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RAQUEL SAGUIER
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RAQUEL SAGUIER


Datos biográficos:

RAQUEL SAGUIER : Nació en Asunción, Paraguay. Casada y madre de tres hijos. Cursó sus estudios en el Colegio Santa Teresa de Jesús, graduándose con diploma de honor.

Su primera incursión en la  literatura se remonta al año 1965, cuando entre pañales y biberones escribe la novela LOS PRINCIPIOS Y EL SÍMBOLO, para un concurso de novelas auspiciado por el entonces Diario La Tribuna, en donde se clasificó semifinalista. De esta novela solo se hizo una edición familiar de 300 ejemplares, y permanece así, intocada, como símbolo que marca sus inicios en ese difícil sendero que es la tarea de escribir.

Formó parte del Taller Cuento Breve, desde 1983 hasta 1987. Allí comienza su verdadera ilustración académica. Asimismo por más de diez años asistió a cursos de narrativa, de filosofía, de sicología, de literatura posmoderna, de realismo mágico y de poesía, con los profesores Carlos Villagra Marsal, Osvaldo González Real, Juan Manuel Marcos y Jacobo Rauskin. En dos volúmenes editados por el mencionado Taller, tiene publicados cuentos (1984-1985). En 1980 publica LA NIÑA QUE PERDÍ EN EL CIRCO. En 1992 esta novela fue traducida al francés y publicada en París, y en 1993 fue traducida al portugués y publicada en Porto Alegre, Brasil. También fue publicada en inglés.

En 1989 publicó LA VERDADERA HISTORIA DE PURIFICACIÓN, también muy bien acogida por la crítica especializada.

En 1994 publicó ESTA ZANJA ESTÁ OCUPADA, premiada en el concurso de novela "Mario de Andrade", organizado por el Movimiento Literario y Cultural del Sudeste Sudamericano, y con la participación de escritores brasileños, argentinos, uruguayos y paraguayos. Con esta obra obtuvo el Premio "El Lector" a la mejor obra literaria del año 1994. También obtuvo una Mención de Honor en el Premio Nacional de Literatura, año 1995.

En 1999 presenta la novela LA POSTA DEL PLACER que obtuvo una Mención de Honor en el Premio Nacional de Literatura, año 1999, y en el año 2000 recibió el Primer Premio Municipal de Literatura. Su último libro publicado fue EL AMOR DE MIS AMORES, que recibió una Mención de Honor del Premio Nacional de Literatura, año 2007.

Participó de congresos nacionales y extranjeros y sus obras figuran en numerosas antologías, tanto nacionales como del exterior.

Fue miembro del Pen Club, de EPA (Escritores Paraguayos Asociados) y socia fundadora de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP).

Falleció en el año 2007.

Fuente: LA NIÑA QUE PERDÍ EN EL CIRCO. Novela de RAQUEL SAGUIER. BIBLIOTECA DE OBRAS SELECTAS DE AUTORES PARAGUAYOS Nº 04. EDITORIAL SERVILIBRO. Telefax: (595-21) 444 770. E-mail: servilibro@gmail.com / www.servilibro.com.py. Asunción, Octubre 2011

 

 

SAGUIER, RAQUEL : Ciudad de Asunción, 1940. Es  casada y madre de tres hijos. Curso sus estudios secundarios en el Colegio Santa Teresa de Jesús, graduándose con diploma de honor.-

Desde hace algunos años viene trabajando en diversos grupos literarios del país. Tiene cuentos publicados en dos volúmenes del taller Cuento Breve (1984/1985).-

En 1987 publicó la novela “LA NIÑA QUE PERDÍ EN EL CIRCO”, cuyos primeros capítulos fueron seleccionados e incluidos en una Antología de Cuentos Paraguayos, aparecida el mismo año bajo el sello Banda Oriental de Montevideo, Uruguay.-

En 1989 publicó la novela, “LA VERA HISTORIA DE PURIFICACIÓN”, que está siendo estudiada para ser llevada al teatro.-

En 1994 publicó la novela  “ESTA ZANJA ESTÁ OCUPADA”, la cual estando todavía inédita, fue premiada  en el Concurso de Novela « Mario Andrade », organizado por el Movimiento Literario y Cultural del Sudeste Sudamericano (Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay). Con esta novela obtuvo una Mención de Honor en el Premio Nacional de Literatura 1995. Recibió también el premio "El Lector" a la mejor obra literaria de 1994.-

En 1999 escribió la novela "LA POSTA DEL PLACER", que obtuvo el Premio Municipal de Literatura año 2000 y una mención especial en el Premio Nacional de Literatura 1999.-

Sus obras figuran en numerosas antologías y revistas literarias, tanto nacionales como extranjeras. Integra el PEN Club y es socia fundadora de la Sociedad de Escritores del Paraguay.-

Fuente: "EL AMOR DE MIS AMORES” por RAQUEL  SAGUIER  . Prólogo: RUBÉN BAREIRO SAGUIER . EDITORIAL SERVILIBRO. Asunción-Paraguay, 2007.

 

 

SAGUIER, RAQUEL : Cuentista y novelista. Siendo aún muy joven, escribe su primera novela, LOS PRINCIPIOS Y EL SÍMBOLO, que sale finalista en un concurso de novelas organizado por el diario La Tribuna en 1965.

Socia fundadora de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP), forma parte de diversos grupos literarios de su país y tiene cuentos publicados en libros del Taller Cuento Breve (1984 y 1985), así como también en numerosas antologías y revistas literarias, nacionales y extranjeras.-

Raquel Saguier ha logrado notoriedad con la aparición de LA NIÑA QUE PERDÍ EN EL CIRCO (1987), su primera novela publicada, convertida en best seller local y luego traducida al francés y al portugués, y publicada en París (Francia) en 1992 y en Porto Alegre (Brasil) en 1993, respectivamente.

Su segunda novela, LA VERA HISTORIA DE PURIFICACIÓN (1989), también ha sido muy bien acogida por la crítica local.-

En 1994 aparece ESTA ZANJA ESTÁ OCUPADA, su tercera novela, distinguida con un galardón especial en el Concurso de Novela "Mario Andrade", organizado por el Movimiento Literario y Cultural del Sudeste Sudamericano en abril de 1994.

Posteriormente, en 1999, sale a luz LA POSTA DEL PLACER (Premio Municipal de Literatura 2000), su cuarta novela.

(De: "BREVE DICCIONARIO DE LA LITERATURA PARAGUAYA" / 2da. Edición por TERESA MENDEZ-FAITH  - Editorial EL LECTOR, Asunción-Paraguay 1998 ).

 

 

RAQUEL SAGUIER (1940): Una de las novelistas paraguayas contemporáneas más importantes es Raquel Saguier. Tiene vocación de novelista ante todo. Comenzó trabajando en el Taller Cuento Breve donde adquirió la experiencia necesaria para determinar su carrera literaria posterior. Es posiblemente una de las mejores narradoras paraguayas actuales y ha sabido dotar de una mirada irónica hacia el mundo exterior al personaje novelesco paraguayo, como método de deconstrucción (utilizando el término de Lacan) de una realidad a escrutar.

Ha publicado hasta la fecha tres novelas: "LA NIÑA QUE PERDÍ EN EL CIRCO" (1987), "LA VERA HISTORIA DE PURIFICACIÓN" (1989) y "ESTA ZANJA ESTÁ OCUPADA" (1994). Hemos comentado en el prólogo lo que significa la primera de ellas en la narrativa paraguaya. Sin embargo, la segunda tiene un sentido especial que emana de una prosa abierta, intimista, y que surge de la autocomprensión de una situación personal de apertura de la mujer al mundo desde la iniciación sexual autentificada; alejada de la simple relación contractual del matrimonio impuesto con un hombre con el que resultan imposibles unas relaciones sinceras y fluidas.

Su escritura es muy elaborada, pulida, sobre todo la estructura de sus obras, y trata de crear una prosa con ritmo. Pero además cree, como Gabriel García Márquez, que lo importante en un escritor es la magia en la composición del texto, influencia del autor colombiano que se advierte en su prosa. Aboga por una escritura postmoderna en la que se mezcle la simbología con la tradición. En este sentido, su visión de la novela es borgiana, siendo el maestro argentino uno de sus autores predilectos como a veces deja translucir en su escritura, de la misma manera que de Miguel Ángel Asturias le influye el que los personajes toman la ironía como forma de entender la vida.

El tema común de las tres novelas es la expresión personal de su mundo femenino, y la rebelión contra el orden patriarcal tradicional e impuesto. La rebeldía surge de la expresión interior de los pensamientos de los personajes y del recuerdo de las vivencias personales encuadradas en una historia de ficción. En la indagación en el yo interior Raquel Saguier no se contenta con narrar o exponer unos sucesos, porque la autora quiere descubrir las motivaciones interiores de todo acto individual en el marco de los acontecimientos públicos. En este sentido, "La niña que perdí en el circo" es una de las primeras novelas paraguayas en las que se pone énfasis en la educación de la mujer, a veces en tono existencialista. Y desde esa subjetividad se parte hacia una concienciación del personaje y de la propia escritora. El cuestionamiento de la sociedad no viene determinado por los procesos externos, sino desde la búsqueda de la esencia individual de la protagonista.

"ESTA ZANJA ESTÁ OCUPADA" es su mejor obra publicada. Presenta una estructura que recuerda en buena medida la escritura monogal de James Joyce y la polifónica de Juan Rulfo. Su título es una frase hecha que se refiere al lugar destinado al cadáver del protagonista, Onofre Quintreros. Y como los comienzos de las anteriores novelas de Raquel Saguier, se inaugura con una explicación del motivo central de la obra, sobre el que gira la disposición del discurso, del porqué de narrar la historia que se va a desarrollar a continuación. En "LA NIÑA QUE PERDÍ EN EL CIRCO" la narradora declaraba sus intenciones de recuperar el tiempo de la infancia; en "LA VERA HISTORIA DE PURIFICACIÓN" era la descripción del momento en que la protagonista comete adulterio; y en "ESTA ZANJA ESTÁ OCUPADA" establece el motivo que ocupa el centro de la narración: la aparición del cadáver de Onofre Quintreros, un prototipo de hombre que utiliza a la mujer como si fuera un objeto. Todos los protagonistas de las tres novelas se suman en un esfuerzo por aprovechar la ocasión porque necesitan un cambio personal. Así, son novelas de búsqueda de algo nuevo que imprima un futuro diferente a unas vidas apagadas o mezquinas.

Un rasgo novedoso de "ESTA ZANJA ESTÁ OCUPADA" es que el centro del discurso gira en torno a un protagonista ausente: el muerto Onofre Quintreros. Dos mujeres, Lumina y Sofía Bernal, ofrecen sus testimonios sobre sus relaciones con la figura, que simboliza la muerte del «macho»; de un koyguá, un hombre del campo que se establece en la ciudad, que no duda en aplastar lo que sea necesario para ascender social y económicamente, porque «todavía era pobre pero ya soñaba con hacerse rico» (p. 15). La rebeldía de Raquel Saguier se ajusta a un tono más social que el de sus anteriores obras y se enfrenta directamente con la mentalidad de la sociedad paraguaya dominada por los hombres. Onofre llega del mundo rural para lograr convertirse en una persona importante en Asunción. Abandona su mundo y se convierte en un ser despiadado. Entra en negocios que le permiten subsistir, pero consigue lo anhelado social y económicamente cuando contrae matrimonio con una mujer rica. A partir de ese momento se inicia un proceso de elevación social progresivo de Quintreros, pero el desprecio a sus semejantes le lleva a morir asesinado. El machismo de Onofre le hace creerse un dominador del mundo y sobre todo de las mujeres, porque le secunda una gran fama de galán y fornicador. Su muerte llega después de haber tenido relaciones sexuales con su amante Lumina, signo de que el amor y la muerte, Eros y Thánatos, están a poca distancia. El cadáver quieto en la zanja es el símbolo de la vuelta a la zanja social de la que procede, el campo, la tierra de donde nació. La codicia y la avidez de poder son la causa de su caída, porque él no contaba ni con los sentimientos del prójimo ni con la misma codicia que tienen otros seres semejantes. El abandono de su cadáver revela el estado en que queda quien no ha tenido compasión con los seres con quienes ha convivido.

El aprendizaje en la vida lo realiza en la «universidad de la calle» (p. 27), metiéndose en corruptelas y en sobornos, y la experiencia que surge de su contacto con la sociedad que le rodea. Lee manuales de iniciación a la vida, y logra ascender a fuerza de recoger las «sobras rechazadas por otros» (p. 29). Acaba como «doctor en trasnochadas» y con el máster de «canas al aire y esclavo de Lumila Santos» (p. 40). Es además «un firme candidato a la siquiatría» (p. 46) por guardar en el pozo de su interioridad sus verdaderos sentimientos que va perdiendo a lo largo del tiempo. Estas frases dan testimonio de la escritura irónica que emplea Raquel Saguier como forma de combatir un mundo ancestral desigualitario en hombres y mujeres.

Frente a Onofre Quintreros se sitúa Lumina Santos. Es la amante del protagonista que durante un año ha tenido relaciones sexuales con él, una relación clandestina y «prohibida», consiguiendo a cambio beneficios económicos, joyas, abrigos de pieles, etc. Lumila es para Quintreros «ese toque de sol que tanta falta le hacía a su momentánea penumbra y no estaba dispuesto a cederla por ningún dinero» (p. 10). Lumilaes más audaz que él, y por eso le derrota al final. Sus relaciones son de relleno en un principio, pero poco a poco se convierte en la mujer que domina la vida de Onofre. En realidad Lumila es quien sedujo a Onofre y no al revés como parecía, cuando inicia una verdadera persecución por los ambientes que él frecuentaba. Ella responde con valentía al machismo del protagonista, quien la ve como un negocio, pero que se convierte en una empresa frustrada al final porque se revela la superioridad de la mujer sobre el hombre.

Sofía Bernal, la tercera arista del triángulo de personajes principales de la novela, es la esposa que contrae matrimonio con Onofre Quintreros porque queda embarazada. Su familia se opone porque ve claramente que él sólo se ha casado por dinero. Sin embargo no logran convencerla y se celebra la ceremonia de forma grandiosa y con ostentación, en la Basílica Nuestra Señora Alcurniosa, en una investidura con tres obispos y tres acólitos por obispo, banda de música y cámaras de televisión. Mujer conservadora, de férrea moral tradicional, no logra conseguir la felicidad junto a Quintreros, y a diferencia del ingenio de Lumila en sus relaciones sexuales, ella practica un «amor de salón» (p. 84) con el protagonista. Así, Lumila y Sofía representan dos tipos antitéticos de mujeres: la liberada y sin escrúpulos moderna, y la anclada en el férreo pasado del que es incapaz de salir. Sin embargo, la narradora no toma simpatía por ninguna de ellas, se distancia de los dos tipos de mujer poco auténtica consigo misma, y prefiere el amor verdadero que queda omitido en el discurso. Pero ambas coinciden en su odio a Onofre Quintreros: en hacerle pagar la deuda que ha contraído con ellas, hasta convertirle en un muerto olvidado de la gente.

El cuarto personaje importante de la obra es Recaredo Anodino Flores, el director de los Servicios Sanitarios y de Fumigación Estatal, sospechoso del asesinato porque participa en negocios y corruptelas con Onofre. Su nombre es simbólico: es el recadero de Quintreros en un principio, un personaje gris e «hijo de una gran floresta que lo floreció» que se aprovecha del revés político que sufre Onofre después de haberse proclamado su «amigo del alma (de esos que están prontos a batirse con cualquier arma y sobre el terreno que fuese, en salvaguarda de una amistad que en este caso llevaba veinte años de existencia)» (P. 9).

Raquel Saguier critica diversos aspectos de la sociedad actual materialista y obsesionada con la apariencia, física y moral, pero en trance de desintegración moral. Elmundo que ironiza la autora es circunscribible a cualquier país, por lo que su narrativa es perfectamente adscribible a la tendencia universal de la novela feminista actual. La rebeldía contra el mundo machista, como la social, no queda dañada por ningún tono dramático porque la ironía se impone en el estilo; Saguier evita cualquier sentimiento de tragedia, porque la mejor manera de poner en evidencia las carencias de sus personajes y de la sociedad es emplear lo carnavalesco -utilizando el término bajtiniano-. La puesta en evidencia de unas relaciones sociales degradadas llega por medio de la ridiculización, a veces esperpéntica, de algunas actitudes de los personajes o del ambiente social. El estilo de Raquel Saguier abandona el subjetivismo y el personalismo no para centrarse en la objetividad de un narrador omnisciente, sino en la pura ironíade las costumbres sociales como forma de ridiculizarlas. De esta forma el discurso llega a ser brillante, sin que el ritmo musical de la prosa decaiga en ningún momento por la habilidad de la escritora en el uso de la palabra precisa en cada párrafo. Así, ridiculiza el machismo, por ejemplo, con la actitud viril del protagonista en la búsqueda del «sexo extraterrestre» (p. 44).

 También se agudiza la crítica política en comparación con sus anteriores novelas: así, hace referencia al golpe que derribó a Stroessner señalando que quien más, quien menos, hizo su agosto antes del dos de febrero, la fecha del golpe, pero añadiendo que aún hay quien continúa haciéndolo, en obvia referencia al estado de la política paraguaya de la transición a la democracia, llamada por la autora «Doña Transición Democrática». Raquel Saguier revela también la frustración y el escepticismo a que está conduciendo la transición democrática paraguaya.

"ESTA ZANJA ESTÁ OCUPADA" es la novela de Raquel Saguier que más se caracteriza por mostrar una mayor pluralidad de estilos, un manejo del cronotopo y del suspense más dinámico, y una reivindicación del papel social de la mujer más extendido a la globalidad de las mujeres. La escritura joyceana de los monólogos narrativizados se agudiza con respecto a sus anteriores novelas: los monólogos en primera persona alternan con los que están en segunda, siendo los más destacables los del discurso de presentación de Onofre Quintreros, y en tercera. De esta forma el fluir de la conciencia de los personajes, sobre todo de las dos mujeres, revela sus verdaderos sentimientos,  además de ser los fragmentos donde la rebeldía se manifiesta con más énfasis. Así, estamos ante una novela plenamente reivindicativa de la condición de la mujer que demuestra el carácter polidiscursivo que está llegando a tener la escritura femenina en la literatura paraguaya actual, como se demuestra en el fragmento de la obra que hemos seleccionado.

Fuente NARRADORAS PARAGUAYAS (ANTOLOGÍA)- JOSÉ VICENTE PEIRÓ, GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ- [recopiladores]. Edición digital: Alicante : BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES, 2000. N. sobre edición original: Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay), Expolibro, 1999.

 

 

   

RAQUEL SAGUIER (Asunción, 1942-2007)

(16-I-94 - ABC)

“El escritor no debe soslayar los problemas que vive el país”

Entrevista por VICTORIO SUÁREZ

( GENERACIÓN DEL 80 - LITERATURA PARAGUAYA )

 

A pesar de las asfixiantes nebulosas de una realidad indiferente, conviene señalar que un buen número de escritores –impregnados del aire que les toca vivir– intentan rescatar cierto protagonismo mediante la escritura. Específicamente, la narrativa paraguaya –a partir de los años ochenta– experimenta la irrupción masiva de mujeres que se dedican a la actividad creativa, hecho prácticamente inaudito en nuestro medio. Para ir ahondando en aspectos referentes a la actividad literaria, dialogamos con la novelista Raquel Saguier.

 

–¿Cómo se produce tu interés por la literatura? ¿Desde cuándo estás ejerciendo la tarea de escribir?

–Mi primera incursión –no oficial– en la literatura se da aproximadamente en 1964; con cuatro años de casada, entre pañales y biberones, escribí mi primera novela: “Los principios y el símbolo”, que presenté en un concurso literario organizado por el diario “La Tribuna”. Esta primera obra narrativa –cargada aún de algunas virtudes y muchos defectos– la conservo entre mis cosas queridas como testimonio vivo de una vocación que nació, creció y envejecerá conmigo. Disposición a la que inexplicablemente fui dejando para otro día, para más tarde, para después, para que no interfiera, quizá, con otros objetivos imprescindibles en la realización de toda mujer, cuya historia es absorbida de pronto por la vida, el marido, unos hijos a los que hay que ayudar a crecer. Pero ocurre que la vocación es una voz potente que se puede acallar pero nunca extinguir.

–Entiendo que después de realizarte como mujer, como madre, aparece “La niña que perdí en el circo”. ¿Se puede decir que se trata de un proceso regresivo hacia una infancia que abre sus alas para recrear etapas dentro de un ciclo temporal que nada ha borrado?

–Una voz me rondaba y por años le había vuelto la espalda: no la dejé hablar. Y un buen día, cuando todo parecía definitivamente quieto, el vacío y el silencio aumentaron con la ausencia de los hijos, que sin darme cuenta crecieron; entonces comprendí que el tiempo recorrido fue mucho más vasto que el que quedaba por recorrer, y opté por algo más, algo distinto, para que ese largo viaje no resulte del todo inútil. Con deseo imperioso de escuchar aquellas voces que ya había agotado el silencio, me puse a sacarlas del cautiverio y permití que me hablaran, que me dijeran cosas arrastrándose hacia el fondo, lejos. Y me metí con ellas en aquel recinto sagrado de mí misma en que la infancia y yo estábamos juntas. Sucede que los recuerdos que perduran de la infancia son aquellos que han calado más profundo, algunos por felices, otros por dolorosos. Y los demás se van yendo con el tiempo, languidecen, se desperdigan por tantos sitios, que una debe viajar interiormente para encontrarlos. “La niña que perdí en el circo” es, pues, un largo viaje que tiene dos puntos de partida, sin embargo, se trata de un solo viaje, porque la aparente división del personaje es una mera ficción surgida de la vida misma. La niña y la mujer son dos personas, se desdoblan –nunca dejan de ser una– y cada cual tiene su extremo, la niña desde su infancia y la mujer desde su adultez emprenden ese viaje sin tiempo que recorre paisajes, personas, tristezas y alegrías. Los diversos tramos del viaje corresponden a las diferentes etapas de la vida: el nacimiento, la muerte descubierta a través de una revolución, las vacaciones en que la niña vuelve a recuperar al padre, la pérdida de la inocencia, la desesperación de la niña al sentir que la mujer se le escapa, que va cumpliendo los años que ella nunca podrá cumplir, porque ella tendrá que seguir condenada a ser niña siempre; al largo silencio que sobreviene después, en que la mujer ni siquiera recuerda a la niña, ya que está demasiado ocupada en vivir. Hasta llegar al final, cuando ya no hay ninguna separación entre ellas, no existe distancia sino una fusión plena y total que realiza el milagro del encuentro, de ese beso que podría traducirse como: “Yo, mujer adulta, te acepto a ti niña, porque a pesar de todo lo que sufrimos juntas quisiera tenerte en los ojos por el resto de mi vida”.

–¿Existe una gran obsesión de rescate por la infancia y por esa identidad que fue transfigurándose en el tiempo? ¿Ha sido doloroso el encuentro contigo misma?

–Aquella niña forma parte de esta mujer que soy ahora. En el libro, cada frase, cada capítulo de su historia, fue como ir sacando la costra a una herida muy profunda, muy lejana, pero todavía sangrante y abierta. Una herida que cicatrizaría solo con la novela terminada.

–Antes de tu primera novela, estabas integrando el “Taller Cuento Breve”, entiendo que luego abandonaste la tarea grupal. ¿Por qué motivo?

–Integré el taller antes de escribir mi primera novela, pero dejé de participar en él porque creía que lanzándome sola podría aceptar mejor los desafíos. Si bien el taller puede ser importante para la formación técnica de cualquier escritor, creo que llega un momento en que hay que terminar con eso y marcar intereses bien definidos, sin distracción. Fue una experiencia difícil. Cuando uno comienza a raspar la herida y escribe, cada párrafo se trae consigo la marca del dolor y la revelación. Hay muchos renunciamientos y uno no puede perder el tiempo. La sistematicidad en el trabajo literario es exigente. Ahí se pone a prueba la verdadera capacidad creadora.

–¿Qué pasa con “La vera historia de Purificación”?

–En mi segunda novela, y en la que acabo de terminar, sucede lo contrario. Tuve que sacar el argumento de la nada, moldeando el barro de la imaginación para que del mismo fueran surgiendo la trama, las situaciones, los personajes, a los cuales hay que insuflarles vida propia para que puedan hablar, sentir y pensar como si fueran reales. Tan reales que el escritor no es un mero testigo que observa vivir a sus personajes, sino que participa de sus pasiones y la mayoría de las veces queda irremediablemente atrapado en la telaraña de sus conflictos.

–¿Hay diferencia de lenguaje y planteamientos entre tu primera novela y las otras que escribiste?

–El lenguaje de “La niña que perdí en el circo” es un lenguaje también de niño, fresco, espontáneo, pero no por eso más fácil. Porque ocurre que con la escritura no se puede improvisar, todo es producto de muchísima lectura, mucha constancia, mucha soledad, renunciamientos; mucho arrojar papeles al canasto de basuras. Pero un día aparecen las aves anunciadoras para revelar que la meta está cerca, que se huele; es decir, se escucha a través del aleteo. Entonces, todo aquel barro creador se ordena y empieza a tomar forma, color, consistencia. Esa experiencia lleva al camino correcto. En cuanto al lenguaje, en mis dos novelas posteriores es más elaborado, más maduro y, en consecuencia, más adecuado a los puntos que en su transcurrir se van tocando: la ambición de poder, la política, el sexo, la infidelidad conyugal, la corrupción, el sistemático resquebrajamiento de los valores morales, que inevitablemente conduce a la degradación del ser humano.

–¿Te sentís mejor escribiendo cuentos o novelas?

–Creo que soy una escritora de largo aliento, por eso me identifico más con la novela. Además, ya tengo determinada práctica escribiendo novelas.

–¿Cuál es el compromiso del escritor desde tu punto de vista?

–Creo que el escritor está comprometido con la época en que vive, no puede eludir la realidad social. No debe soslayar los problemas que aquejan a su país. Si bien la estética forma parte fundamental de una obra, ésta no puede ser hueca, sin contenido, debe tener siempre esa carga exorbitante que vive el hombre actual. El lenguaje, como herramienta comunicativa, tiene mucho que hacer para encarar las situaciones.

–Se habla de que el escritor paraguayo es tímido para producir. ¿En tu caso no se da tal concepto?

–No quisiera hablar de los demás. Pero creo que mucha gente se frena, tiene cierta languidez. Respecto a mí, puedo decir que estoy en permanente ejercicio, en constante lucha para producir algo nuevo. Escribir no es fácil. Terminar una obra me lleva por lo menos tres años.

Fuente: PROCESO DE LA LITERATURA PARAGUAYA - PERFIL HISTÓRICO, BIBLIOGRAFÍA Y ENTREVISTAS A LOS MÁS DESTACADOS ESCRITORES PARAGUAYOS. Por VICTORIO V. SUÁREZ. Edición corregida y aumentada. Asunción, Paraguay. 2011 (654 páginas)

 

 

 

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