paracaídas –la serie «Ich fotografiere mich beim Absturz mit dem Fallschirm» («Me fotografío a mí mismo mientras caigo en paracaídas»), de 1931– los que le dieron fama internacional.

Willi Ruge fue Bildberichter im Sonderrang (reportero gráfico con rango especial) durante la Segunda Guerra Mundial en Francia, África, Polonia y Noruega, y durante la posguerra trabajó, además de para BIZ, para otras revistas, como Weltbild y Quick. Tomó fotografías de la Guerra del Chaco durante un viaje por África y Sudamérica realizado por encargo del BIZ. Como precisaba en este Suplemento el doctor Miguel Gauto, las fotos de Ruge en la Guerra del Chaco aparecieron por entregas en tres fascículos del Berliner Ilustrirte Zeitung en noviembre de 1934 (11).

Lo espantoso y lo épico

En 1924, recuerda Susan Sontag (12), Ernst Friedrich publicó Krieg dem Kriege! (¡Guerra a la guerra!), con fotografías de archivos médicos y militares descartadas por el gobierno como impublicables. El libro de Friedrich se abre con fotos de soldaditos de juguete y se cierra con fotos de cementerios, y entre los muñecos del inicio y las tumbas del final desfilan cuatro años de ruina y degradación: niños convertidos en esqueletos, objetores de conciencia ahorcados, tristes desnudos en sórdidos burdeles militares, pueblos y bosques saqueados y arrasados, infelices que, sin rastros de la «gloria» invocada por los discursos belicistas y patrióticos, agonizan, envenenados con gas tóxico...

Sí, las fotografías de guerra publicadas entre 1914 y 1918, señala Sontag, transmitían algo del horror real, pero generalmente de modo «épico»; con la guerra de Vietnam, en cambio –la primera guerra cubierta día tras día por las cámaras de televisión–, apareció una nueva forma de intimidad con la destrucción y con la muerte; desde entonces, masacres filmadas en directo se volvieron un ingrediente rutinario del flujo del entretenimiento doméstico.

También en Paraguay las guerras suelen ser retrospectivamente idealizadas, o por lo menos ennoblecidas al «modo épico» que Sontag señala en el caso de aquellas viejas fotografías (las consideradas «publicables»). Pero aunque así evocadas nutran orgullos nacionalistas, y por mucha importancia subjetiva que en esa operación cobren para los países implicados, la memoria de las guerras, dice Sontag, es principalmente local, y raramente –solo cuando hay involucrados en ellas más intereses que los de los propios beligerantes– se vuelven tema de atención internacional. E ilustra su afirmación con aquella guerra entre Paraguay y Bolivia, tan olvidada a pesar de haber sido cubierta por el notable fotógrafo Willi Ruge, que hoy nos ocupa:

«Un ejemplo: la Guerra del Chaco (1932-35), carnicería que entablaron Bolivia (un millón de habitantes) y Paraguay (tres millones y medio), que segó la vida de cien mil soldados, fue cubierta por un fotoperiodista alemán, Willi Ruge, cuyas espléndidas imágenes de batalla en primer plano están tan olvidadas como aquel conflicto» (Susan Sontag: «Looking at War. Photography’s view of devastation and death», en The New Yorker, 9 de diciembre del 2002).

Aprovechando que el martes se cumple otro aniversario de la batalla de Boquerón, hacemos hoy de estas páginas una pequeña galería de imágenes relacionadas con aquella guerra a la que dio oficialmente inicio, para exponerlas en sus semejanzas y contrastes. Y pensar cómo la fealdad y la belleza, la degradación y la gloria, lo espantoso y lo épico suelen emplearse para construir el pasado ya que, además de categorías estéticas que causan efectos opuestos –repulsión unas, admiración otras–, son herramientas retóricas capaces tanto de embellecer la historia como, por el contrario, de arrancarle sus habituales ornamentos.

Notas

(1) Montserrat Álvarez: «Nuestra salvaje multiplicidad», Suplemento Cultural de ABC Color, domingo 1 de marzo de 2020. Disponible en línea: https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/2020/03/01/nuestra-salvaje-multiplicidad/

(2) Ronald León Núñez: La Guerra contra la Triple Alianza en debate (Editora Lorca, San Pablo, 2019, 524 pp.), p. 228.

3) Pedro Ramón Caballero Cáceres: «La matriz ideológica del nacionalismo paraguayo (1936- 1989)», revista Academo, n. 2, vol. 6, julio-diciembre 2019. Disponible en línea: http://scielo.iics.una.py/pdf/academo/v6n2/2414-8938-academo-6-02-99.pdf

(4) Ibid.

5) Ronald León Núñez, op. cit., p. 135.

6) Capdevila (2010), citado por P. Caballero Cáceres en «La matriz ideológica…».

7) Nacido en Viena en 1897, el austriaco Adolfo Maria Friedrich emigró a Brasil en 1925, llegó a Paraguay en 1930 y fue reportero fotográfico del ejército paraguayo en la Guerra del Chaco. En realidad, Friedrich, reconocido botánico, dedicó la mayor parte de su vida a los cactus y las orquídeas –de hecho, una especie del género Echinopsis se llama Echinopsis adolphofriedrichii en su honor–. Ver: Günther Moser, Kakteen: Adolfo Maria Friedrich und sein schönes Paraguay [Eigenverlag / Edición del autor], 1985, 170 pp. Disponible en línea: https://www.cactuspro.com/biblio_fichiers/pdf/Moser/Moser.pdf

(8) Cuando los nazis llegaron al poder, el BIZ y todas las publicaciones alemanas quedaron bajo control del ministro de Propaganda, Joseph Goebbels. A finales de 1934, el BIZ estaba casi convertido en un mero órgano de propaganda nazi. Después de 1939, durante la guerra, se dedicó a publicar historias de las victorias militares del Reich. Ver: Corey Ross, Media and the Making of Modern Germany, Oxford, Oxford University Press, 2008.

9) En: Robin Lenman (ed.): The Oxford Companion to the Photograph, Oxford, Oxford University Press, 2005, 792 pp.

10) Kurt Korff citado en «Photojournalism and the Picture Press in Germany», Heilbrunn Timeline of Art History (Nueva York, Metropolitan Museum of Art, 2000). Kurt Korff (Kurt Karfunkelstein) murió en Estados Unidos, en el hospital Lenox Hill, a los 61 años de edad: «Korff era ampliamente conocido en el periodismo alemán por los hábiles métodos que aplicó en la edición de imágenes y por el empleo que hizo de ellas para la ilustración de acontecimientos cotidianos en destacadas revistas ilustradas alemanas» (Obituario de Kurt Korff en The New York Times, 31 de enero de 1938, p. 19).

11) Miguel Ángel Gauto Bejarano: «Imágenes de Guerra», Suplemento Cultural de ABC Color, 30 de septiembre del 2018. Disponible en línea: https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/imagenes-de-guerra-1745334.html

(12) Susan Sontag: «Looking at War. Photography’s view of devastation and death», The New Yorker, 9 de diciembre del 2002. Disponible en línea: https://www.newyorker.com/magazine/2002/12/09/looking-at-war

 

Fuente: Suplemento Cultural del diario ABC COLOR

Domingo, 27 de Septiembre de 2020

Páginas 2 y 3

www.abc.com.py

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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