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TERESA MÉNDEZ-FAITH


  SOÑAR Y VIAJAR CON KARUMBITA LA PATRIOTA - Ensayo de TERESA MÉNDEZ-FAITH - Año 2014


SOÑAR Y VIAJAR CON KARUMBITA LA PATRIOTA - Ensayo de TERESA MÉNDEZ-FAITH - Año 2014

SOÑAR Y VIAJAR CON KARUMBITA LA PATRIOTA

Por TERESA MÉNDEZ-FAITH

 

 —Señor, ¿usted es oriental o argentino?

—Argentino, pero desde el catorce vivo en Ginebra — fue la contestación.

Hubo un silencio largo. Le pregunté:

—¿En el número diecisiete de Malagnou, frente a la iglesia rusa?

Me contestó que sí.

—En tal caso —le dije resueltamente—, usted se llama Jorge Luis Borges. Yo también soy Jorge Luis Borges. Esta­mos en 1969, en la ciudad de Cambridge.

—No —me respondió con mi propia voz un poco lejana.

Al cabo de un tiempo insistió:

—Yo estoy aquí en Ginebra [1918], en un banco, a unos pasos del Ródano. Lo raro es que nos parecemos, pero usted es mucho mayor, con la cabeza gris.

[. . .]

—Puedo probarte que no miento. Voy a decirte cosas que no puede saber un desconocido. En casa hay un mate de plata con un pie de serpientes, que trajo de Perú nues­tro bisabuelo. También hay una palangana de plata, que pendía del arzón. En el armario de tu cuarto hay dos filas de libros. Los tres de volúmenes de Las mil y una noches de Lane, con grabados en acero y notas en cuerpo menor entre capítulo, [. . .] un Don Quijote de la casa Garnier, [. . .]

No he olvidado tampoco un atardecer en un primer piso en la plaza Dubourg.

—Dufour —corrigió.

—Está bien. Dufour. ¿Te basta con todo eso?

—No —respondió—. Esas pruebas no prueban nada. Si yo lo estoy soñando, es natural que sepa lo que yo sé. Su catálogo prolijo es del todo vano.

Este diálogo está entresacado de las primeras dos pá­ginas de “El otro”, cuento de Borges incluido en El libro de arena (1975) donde se encuentran dos Borges: uno mayor de 70 años y uno joven de 19. El encuentro se produce en el contexto de un sueño que para el Bor­ges mayor tiene lugar en Cambridge, Massachusetts, en 1969, y para el joven sucede en Ginebra, Suiza, en 1918. ¿Quién sueña a quién y cuándo…? Aunque los detalles del relato permiten ambas posibilidades, que el joven Borges sueñe con su versión futura o que el Borges ma­yor sueñe con un momento vivido en el pasado, nos pa­rece más realista esta segunda interpretación ya que es más lógica y posible soñar con algo del pasado, vivido o recordado, que con algo futuro que aún no ha sucedido. En este caso, entonces, el Borges de 70 años, situado en Cambridge, MA, en 1969, sueña que se encuentra con “el otro” Borges en Ginebra en 1918. Es decir que el relato “El otro” es la narración de un sueño que tiene lugar en el pasado, 51 años atrás, y en el que convergen dos tiempos: 1969, el presente del soñador que sueña, y 1918, el pasado con el que sueña el soñador.

Karumbita la patriota1, el segundo relato de la saga “Karumbita” de Nelson Aguilera, es también la na­rración de un sueño que tiene lugar en el pasado, dos siglos atrás, y en el que igualmente convergen dos tiem­pos: 2011, el presente de la ya famosa tortuga-niña Ka­rumbita, y 1811, el pasado histórico con el que sueña Karumbita. Hasta aquí las similitudes con el cuento de Borges. Pero realmente, más interesantes que estas coincidencias —el uso del sueño y el de la convergencia de dos tiempos en el mismo relato— son las divergen­cias de estilo y estructura, porque son éstos los aspectos que dan originalidad a una obra literaria y reflejan las características individuales de la escritura y personali­dad de un(a) autor(a). A diferencia de “El otro”, cuento fantástico, filosófico, matizado de alusiones literarias, referencias intertextuales y más, de múltiples lecturas, para lectores cultos…, Karumbita… es un relato para niños, sencillo, directo, didáctico, de fácil lectura, len­guaje coloquial, gráfico y muy bien ilustrado. Es una novelita (o cuento largo) que desde la portada —título e ilustración— invita a la lectura y promete una expe­riencia de aventura histórica.

 

EL SUEÑO DE KARUMBITA

La acción de Karumbita la patriota tiene lugar dentro de un sueño que se sitúa en el momento histórico de la independencia de Paraguay, entre el 14 y 15 de mayo de 1811, y está enmarcada entre dos escenas paralelas y prácticamente idénticas que marcan el principio y el final del relato. Este se abre al principio del primer capí­tulo (“Viaje a 1811”) con el siguiente diálogo:

—¡Despierta, Karumbita, despierta!

—¡Déjame dormir un poco más, Anahí! Estoy can­sada.

—¿Anahí? ¿Quién es Anahí? Yo soy tu abuelita Jua­na María. (9)

La presencia de doña Juana María de Lara, personaje clave de la independencia y aquí ‘abuelita’ de Karum­bita, ubica este diálogo en 1811, dentro del sueño de la tortuguita-niña, indudablemente causado porque en la escuela están estudiando los eventos relacionados con la emancipación patria: “… en el colegio estamos estu­diando la época de la Independencia y a mí me gustaría ir a mayo de 1811” (23). Al final del relato se repite la misma escena del principio, aunque ahora el diálogo tiene lugar en el presente de la acción, ya no entre Ka­rumbita y su ‘abuelita’ Juana María sino entre Karum­bita y su ‘amiga-hermana’ Anahí:

—¡Despertate, Karumbita, despertate!

—Dejame dormir un poco más, abuelita.

—¿Abuelita? ¿Quién es tu abuelita? (93)

Este último segmento de Karumbita la patriota con que se cierra el relato, no solo pone fin al sueño de la tortuguita-niña, sus experiencias y participación en la víspera del 15 de mayo patriótico, sino que reafirma y deja en claro el carácter onírico de la narración y, al mismo tiempo, el por qué probable de dicho sueño, como se refleja en el diálogo posterior entre las dos ami­gas, Karumbita y Anahí:

—Karumbita, ¡no seas perezosa! Tenemos mucho que hacer.

—¿Qué tenemos que hacer? —preguntó, con los ojos aún cerrados y estirando las suaves puntas de su edre­dón azul. Sus manos lo reconocieron de inmediato.

—Tenemos exposición de historia en el colegio.

—¿Qué exposición?

—¡Sobre la Independencia! ¿Acaso ya te olvidaste? (93)

Es interesante constatar la presencia de algunos as­pectos relacionados con el uso de la lengua y la realidad cultural y social que caracterizan y diferencian cada uno de los dos contextos temporales en que se desarro­lla el relato: el de 1811, donde se sitúa la mayor parte de la acción, y el de 2011, donde se ubica el presente de los personajes: Karumbita y sus amigos-hermanos Anahí y Manuel. En el diálogo inicial entre la tortuguita huma­nizada y su abuelita, por ejemplo, se usa un lenguaje in­formal de tuteo más castizo y tradicional (“Despierta”, “Déjame dormir…”), reflejo del lenguaje familiar de la época, hace doscientos años, mientras que en el mismo diálogo paralelo ya situado en el presente de la ficción y año del bicentenario, se usa un lenguaje informal de voseo, cotidiano y coloquial, característico de esta épo­ca contemporánea (“Despertate”, “Dejame dormir…”).

Además de la diferencia lingüística entre el uso del tuteo o del voseo según el relato se sitúe en la realidad de 1811 o en la de 2011, hay elementos de vocabulario, costumbres, realidad social, etc., asociados con cada uno de los dos niveles temporales en que se mueve la ac­ción, y que apuntan al carácter esencialmente didáctico de esta obra, en particular porque en cada caso —pa­labras, costumbres, conceptos antes existentes o usados pero ya no ahora; o viceversa, vocabulario, ideas, obje­tos nuevos no existente antes pero corrientes ahora— dichos elementos quedan explicados y comentados por los mismos personajes en la narración. Así, personajes y lectores aprenden el uso y la definición de palabras y conceptos comunes relacionados con los dos siglos en que se mueven, entre ellos, en la época de la Indepen­dencia (1811): “boticario” (16), “recinto” (18) y “cirios” (42), y la realidad de que “en el siglo diecinueve la gente tenía esclavos en el Paraguay” (50); y “okay” (18), “cale­facción” (15), “control remoto” (15), “electricidad” (16), “asfalto” (26) y “championes” (51), y la realidad de la televisión y las computadoras (70) en el futuro-presente en que se sitúa la acción (2011).

 

KARUMBITA VIAJA AL 14 DE MAYO DE 1811

El viaje en el tiempo es un motivo temático recurren­te en la literatura de todos los tiempos2 y en particular muy usado en obras contemporáneas dirigidas a un pú­blico infanto-juvenil. Tanto en la literatura como en el cine abundan los niños y adolescentes que viajan a tra­vés del tiempo y algunos con destino específico a algún momento histórico pasado3. Similar al viaje de Karum­bita y Manuel al 14 de mayo de 1811, por ejemplo, es el del Sr. Peabody, un perro muy inteligente, y su niño-mascota Sherman, que viajan al 19 de octubre de 1781 en un episodio de la serie televisiva de dibujos animados La Improbable Historia de Peabody. Allí también ellos, como Karumbita y Manuel, son testigos del nacimiento de una nación independiente ya que llegan a ese pasado, en Yorktown, el día de la firma del acuerdo de rendición británica que marca el final de la lucha independentista de las colonias y el principio de la independencia de los Estados Unidos. Como Karumbita y Manuel conocen personalmente al capitán Pedro Juan Cavallero y otros patriotas de la independencia paraguaya, el Sr. Peabo­dy y Sherman conocen al general George Washington y otros líderes de la independencia estadounidense. Igualmente ambos, como Karumbita y Manuel, ayu­dan y participan en el momento de emancipación de su país, aunque sin cambiar ni modificar nada, ya que cualquier cambio o modificación del pasado tendría o podría tener consecuencias en el futuro, que en el caso de Karumbita la patriota —o de cualquier obra ficticia de contenido histórico real—, no se podría hacer por­que la historia está fija y no se puede cambiar; para eso no hay licencia poética y los autores que incluyen datos históricos en sus obras, como Nelson Aguilera en este caso, deben respetar la historia reflejada en su ficción.

En el caso de Karumbita la patriota, el viaje en el tiempo se sitúa dentro del sueño y está prefigurado o anunciado en las primeras páginas del relato, en la men­ción del túnel del tiempo que hace Karumbita. Ella se había despertado en casa de su abuelita Juana María y todavía no entendía lo que estaba pasando, se pregun­taba si estaba realmente en 1811, y por lo tanto la má­quina del tiempo operada por Anahí realmente había funcionado, o si estaba soñando: “¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Quién es esta señora? Su rostro me parece cono­cido… Y su nombre lo escuché en las clases de la pro­fesora Simona. ¿Será que me estoy volviendo loca? ¿O será que el túnel del tiempo me llevó a otra época?” (12). Este recurso del viaje a través del tiempo estructura la narración en dos planos temporales que alternan, en forma de contrapunto, entre pasado y presente-futuro. El relato se inicia en el pasado, con Karumbita situada en el escenario de la víspera de la Independencia, y se cierra con Karumbita instalada en el presente-futuro, despertándose en su espacio vivencial de mayo del 2011 (93). La obra está estructurada en un zig-zag temporal de va-y-viene en contrapunto de pasado a presente a pa­sado a presente a pasado [...] a presente. Ese zig-zag con­trapuntístico se mantiene igualmente dentro del sueño que termina inmediatamente antes de que Karumbita se despierte a su mundo ‘real’ de rutina escolar. En efecto, una página antes y en el segmento anterior, ya después de la rendición del gobernador Velasco, de las salvas de los veintiún cañonazos que anunciaron el nacimiento de una nueva nación y de los festejos de ese domingo, 15 de mayo de 1811 en las calles (90), “Karumbita y Manuel se encontraron tomados de la mano dentro del túnel del tiempo” (92) y de esa manera, felices de ha­ber presenciado la independencia de su país, pudieron regresar al futuro que, todavía dentro del sueño, resultó ser un despertar glorioso y festivo:

Todos los canales de televisión transmitían en directo para el mundo la gran hazaña de estos niños paraguayos y de su valiente tortuga. En el centro de la ciudad, se es­cucharon veintiún salvas de cañones, y fuegos artificiales iluminaron el cielo aquel 15 de mayo de 2011. (92)

 

ENSEÑAR Y ENTRETENER O ENSEÑAR DIVIRTIENDO

La lectura de este relato de Nelson Aguilera revela, si uno se sitúa en el momento de la escritura (2010, un año antes del Bicentenario de la Independencia), una intencionalidad obvia y puntual: llevar la historia patria a los niños y niñas (paraguayos en particular), hacerles conocer los eventos del 14 y 15 de mayo de 1811 y así hacerlos partícipes —siguiendo las vivencias y aventu­ras de la tortuga-niña Karumbita y su amigo-hermano Manuel— de la significación histórica del 14 y 15 de mayo de ese año del Bicentenario; a través de un relato relativamente breve, fácil de leer, ágil y divertido. Un detalle muy acertado de este relato, que refleja sensibi­lidad por parte del autor respecto al tema ‘género’, es el dar participación activa a ambos sexos, niños y niñas, rompiendo así con la presentación tradicional de género reflejada aún en muchas obras infanto-juveniles donde los niños varones son los protagonistas activos de la ac­ción mientras que las niñas se caracterizan por ser pasi­vas y aceptar el liderazgo de los niños. En Karumbita la patriota, los personajes femeninos (Karumbita y Anahí) colaboran con Manuel en la construcción del túnel del tiempo y los tres participan activamente en el experi­mento: Karumbita y Manuel como “viajeros” y Anahí como la “técnica” encargada de traerlos de vuelta a casa a ambos: a su hermano y a Karumbita. Como en otras obras del autor, en Karumbita la patriota, dedicada “A todos los niños y las niñas del Paraguay que siguen so­ñando con un país mejor”, se propone y practica no solo la igualdad de ‘género’, entre niños y niñas, sino tam­bién se valora la amistad y se estimula la participación y colaboración en equipo, como se ve en el siguiente diálogo entre Manuel y Anahí:

—Un momentito, hermanito. El dispositivo para atrapar la nube lo hicimos Karumbita, vos y yo. No quieras llevarte toda la gloria. Tenés que reconocer a los que trabajan contigo.

—¡Pero yo soy el cerebro de todo lo que hacemos1

—¡Ah, sí! Y Karumbita y yo, ¿qué somos? ¿Adornos? No, mi hijito. Aquí todos valemos y todos hemos apor­tado para construir este túnel del tiempo. ¿Quién te tra­jo las telas del viejo baúl de mamá? ¡Yo! ¿Quién cargó sobre sus espaldas los cartones que los supermercados desecharon? ¡Karumbita! ¿Y las tuercas, bulones, pa­lancas, cronómetros, chips, arandelas, botones, cables y pedazos de metales encontrados en cualquier esquina? ¿Quiénes los consiguieron? ¡Nosotras!

—Bueno, bueno, está bien. Ganaste. Todo fue pro­ducto de un trabajo en equipo.

—¿Y quién te guió para la conexión exacta de los ca­bles? ¡Nosotras!

—Bueno, perdoname, hermanita. Ahora, dejémonos de discusiones y manos a la obra. (35-36)

A través de las aventuras y experiencias de sus perso­najes, en Karumbita la patriota, Nelson Aguilera practi­ca la regla de oro de todos los tiempos de “enseñar y en­tretener”, y sus lectores, grandes y chicos, siguiendo los pasos de Karumbita, Manuel y Anahí, aprenden (algo de la historia, costumbres y vida en 1811), se divierten y disfrutan al mismo tiempo.

 

LAS HUELLAS DEL AUTOR

En la nota bio-bibliográfica del autor, que se encuentra al final de la novelita, leemos que a Nelson Aguilera…

De pequeño, su madre le contaba historias sobre la Guerra contra la Triple Alianza. Así fue como surgió su interés por la literatura. Es profesor de Lengua, Litera­tura e Inglés. También hace teatro y escribe poesía. (95)

De la misma manera como los hijos heredamos ca­racterísticas físicas y mentales de nuestros padres, somos reflejos de ellos, las obras que escribimos, nuestros “hijos textuales”, heredan o reflejan rasgos, incluyen huellas relacionadas con nuestras vivencias, experiencias e inte­reses o con nuestras actividades profesionales. No es de extrañar entonces que tanto el estilo como la estructura de Karumbita la patriota —como el resto de las obras de este autor— reflejen elementos, aspectos, huellas que provienen del contexto vivencial, de experiencias y pro­fesional de Nelson Aguilera, en particular de su interés en la historia, la lengua, la literatura y el teatro.

Pueblan el espacio temporal del 14 y 15 de mayo de 1811, donde se sitúa la mayor parte del relato, los pro­tagonistas y testigos de los eventos que culminaron con la Independencia del Paraguay. Allí están doña Juana María de Lara (abuelita de Karumbita en la ficción), los patriotas Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe, Juan Manuel Iturbe, el doctor Fernando de la Mora, Mauricio José Troche, y también están el Doctor Fran­cia, el gobernador Velasco… Reconocemos los nombres y las acciones y eventos narrados por haberlos apren­dido en la escuela y en los libros de historia patria. En la obra de Aguilera, Karumbita y Manuel conocen y ayudan a esos patriotas, viven ese momento histórico de independencia patria y a través de ellos, los lectores de Karumbita la patriota también participan de los eventos y aventuras protagonizados por la tortuguita-niña Ka­rumbita y su amigo-hermano Manuel.

El interés en la lengua se ve reflejado desde las pri­meras páginas en las secciones situadas en 1811 espe­cialmente, y se detecta en las preguntas y respuestas que se dan a menudo entre Karumbita y su abuelita, sobre palabras y conceptos específicos, algunos de las cuales ya incluimos aquí en una sección anterior (“El sueño de Karumbita”). También la estructuración del relato en dos niveles temporales, la separación gráfica con tres estrellitas para indicar el cambio de un nivel temporal a otro, los capítulos con títulos descriptivos que anuncian su contenido y las atractivas ilustraciones que resumen o recrean lo narrado en esa parte, revelan la mano-guía de Nelson Aguilera, el profesor de literatura que quiere ayudar —y ayuda— a sus lectores niños a entender me­jor lo que leen y así aprender y disfrutar algo de historia y realidad captadas en un texto literario.

Con algunos cambios, Karumbita la patriota podría fácilmente adaptarse al teatro. En la obra se cumplen las tres unidades: a) unidad de lugar (entorno de la casa de doña Juana María de Lara y la actual Casa de la Inde­pendencia), b) unidad de tiempo (las aproximadamente 24 horas que dura el sueño: 14-15 de mayo de 1811) y c) unidad de acción (eventos de la víspera y mañana del día de la Independencia). Y en cuanto a escenificación, se necesitarían básicamente sólo dos espacios en el esce­nario: uno para reflejar la Asunción del 14 y 15 de mayo de 1811 y otro para mostrar la Asunción de doscientos años después (14 y 15 de mayo de 2011), aniversario del bicentenario de la Independencia de Paraguay.

 

CONCLUSIÓN

Karumbita la patriota refleja su característica de obra de ficción desde el título, que anuncia a Karumbita, una tortuguita-niña, como la protagonista “patriota” del re­lato. Incluso los lectores que no entienden guaraní —y por lo tanto no saben que “karumbé” significa tortu­ga— pueden deducir, al ver la ilustración de la tapa, de que Karumbita la patriota probablemente cuenta la historia de una tortuguita y de lo que hizo para ganarse el calificativo de “patriota”.

Haciendo uso de dos recursos recurrentes en la lite­ratura, y también en el cine —el sueño y el viaje en el tiempo—, Nelson Aguilera escribe un relato que des­pierta la imaginación y atrapa el interés de sus lectores desde el principio. Como Dorothy en El sabio de Oz (de L. Frank Baum) o Alicia en Alicia en el país de las ma­ravillas (de Lewis Carroll), Karumbita sueña que vive y protagoniza una aventura maravillosa. En el caso de Karumbita, la aventura consiste en viajar en el tiempo, doscientos años atrás, ayudar a los patriotas y ser partí­cipe y testigo de la Independencia de su país. ¿Y cómo moverse por el tiempo? Como el Sr. Peabody (de la serie televisiva La Improbable Historia de Peabody), el prota­gonista de Doctor Who (de la serie televisiva de la BBC) o el de la película Regreso al futuro, Karumbita también viaja a través del tiempo en una máquina de tiempo. Leer estas obras y ver estas películas transporta a sus lectores y espectadores a mundos fascinantes y maravi­llosos que los divierten y entretienen.

Karumbita la patriota no solo divierte y entretiene sino que también enseña de una manera amena y vívi­da, con un lenguaje sencillo, frases cortas, diálogo ágil, un capítulo importante de la historia paraguaya —su nacimiento como nación independiente—, recreado en su contexto económico, cultural, social y político. Sin darnos cuenta, niños y adultos, lectores de esta obra de Nelson Aguilera, y de otras como Madame Lynch: Una reina sin corona o Pedro Juan Cavallero: el Patriota de la libertad, estamos aprendiendo historia desde la lite­ratura. Y para algunas personas a quienes no les atrae la historia, como es mi caso, creo que la mejor manera de aprender historia es a través de la literatura o el cine. Después de leer Karumbita la patriota y pasarlo tan bien con Karumbita, Manuel y Anahí, me di cuenta que en el poco tiempo que me llevó leer esta obrita aprendí (o reaprendí) mucho más sobre la independencia de mi país que en todas las lecciones de historia de mi época de escuela en Paraguay. La pregunta lógica es ¿por qué? Y la respuesta, que también ahora me resulta muy lógica está en la manera en que antes se enseñaba historia, o mejor dicho, en la forma en que a mí me enseñaron historia: memorizando nombres, hechos, fechas… y luego expo­niendo en clase, de memoria, la lección de historia asig­nada para tal o cual día. Si en mi época de alumna de tercer o cuarto grado en la Escuela Manuel Amarilla de Barrio Obrero o en la Escuela de San Pedro del Paraná, yo hubiera tenido la oportunidad de aprender historia paraguaya de los relatos y novelas históricas de Nelson Aguilera, estoy segura de que mi actitud hacia la historia sería muy diferente, porque lo que se aprende con placer no se olvida nunca. Y en las obras de carácter histórico de Nelson Aguilera, particularmente en Karumbita la patriota, se sueña, se viaja y se aprende con placer.


Nota de la autora: Este texto es uno de los 19 incluidos y pu­blicados en el libro “Sobre Karumbita la patriota y otras obras de Nelson Aguilera”, compilación de Teresa Méndez-Faith (Asunción: Criterio Ediciones, 2014), pp. 25-39.


REFERENCIAS

1- En este trabajo, todas las referencias y citas —incorporadas al texto con paginación entre paréntesis— corresponden a la siguiente edición: Karumbita la patriota (Asunción: Alfaguara, Editorial Santillana S. A., 2010).

2- El viaje en el tiempo está presente en la literatura desde tiem­pos muy remotos y ya aparece en las leyendas persas y árabes que luego influyen obras medievales como El Conde Lucanor del Infante Juan Manuel. En obras modernas y contemporá­neas está en La máquina del tiempo (1895) de H. C. Wells, probablemente la obra más conocida de viaje en el tiempo, en Un yanqui en la corte del rey Arturo (1888) de Mark Twain, Puerta al verano (1957) de Robert A. Heinlein, Cita en el pa­sado (1980; película con guión) de Richard Matheson, y en El mapa del tiempo (2008) del español Félix J. Palma, para dar solo algunos ejemplos.

3- En literatura infanto-juvenil abundan las obras donde niños y adolescentes viajan a través del tiempo, entre ellas: Alicia en el país de las maravillas (1865) de Lewis Carroll y El sabio de Oz (1900) de L. Frank Baum; y en cine: El niño invisible, la serie de Regreso al futuro, Time Bandits, Bill and Ted’s Excellent Adventure, Mr. Peabody and Sherman (de la serie televisiva de la BBC: Peabody’s Improbable History) y muchas más…

 

 

 

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SEP DIGITAL - NÚMERO 6 - AÑO 1 - DICIEMBRE 2014

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