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JESÚS RUIZ NESTOSA


  LA GUERRA DE LOS GUARANÍES (LXXI) - Ir con un hacha para despedazar la puerta - Por JESÚS RUIZ NESTOSA - Domingo, 15 de Diciembre de 2019


LA GUERRA DE LOS GUARANÍES (LXXI) - Ir con un hacha para despedazar la puerta  - Por JESÚS RUIZ NESTOSA - Domingo, 15 de Diciembre de 2019

LA GUERRA DE LOS GUARANÍES (LXXI)

 

Ir con un hacha para despedazar la puerta

 

Por JESÚS RUIZ NESTOSA

 

jesus.ruiznestosa@gmail.com

Las consecuencias en esta parte del mundo de la firma del Tratado de 1750 entre España y Portugal forman una cadena de acontecimientos graves y complejos.

Decía que el encuentro entre demarcadores portugueses y españoles e indígenas en Santa Tecla transcurrió de manera pacífica y sin ningún tipo de contratiempo a no ser la firme posición de los aborígenes de no dejar pasar a los portugueses. Con los españoles la actitud fue diferente ya que no solo podían pasar, sino que incluso se ofrecieron a acompañarlos al pueblo más cercano para que pudieran saludar y hablar con los padres misioneros españoles que allí estaban.

Más tarde las cosas fueron diferentes, ya que al llegar los grupos a su punto de origen dieron versiones opuestas de todo lo ocurrido, cada uno con la intención de justificar su comportamiento y aparecer como víctima del grupo contrario.

Este juego de opuestos fue recogido por el padre Juan de Escandón en su relatorio dirigido al padre provincial de los jesuitas diciendo: «Porque unos decían uno y otros contradecían eso mismo. Unos decían que ellos por sí mismos habían visto y distinguido a lo lejos entre los ochenta o ocho mil indios al tal capitán general jesuita misionero; otros lo contradecían y negaban que tal cosa se hubiese visto, ni podido distinguir entre los indios, y que ni aun estaba entre ellos, sino estaba tal jesuita encerrado con llave en cierto aposento (no sé si individuaban si la llave estaba echada por dentro) y que aunque habían muchas veces golpeádole la puerta y llamádole otras muchas por su mismo nombre (que habían sabido de los indios) él nunca quiso abrir ni responder» (1).

«Contábanle al gobernador de Buenos Aires esta patraña, y dicen que al oírles les respondió con el aire que suele: Quítense de ahí, ¿pues que a mí me vienen con estas? Pues lo que faltaba allí era un hacha para despedazar la puerta y echarla abajo, o fuego con que quemarla. Y así no se dejaría ver más que rabiando de todos ese que no se dejó ver de ninguno. ¿Mas qué diría el gobernador si hubiera sabido que ni tal aposento había en lo que se llama Santa Tecla? Y que el padre a quien allí nombraban, o fingían encerrado en el aposento que no había, estaba actualmente y estuvo en aquellos días en el otro sitio llamado San Antonio, distante de Santa Tecla cosa de 30 leguas. Pero qué importa eso dirán los demarcadores portugueses para que al mismo tiempo estuviese en Santa Tecla. Mucho más lejos estaba San Antonio, cuando estaba en Padua con todo eso se dejó ver al mismo tiempo en Lisboa. Y así esas coartadas no sirvieron, cuando se trata de negocio de portugueses; y a lo más pueden servir contra lo que dicen los castellanos, que no tienen el privilegio de ser creídos en todo, no más porque estos lo dicen, sea o no sea creíble lo que dicen. Este caso de que el misionero capitaneaba en Santa Tecla a los indios, es menester que pase y sin más examen por verdadero, so pena de que si no se queda sin fundamento alguno y declarada por totalmente temeraria la calumnia, que ya se levantó en Castillos de que los padres eran los que sublevaban a los indios, y les persuadían a que ni evacuasen sus pueblos y tierras ni se mudasen a otras» (2).

«Dijeron también los demarcadores que en el mismo sitio de Santa Tecla o por allí cerca, tenían los padres o por dirección suya los indios no sé qué fortaleza con seis o ocho piezas de artillería. Y esto lo dijeron con otra tanta verdad poco más o menos, como lo antecedente. Algunos dijeron que la fortaleza no estaba sino en San Antonio, según relación de los indios, porque ninguno de los demarcadores había llegado a San Antonio, ni había ninguno de ellos adelantado un paso más allá de Santa Tecla. Que uno y otro era falso se colegía de lo poco concordes que eran entre sí los testimonios, y nada más conformes que en lo del capitaneo general. Pero para mayor abundancia se le pidió por sus superiores al padre que estaba en San Antonio su declaración sobre la verdad o falsedad de uno y otro, y se le pidió jurada» (3).

«El padre declaró y juró verbo sacerdotis, que en aquel tiempo y por todo el que los demarcadores habían tenido en santa Tecla la dicha oposición, él no había estado en Santa Tecla ni encerrado en aposento ni fuera de él, ni de otra forma alguna, sino solamente en San Antonio, como y por lo que ya dijimos. Ítem, Que ni en San Antonio ni en toda aquella estancia, ni en Santa Tecla ni cerca ni lejos de allí sabía que hubiese fortaleza alguna ni con piezas de artillería, ni sin ellas; y que solamente había en el dicho puesto de San Antonio cuatro pequeños pedreros para la guerra antecedente contra los infieles se había allí llevado, y allí se habían después quedado en el suelo sin que se hubiesen puesto en fuerte ni fortaleza alguna. Pero qué sé yo que dirán de esta declaración los demarcadores. Supongo que no dirán lo que dirá cualquiera, y es que ella sola vale más que todos sus dichos» (4).

«Consiguientemente como el padre no estuvo en Santa Tecla, no supo si los soldados o indios armados que allí se les presentaron o representaron a los demarcadores y les impidieron el paso, fueron tantos o menos, ni supo de otros que de los sesenta que guardaban la estancia, pero sí se le hace totalmente increíble que fuesen ocho mil, y aún le parece también exageración que fuesen ochocientos. Ni le hace mucha fuerza el que los indios de Santa Tecla se lo hayan dicho así a los demarcadores; porque sabe que si fueron capaces de impedirles el paso, eran ya grandecitos por lo menos, y capaces de mentir. Y caso que ellos no mintiesen, mentiría el intérprete que las dijo a los demarcadores que los indios decían lo que decían o en fin entenderían los demarcadores lo que ni los indios ni el intérprete les decían. Y qué sé yo si entenderían que se les decía lo que deseaban que se les dijese, o ellos según este su deseo lo interpretarían» (5).

«Lo que sí parece que así y no de otra manera interpretaron lo que allí mismo les dijeron los indios y ya antes referimos; es, a saber, que no querían dejar pasar adelante a los demarcadores portugueses, porque el gobernador de Buenos Aires, el provincial superior y cura les tenían encargado que no dejasen entrar en sus tierras a los portugueses: Pues porque este dicho todo entero no probaba nada contra los padres misioneros, que no probase igualmente contra el señor gobernador y el padre provincial, cuando después en la Colonia y en Buenos Aires referían este dicho, o por mejor decir, cuando lo censuraban, que sobre él cavilaban y de él forjaba la calumnia contra los padres misioneros, callaban en él el nombre del gobernador; y aun el del padre provincial le hacían la misma merced callarlo, siendo aquí que ciertamente los indios habían expresamente hecho mención de ambos, y aun puéstolos, como merecían, en primer lugar antes que a los otros. Su razón tendrían, sin duda, los dichos demarcadores, en referir así a medias y callar también a medias lo que los indios les habían dicho con tanta verdad como inocencia. A lo menos hubo que (y no por alabarlos) al oír esta su demediada narración dijo que con oportunidad, que caía sobre ellos como de su peso el diminutae sunt veritates a filiis hominum» (6).

Notas

(1) Legajo 120, 54, Archivo Histórico Nacional de España, Madrid.

(2) Ibid.

(3) Ibid.

(4) Ibid.

(5) Ibid.

(6) Ibid.

 

 

 

 

Fuente: Suplemento Cultural del diario ABC COLOR

Edición Impresa del Domingo, 15 de Diciembre de 2019

Página 4

www.abc.com.py

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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