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GONZALO ZUBIZARRETA UGARTE


  LOS ALTOS MUROS, DESDE LEJOS (Poesías de GONZALO ZUBIZARRETA-UGARTE)


LOS ALTOS MUROS, DESDE LEJOS (Poesías de GONZALO ZUBIZARRETA-UGARTE)

LOS ALTOS MUROS, DESDE LEJOS

Poesías de GONZALO ZUBIZARRETA-UGARTE

Colección Poesía, 12

© Gonzalo Zubizarreta-Ugarte

Alcándara Editora

Edición al cuidado del autor, C.V.M. y M.A.F.

Diseño gráfico: MIGUEL ANGEL FERNÁNDEZ

Viñeta: CARLOS COLOMBINO

Tiraje de 750 ejemplares

Inscripción solicitada a la Agencia Española del ISBN

Hecho el depósito que establece la Ley 94

Se acabó de imprimir el 27 de abril de 1983

en los talleres gráficos de Editora Litocolor

Asunción, Paraguay



A Teresa, mi mujer

a María Soledad, mi hija



PRIMEROS POEMAS


A VECES

Baranda de penumbra,

crujido que en desvelo me sostienes,

¿en qué sino se engastan tus pupilas?

Sólo quiero vivir para quererte.


Un viento que se escurre por la alcoba

se transfigura en duende

y, en un rincón más denso que la noche

incierta, te remueve.


Gracias a ti otra vez

las piedras resplandecen,

y tiene el alma viejas

umbrías de relente.


Eres como una lámpara encendida

detrás del tiempo breve,

como unos ojos cuya mirada

no termine de entenderse

pero que, en el silencio,

se alargue como un puente.


Yo puedo ser de nuevo

poeta cuando vuelves.


HOMECOMING

California

A Fernando Salcedo

Siempre que vuelvas,

habrá una puerta larga.


Y se abrirán abrazos,

exclamaciones, lágrimas.


Y las cosas tendrán la transparencia

de una penumbra blanca.


Intentarás hallar

el pulso de la vida cotidiana.


Y surgirán caminos

y puentes de la nada.


Pero sólo serás

discreta novedad por algunas jornadas.


Y finalmente partirás pensando

que el tiempo siempre gana.


Y quedará otra vez

la puerta clausurada.


AMANECER

Todo parece nuevo,

radiantemente limpio.

Lloran los verdes húmedos

frágiles amarillos.


Cómo la tierra siente

un dulce escalofrío.

Y es un cuenco de lágrimas

el horizonte herido.


La muerte es como un puerto.

El tiempo es un camino.


ATARDECER

¿Qué será?

Todos los sitios que amé . . .

acaso el oro viejo de la tarde.


No te vayas. Escúchame.

Tal vez el mar es nuestro todavía.


UN FANTASMA

Todos los hombres llevan

dentro de sí un fantasma

que tiene siempre el corazón de fuga

y una impronta inocente en la mirada.


Es gaviota sin mar

que se esconde detrás de graves máscaras.

Pero a veces se agita

sobre la claridad insomne de las sábanas

y susurra las claves

de sus puertas cerradas.


Nunca puede morir

en la memoria amarga

ni en los lentos bajíos

de la rutina diaria.


Sólo puede dormirse

en las grietas del alma.


ROSA LA CABILA

Nos dolía la tarde cuando vino

su ternura forjando

juncos bajo la lluvia. Como música

de organillo era el mágico

cristal de su mirada.


                                      Fuimos menos

pobres mientras estuvo a nuestro lado.


Si venía la sed

era sombra de cántaro.

Y con ese aire suyo

como dispuesto para un viaje largo,

nos conjuraba el viento,

las aguas y los pájaros.


Cómo se le esfumaban

las nieblas de París entre los labios

cuando hollaba caminos

más allá de las horas y el espacio.


Siempre podía estar

a lo lejos del hábito.


Una tarde se fue bajo la lluvia.

El tiempo se encendía en el ocaso.


CANCIÓN DE PRIMAVERA

La Muerte tiene azul

el alma marinera.

Quiere bogar

desde el fraude del alba.

             Nunca ceja.


Ya se arranca

la máscara de asceta

para ser otra vez

vulnerada inocencia.


La Muerte va vistiéndose

de luz, de sombra nueva.



POEMAS PARA JUDAS ISCARIOTE


JUDAS ISCARIOTE ANTES DE LA TRAICIÓN

Buscador de la voz,

de la cautiva, impostergable voz,

cuánto ya te conocen.


Te irás al alba, henchidos

los labios de tinieblas diminutas,

inerme caballero

con sólo una apetencia urgente en el corazón.


Y una sonrisa antigua

y una piedad sin voz te evocarán.


Porque soñando,

vagando, penando,

buscando la voz,

sudarás resplandores como lunas,

espejismos de nieve,

dunas de majestad y desamparo ...

sólo para comer, para dormir,

para no tropezarte en los caminos,

para morirte siempre hasta que mueras,

buscador de la voz.


APOTEOSIS DE JUDAS ISCARIOTE

Vivir es apretar, en los labios, palabras

que luego se pronuncian demasiado tarde.


Cada silencio

es una despedida inexorable,

la traición a una estrella que se queda sin luz

en el desván secreto de una imagen.


Y siempre se desanda el tiempo, paso a paso,

para encontrar una perdida llave.


Y brotan lentas voces. Y gesticulan pálidas.

Y se desplazan frágiles,

sin eco en otros labios.

Y una sombra remota las deshace.


Vivir, en las palabras,

es temblor de holocaustos insondables.


POÉTICA PARA JUDAS ISCARIOTE

Esa palabra que no se dijo,

esa estrella del agua que se perdió,

la puerta del tetrarca

que siempre se golpeó ...


MUERTE DE JUDAS ISCARIOTE

Te ceñía el sudor

como la sal del mar cercano.

Y en un instante, los horizontes

y el tiempo desfilaron.


Viste otra vez la espuma

de los acantilados

del alba, las esquinas

azules que ascendían como un cántico.


Luego te viste a ti mismo

trayendo el pánico

desde el polvo de los libros,

desde las páginas en blanco.


Y lejos de la selva,

cerca del mar inalcanzable al alcance de las manos,

te viste siempre, en las altas madrugadas,

viviendo en el pasado.


Esmeraldas de sal

brillaban como un sudario,

y una liana te ceñía

la garganta en el cadalso.


EL ESPECTRO DE JUDAS ISCARIOTE

Cuando de madrugada

los dormitorios velan

transpirando un sudor

de luna llena,

se oyen siempre chirridos

de enmohecidas verjas,

y se erizan de horror

hasta las piedras.


Lloran a carcajadas

las manos que se cierran,

las penumbras sin voz,

las sonrisas siniestras.


Y un Pie cojo se arrastra

crujiendo como la inocencia muerta.

Y se cae ... y se yergue ...

y se arrastra de nuevo como una larga pena.

Cada vez ... cada vez

está más cerca.


Un día llegará, de madrugada,

transpirando un sudor de luna llena.


TRES POEMAS DE AMOR


ATENEA DE SUEZ

California

Lejos de aquí,

en el estanque al alba

de tu casa derruida,

esa casa que nombrabas

en los sueños,

allá en tu tierra,

entre columnas blancas y cipreses

que acaso yo conozca

desde otra vida,

donde no existe el tiempo

de tus hijos extranjeros,

donde la Muerte es pequeña

porque la gente se va,

porque la gente se viene

sin por qué ni desde dónde,

tú, morena

y desnuda otra vez,

sólo nimbada

por el asedio

de las alondras,

podrás amarme

entre especias y recuerdos,

podría amarte

con tu culpa que es la mía.


Tú, fantasmal, apenas como una curva

de la lluvia en el viento;

tú, detrás de tantas muertes,

hoy has venido luminosa desde lejos,

desde una casa de campo,

una tarde de invierno,

tendida al lado

de crepitantes leños.


Yo anhelaba penetrar

en la hendidura de tu sexo.

Pero tú te escondías

en un recodo del tiempo.


Tú, a punto de partir,

viajera al norte sin regreso.


LA MUJER DE LA COLINA

En medio de la aldea,

hay una densa colina

de calígenes, memorias

y lunas que vigilan.


Una mujer vive allí. Tiene la voz del mar.

Nunca la vencen el tiempo y la rutina.


Las mujeres de la aldea

la nombran y se persignan.


Todos los hombres

sueñan con ella también en la vigilia,

mas no pueden

visitarla en la colina

y, cerrando los ojos, en una alcoba lejana

se acoplan con sus esposas, se acoplan con sus queridas.


Una mujer

-siempre esperando arriba-

sobrevive

solitaria, renacida.


DESDE LEJOS


BANQUETE

Era una mesa

de platos rebosantes y sencillos

con el aura fraterna

de mis amigos,

Miguel Angel, patriarcal,

bendiciendo a unos chiquillos,

José María, del norte a veces

pero cetrino,

nombrando nieblas ancestrales,

forjando símbolos.


Era una mesa larga.

Todos eran en la mesa bienvenidos:

los dos hermanos Díaz,

Sócrates, el filósofo nativo ...

y también el arribeño

desconocido.


Tal vez el pueblo

siga siendo el mismo.

Mas una casa está cerrada,

un corredor sin mesa

esté acaso derruido.


Tal vez algo para siempre

se haya ido.


POJU

Sí, nos amabas

con la paciencia de los fuertes,

pero habías

de marcharte alguna vez.


Negro perrazo arribeño,

una noche te acostaste

al borde de un camino

para morir en tu ley.


DISTANCIA

a Raúl y Graciela

Lejos que está tan cerca.

¿Pasado o porvenir?

¿Cuándo. . . ?


¿Cuando empecé a morir

recién salido de tu vientre, madre?


¿O la infancia?


Eranse cimitarras de cartón

y estrellas en el río,

Sandokán de la Siesta,

Duende de la Rabona

y las imaginarias

tortas de chocolate

junto a padres lejanos.


Después,

esa hombría naciente, solitaria.

¿Recordáis, tías muertas?


¿O acaso seas tú,

Patria mía?

                         Te quiero

alta sobre las piedras

virginales del alba.


Y el sueño es un camino,

un incierto camino,

un hollar de crepúsculos y auroras

a tu lado, Teresa,

los tres hasta la muerte.


Lejos que está tan cerca:

la noche blanca, el hijo,

la Patria nueva…


               ¿Cuándo… ?



CIFRAS


Una vez, con los ojos vidriosos, me dijo mi madre: "Cuando estés en cama y escuches los ladridos de los perros en el campo, escóndete bajo las mantas. No te mofes de lo que hacen: tienen una sed insaciable de infinito como tú, como yo, como todos los otros humanos de rostro alargado y pálido. Incluso te doy permiso para que, acercándote a la ventana, contemples ese espectáculo tan sublime" : Desde entonces acato la voluntad de la muerta. Lo mismo que los perros, experimento esa necesidad de infinito. . . Sin embargo, no puedo satisfacerla. Hijo soy de hombre y de mujer, según me han dicho. Lo cual me deja estupefacto ... creía ser algo más. Por otra parte, qué me importa mi origen. Si hubiera dependido de mi voluntad, habría preferido ser hijo de la hembra del tiburón, cuyo apetito es compañero de las tempestades, y del tigre cuya ferocidad es bien conocida: acaso no será yo tan malo.

Lautréamont


EL VIEJO DEL ANTIFAZ

De gafas negras, encorvado,

arrastraba las pisadas,

todos los días, como la Muerte.


La gente nunca decía nada.

Pero nosotros intuíamos,

con la sabiduría de la infancia,

su soledad,

su odio cuando pasaba.


Y corríamos despavoridos.

Y el viejo nos miraba.

Y había un resplandor

tras las gafas

cuando las manos

se le crispaban.


Muchas veces, en el sueño,

su sombra como un pez ...

su sombra nos rondaba.


VERTIENTES

Algún Don Diego de no sé cuánto,

hidalgo rústico,

Corregidor

de Indias y de la muerte,

déspota alucinado.

Y tú que llevas

la soledad a cuestas,

a cuestas los caminos

y el terror y la agonía

de la mujer que amaste,

espectro de la tierra,

muriendo siempre con el alba,

naciendo siempre con la muerte.


KURUPI

Tiene pisada de musgo

de luna llena.


Ha de amar como la Muerte.

Ama siempre por sorpresa.


Su sexo es como un río

soterrado de la selva.


NOCTURNO

Aquí, nosotros,

matando por el pan,

mintiendo por la vida.


Pero el tiempo se desboca

en el espacio

y, en la recta final,

sólo nos queda la imagen

de la inocencia,

latigazo de un fantasma.


Qué grotesca carrera hacia la muerte.


BIENVENIDOS

En una plaza

polvorienta, de siseos,

de briznas que se quiebran

en el silencio,

de pronto van apareciendo

túnicas grises,

antifaces y velos

que alargan las manos

y forman un ruedo.


Dicen que nos esperan

desde hace mucho tiempo.


Ya nos traen

manjares y refrescos.

Ya nos ofrecen albergue

y se declaran servidores nuestros.


Cometimos un error

al entrar en el pueblo:

somos intrusos;

nunca permitirán que nos marchemos.


POÉTICA

Una vez y otra

se quedan las palabras

entre los trastos viejos,

abandonadas.


Pero un día te duele, por ejemplo, esa pobre mujer

que se sienta en el banco de una plaza,

loca de soledad en su boa de plumas.


Y a pesar tuyo, se te vuelven imágenes la

                                      la sombra cotidiana

de su muerte, el sudor

de su espanto, su alcoba desvelada.


Y de pronto recuerdas

la inocencia del alba.

Y piensas en la sangre

temblorosa de tu hermana,

en tu mujer tan frágil, en tu hija tan pequeña,

en la cabeza blanca de tu madre.


                                Y dejas,

una vez más, constancia

de una protesta antigua que acaso se haga nueva

con el temblor que tienen tus palabras

cuando ves, por ejemplo, a esa pobre mujer

que se sienta en el banco de una plaza.


LOS LEPROSOS DE BANARAS

a la Madre Teresa de Calcuta

Aquí, en Banaras,

junto al río sagrado,

hoy me avegüenzo

de ser humano.


Mirad a ese brahmín

que va cruzando el mercado.

Nunca mira en torno suyo. Pasa como un fantasma.

Blanca la barba, blanca la tez, inmaculado.


Sí, aquí la vigilia y la luna horripilante

se han congregado.


Y yo recuerdo, siempre recuerdo

a ese viejo vestido todo de pardo

que pasaba por la acera de mi casa.

Yo me recuerdo de las manos

como garras, de la niebla siniestra de los ojos

y de aquello que dolía como el escarnio

de las sonajas.


Hoy me avergüenzo de ser humano.


Mirad a ese brahmín

que va cruzando el mercado

podrido de Banaras,

que va cruzándolo lejanamente blanco.



INDICE

PRIMEROS POEMAS : A veces, // Homecoming, // Amanecer, // Atardecer, // Un fantasma, // Rosa la Cabila, // Canción de primavera,

POEMAS DE NUEVA YORK : Hárlem, // Jerusalén, // Retorno, // West side story, // Stoned,

POEMAS PARA JUDAS ISCARIOTE : Judas Iscariote antes de la traición, 3// Apoteosis de Judas Iscariote, // Poética para Judas Iscariote, // Carta a Judas Iscariote, // Nocturno para la infancia de Judas Iscariote, // Claroscuro para Judas Iscariote, // Crepúsculo de Judas Iscariote, // Muerte de Judas Iscariote, // El espectro de Judas Iscariote,

TRES POEMAS DE AMOR : Atenea de Suez, // Tú, // La mujer de la colina,

DESDE LEJOS : Banquete, // Poju, // Distancia,

CIFRAS : Poética, // El del piso de arriba, // María del Rosario, // El viejo del antifaz, // Vertientes, // Kurupi, // Nocturno, // Barrio chino, // Costa del Mar Rojo,// Señal, // Solos, // Bienvenidos, // Poética, // Los leprosos de Banaras, // Crucificados,

HIJO PRÓDIGO: I al VII.

 

 




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