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AMELIA (CHIQUITA) BARRETO BURGOS


  LA NIÑA QUE ABRIÓ EL CIELO - Cuento de CHIQUITA BARRETO - Año 2003


LA NIÑA QUE ABRIÓ EL CIELO - Cuento de CHIQUITA BARRETO - Año 2003

LA NIÑA QUE ABRIÓ EL CIELO

Cuento de CHIQUITA BARRETO

 

 

CHIQUITA BARRETO

(Colonia Dr. Cecilio Báez, Depto. de Caaguazú, 1947)

Narradora, poeta y docente. Graduada de la Facultad de Pedagogía de la Univer­sidad Católica, Amelia (conocida como Chiquita) Barreto es profesora de la UIniversidad del Norte y colabora con la UMPAM (Unión de Mujeres Para Ayuda Mutua) en Coronel Oviedo. Tiene varios cuentos publicados en suple­mentos culturales, revistas literarias y antologías diversas, tanto nacionales como extranjeras. El resto de su producción narrativa incluye, hasta la fecha: Con pena y sin gloria (1990; cuentos), Con el alma en la piel: 9 relatos eróticos (1994), Delirios y certezas (1995; cuentos), Ese extraño que me habita (2002; cuentos), Historias pequeñas (2003; relatos para niños) y Una siesta asombrosa (2006; novela infantojuvenil). En poesía es autora de tres poemarios: Setiembre para Manolo (1997; poemas de carácter elegíaco), Jazmines y cenizas (2005) y De estrella y banzo somos (2007). De más reciente aparición son dos novelas: Mujeres de cera (2009) y La voz negada (2011).

 

 

LA NIÑA QUE ABRIÓ EL CIELO

 

La niña entró a la cocina y trajo el cuchillo, levantó la cabeza hacia el cielo y alzó la mano que lo sostenía; con la mano levantada dio un salto y de un tajo abrió el cielo.

-Todo es posible en el tiempo mágico de la niñez-le había dicho su papi muchas veces. Recordó.

Y recordando miró un rato el firmamento estrellado y saltó con la mano levantada y abrió el cielo.

Era precioso hablar con su papá, preguntarle por qué la risa ya no llenaba su boca, por qué ya no masticaba la alegría, por qué el pájaro Cautivo oleteaba dolorosamente.

Los grandes ojos de la pequeña se desorbitaron de asombro al mirar el inundo que se abría ante ella.

Su papá y el bisabuelo le pasaron la mano y la levantaron suavemen­te hasta dejarla depositada en ese lugar de estallidos incandescentes.

Se encontró sostenida en un espacio de luz inabarcable: los astros y planetas giraban sin prisa ni pausa; el universo infinito se ofrecía a ella sin develar su misterio y al mismo tiempo sin esconderla. Se abrazó a su papi y reconoció al bisabuelo en el anciano sonriente al lado de su padre; tocó con manos trémulas la cara cubierta de polvillos luminosos de su papi y su corazón rebosado de preguntas que se le atoraban en la garganta sin encontrarla forma de las palabras que pudiera componerlas. Sólo atinó a decir:

-¿Qué pasó, papá?

Las palabras no tenían sonido; vio cómo salieron de su boca y cami­naron en punta de pie por el espacio infinito, sobre las espesas alfombras de nubes doradas.

Se vio reflejada en las transptuentes pupilas de su padre, miró cómo sus labios se movían sin que emitiera ningún sonido y volvió a preguntar:

-¿Qué pasó, papi?

Las tres palabras volvieron a cobrar formas y corrieron en puntas de pie levantando unas manitas rosadas que se confundieron rápidamente con el esplendor multicolor del firmamento.

Ella quería una explicación.

Todos creían que se había conformado con la escueta infornación que le dieron:

-Tu papá se fue al cielo.

Nadie sabía que desde aquel día, allí en su pecho, donde siempre hubo como un aleteo de pájaro cautivo, había quedado un hueco doloroso que no podía explicar, sólo sabía que ya no despertaba por las mañanas mordiendo su risa como antes y masticando la alegría del nuevo amane­cer.

Desde el tiempo sin medida que instaló la ausencia de los abrazos al despertarse, todas las mañanas miraba el espacio azul, inmenso y lejano, donde suponía el cielo, y el aleteo de pájaro cautivo de su pecho cambiaba de ritmo, le subía a la garganta y le robaba el aire. Sentía como una miel caliente que, en vez de endulzar su despertar, le quemaba los ojos y el pecho.

Siguió mirandose en los espejos de las pupilas y prcguntó sintiendo que las palabras sin ecos se depositaban como azúcar sin derretir en el corazón de ambos.

Su papi le abrazó con fuerza e impregnó sus bucles negros de polvi­llos de estrellas y le dijo, moviendo los labios mientras las palabras sin ecos que pronunciaba se alejaban en puntas de pie sobre la inmensa al­fombra de nubes doradas y sonaban dulcemente en el corazón de ella:

-Mi niña, mi niña amada, abriste el cielo para que el pájaro cautivo de tu pecho pueda aletear sobre una media luna de olvido.

-No quiero olvidarte, papá.

-Por eso es sólo una media luna, para que no me olvides, sino para que vivas y revivas alegre todos los días el tiempo de los abrazos y ya no sientas el hueco doloroso de mi ausencia.

La levantó y le mostró cómo el antes, el ahora y el después se junta­han en la inmensidad del universo y cómo cada ser, por diminuto que fuera, tenía un lugar y un tiempo.

La niña se puso feliz.

El bisabuelo le hizo un gesto pícaro y le mostró las manos cerradas y llenas y, mientras se miraba en las pupilas transparentes de su papi, abriendo las palmas le tiró polvillos de estrellas y ella se vio luminosaen el universo infinito que desorbitaba sus ojos.

Apretada en los brazos de su padre, la niña trató de abarcar con su mirada todo el esplendor que los rodeaba y sintió que el inmenso silencio que los cubría era la causa que la distanciaba de su papi.

Él se había ido a un mundo de silencio. Ella habitaba el mundo de los sonidos.

Sólo eso.

Siempre podía traerlo junto a ella con sólo cerrar los ojos y recordar­lo.

La media luna de olvido cerró el hueco doloroso y dejó intacto el recuerdo.

De repente el silencio profundo se rompió, sus oídos se llenaron del son de su música favorita y despertó masticando su risa y mordiendo el júbilo del nuevo día.

En el hueco de la almohada quedaron pequeños trozos de cristal derretido.

 

DE: Historias pequeñas, Asunción, 2003.

 

 

 

FUENTE - ENLACE A DOCUMENTO INTERNO

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LITERATURA INFANTO-JUVENIL PARAGUAYA DE AYER Y HOY . TOMO I (A – H)

TERESA MÉNDEZ-FAITH

INTERCONTINENTAL EDITORA S.A.

Teléfs.: 496 991 - 449 738;

Pág. web: www.libreriaintercontinental.com.py

E-mail: agatti@libreriaintercontinental.com.py

Asunción - Paraguay. 2011 (424, Tomo I)

 

 

 

 

 

 

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