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LEÓN CADOGAN


  BOMBAS, SECUESTROS, DROGADICTOS, Y EL PRECIO DE LA SOJA - Por LEÓN CADOGAN


BOMBAS, SECUESTROS, DROGADICTOS, Y EL PRECIO DE LA SOJA - Por LEÓN CADOGAN

BOMBAS, SECUESTROS, DROGADICTOS,

Y EL PRECIO DE LA SOJA

Por LEÓN CADOGAN (1898-1973)

 

         Hace unos diez días – escribo en fecha 24 de Julio de 1972  llegó a Asunción el Dr. Egon Schaden, titular de la cátedra de antropología de la Facultad de Filosofía, Universidad de Sâo Paulo, Brasil – Yo debo mucho a Egon Schaden: en 1950, más o menos, el entonces pontífice máximo de la antropología argentina, Imbelloni, se opuso a la publicación de mi colección de mitos, leyendas y oraciones mbyá- guaraníes titulada AYVU RAPYTA – EL FUNDAMENTO DEL LENGUAJE HUMANO, aduciendo que, siendo absurdo poner en boca de salvajes del neolítico semejantes conceptos (y se trataba de material que me había costado años de “sangre, sudor y lágrimas” recopilar), saltaba a la vista que la obra no era más que una burda falsificación, al igual que otras que se habían publicado en el Paraguay. Para Imbelloni, el “salvaje” era un eslabón entre las primeras bacterias que emergieran del limo primigenio, y el ser privilegiado, superdotado que es el hombre civilizado del siglo en que vivimos. Schaden no compartía esta opinión: habiendo realizado investigaciones de campo entre tribus primitivas, especialmente entre ciertos remanentes guaraníes dispersos por el Brasil, y habiendo estudiado la lengua, sus propios trabajos le habían convencido de la verdad de lo que afirmaban otros hombres de ciencia y su filosofía propias, comparables, en muchos casos, con las del civilizado. Y habiendo Schaden leído algunas de mis comunicaciones sobre mitología mbyá-guaraní, a mediados del siglo –no me acuerdo en que año– llegó al Paraguay en busca de datos para su obra: ASPECTOS FUNDAMENTAIS DA CULTURA GUARANI; me visitó, y me preguntó si no tenía algún material inédito. Le enseñé el original dactilografiado de AYVU RAPYTA, y en 1959 lo publicaba en el BOLETÍN DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA, CIENCIAS Y LETRAS de la UNIVERSIDAD DE SÂO PAULO.

 

Con motivo de su reciente visita a Asunción, el P. Meliá, en su calidad de Presidente del Centro de Estudios Antropológicos, fue a recibirlo en el aeropuerto; lo acompañó hasta su alojamiento, y lo trajo a casa, en donde pasamos la tarde charlando. Me preguntó cómo andaba y le contesté que el destino no había querido que cumpliera mi proyecto: dedicarme hasta los sesenta y cinco años más o menos a la recopilación de datos; luego de dedicar un año al estudio de la antropología o a las ciencias del hombre, con la ayuda de él y de otros colegas, dedicar el resto de mi vida a ordenar metódicamente mis trabajos dispersos. Un accidente cardíaco había frustrado mi propósito, a pesar del cual no podía quejarme: además de mis propias aportaciones, había obtenido que el CENTRE NACIONALE DE LA RECHERCHE SCIENTIFIQUE de Francia enviara a Paraguay una misión para estudiar la cultura guayakí. El resultado de este estudio estaba en prensa, a punto de salir a la publicidad, siendo su autor, el Dr. Pierre Clastres, la máxima autoridad contemporánea en tal materia. Su esposa, Hélene, quien le había acompañado, se había enamorado de la mitología guaraní; había dictado cursos sobre el tema, y acaba de presentar su tesis, la que fue aprobada con máxima distinción por una mesa compuesta, entre otros, nada menos que por el célebre Claude Lévi-Strauss. En cuanto a mis investigaciones entre Mbyá y Chiripá, y posiblemente entre los Pâi, otros subgrupos guaraníes, las proseguía el P. Bartolomeu Meliá, S. J., quien había visitado numerosas tolderías y recogido material valiosísimo sobre distintos aspectos de la cultura espiritual guaraní muy poco conocidos hasta la fecha. Que además, habiendo aparecido un grupo Guayakí distinto a los estudiados por Clastress, había convencido al Deutsche Forschungsgemeinschaft – Asociación Alemana de Investigaciones Científicas  –  que enviara al Paraguay a un brillante etnólogo, el Dr. Mark Münzel para que realizara un estudio metódico y exhaustivo de su cultura, estudio que permitiría a los especialistas seguir paso a paso la “evolución” de los procesos mentales de los pueblos guaraníes desde el Paleolítico hasta el presente. Agregué que, a pesar de haberse obligado a Münzel a abandonar el Paraguay antes de terminado su labor, había recogido datos de sumo interés; en el orden intelectual, por tanto, podía darme por satisfecho. En lo humano, empero, me sentía profundamente decepcionado… Y aquí intuyo oírte decir para tus adentros: “Ahora este viejo decrépito, amargado, va a endilgarnos un sermón acerca de atentados terroristas en el Belfast, Uruguay y Argentina; el secuestro de aviones; las sumas astronómicas que se invierten en drogas en el coloso del norte y en otros países… Pero no te apresures; ciertamente tengo la intención de dedicar unas brevísimas palabras a estos y parecidos problemas – Como el precio de la soja –, a guisa de epílogo de este capítulo.” Lo que dije a Schaden fue que el Departamento de Asuntos Indígenas, creado para defender al indio, estaba empeñado en capturar y esclavizar a los últimos guayakí, en una feroz campaña de genocidio que estaba costando la vida a decenas de estos infelices. Y que según datos fidedignos que había recogido, proyectaban también “amansar” aún más a los Mbyá a fin de convertirlos en siervos más dóciles del superhombre del siglo XX – Y que no protestaran cuando el superhombre les pedía una concubina.

 

Seguimos charlando, y le dije a Schaden que, como autodidacta que soy, me sorprendía lo poco o nada que la humanidad había avanzado moral, espiritual, mental e intelectualmente desde el paleolítico hasta el presente: El guayakí “sabe” – al igual que Darwin y Teilhard de Chardin – que el homo sapiens es un “producto de la tierra toda”, y de esto constituye pruebas irrefutables sus mitos, sus leyendas y su lengua. El Mbyá “sabe” – al igual que Laplace, P. ej., – que el comienzo del universo que conocemos fue una nebulosa ígnea como lo demuestra el Capítulo II de AYVU RAPYTA… y cosas por el estilo. “Entre nosotros, me interrumpió Schaden, Yo voy más lejos: a veces me pregunto si no nos hallamos en un evidente proceso de regresión…” y ahora puedo entrar en materia.

 

Bajo el título INDIGENISMO: MÉTODO DE INVESTIGACIÓN DE CAMPO, LA TRIBUNA, Asunción, 31 de Mayo de 1972, p. 10, se refirió a una conferencia organizada por el centro de estudios antropológicos, a cargo del Dr. Mark Münzel a quién ya he citado. “Un animado debate se originó, preguntas interesantes se produjo”, acota el articulista: “Por intermedio de grabaciones dio a conocer los detalles principales de su parte…” Y se preguntó si comprendía el significado de las palabras. El articulista no cita el nombre de quien formulaba la pregunta pero me informan que se trata del Dr. X… Quien además posee el título de Teniente Coronel, o sea una eminencia. El sólo hecho de formular una pregunta así a un científico como Münzel, recomendado especialmente para la investigación que estaba realizando, por el Prof. Dr. Otto Zerries, constituye un insulto, pero Münzel, conservando la sangre fría evidentemente, se limitó a responder que existían diccionarios y haciendo que los indios repitieran sus cantos, o sencillamente grabándolos, pudo descifrar el sentido de las frases.

 

Luego se habló del Dr. Münzel de la Colonia Guayakí, solicitándose las declaraciones del Sr. Miguel Chase Sardi, quién dijo: “No sé lo que ocurre, pero me parece que tienen algo que ocultar, por eso no admiten la presencia de los científicos en la colonia. Y no es el primer caso”. Por su parte P. Bartomeu Melià aclaró que al Dr. Münzel se le había pedido su retiro por incompatibilidad con el Sr. Pereira, encargado de la Colonia. “Lo triste de todo esto es”, indicó Melià, “es que después de su salida murieron más de cincuenta Guayakí. Por segunda vez se postergan los trabajos, ya van dos: Pierre Clastress y ahora Mark Münzel” terminó el P. Melià agradeciendo al Dr. Münzel y que lamentaba que las investigaciones tenían que quedar truncas, ya que el Dr. Münzel había sido declaro persona no grata para la Colonia Guayakí”. “En este momento el General Miguel A. Yegros lo interrumpió preguntando: Es que usted cree que los paraguayos no somos capaces de estudiarnos nosotros mismos. Si usted dice eso, yo no quiero permanecer en este recinto”. Y afortunadamente, parece que abandonó, efectivamente, el recinto; caso contrario, el P. Melià quizás le hubiera preguntado qué sabía él de lingüística, etnolgía, antropología, etc. (No hacía mucho que el ilustre general había dicho por radio que los guayakies tenían dificultad en pronunciar la s debido al hecho de llevar el labio inferior perforado). También quizás le hubiera dicho Melià que en cuatrocientos años el Paraguay no ha producido un etnógrafo que merezca el nombre de tal, etc., Por eso, repito, afortunadamente el ilustre  General – Lingüista – Antropólogo, abandonó el recinto, pues contradecir a un general en Paraguay…

 

A renglón seguido, un teutón de ilustre abolengo, a juzgar por el apellido: Von Thuemen – afirmó que “el Dr. Münzel fue separado de la colonia Guayakí por sus declaraciones hacia terceros completamente negativas y perniciosas para la administración…” Lo cual es muy cierto, pues en una carta abierta a la Comisión De Ayuda Indígena Guayakí, publicada en LA TRIBUNA, Domingo 2 de julio de 1972, habla de “masacre sin piedad de indios guayakí”; presenta pruebas de que “después de fundarse la Comisión de Ayuda, la extinción de los Guayakí se ha acelerado…”. Va más lejos aún: en ACCIÓN, Nº 14 – julio de 1972 describe la caza de guayakíes y su esclavización, en un artículo ilustrado con fotografías espeluznantes que recuerdan los campos de concentración en el que Hitler y Compañía exterminaban a los judíos. En síntesis, acusa a su ilustre paisano y a sus socios o cómplices por estar financiando el exterminio de un pueblo primitivo. Después de lo de “declaraciones completamente negativas y perniciosas…” von Thuemen afirma que la orden del retiro de Münzel vino por dos canales: la vía diplomática a través de la cancillería y del Departamentos de Asuntos Indígenas. A lo cual el Director de este Departamento agrega: “Este señor tiene ya malos antecedentes pues que ya fue echado del Brasil por los mismos motivos. Incluso el mismo embajador de Alemania le había emplazado para que abandonara el país antes del 30 de mayo”.  En una carta publicada en LA TRIBUNA el 8 de junio de 1972, el Dr. Münzel presenta pruebas de que todo esto es falso; y el mismo embajador, en una carta publicada el 15 de julio en el mismo, afirma que la embajada nada tuvo que ver en el alejamiento del Münzel. Ni el ilustre Teutón, ni el igualmente o más ilustre aún Coronel Ínfanzon reaccionan ante esta bofetada.

 

El domingo 2 de julio de 1972, LA TRIBUNA,  dedica una página entera a GUAYAKIES: SU SITUACIÓN, SUS PROBLEMAS ACTUALES. Se arma la gorda; el P. Melià y el Dr. Münzel (en su carta abierta ya citada), hablan de masacre, secuestro, venta de niño, y pintan un cuadro dantesco, horripilante del campamento guayakí. Por otro lado, el director del Departamento de Asuntos Indígenas afirma rotundamente que “Todo esto se debe nada más que a fábulas”; mientras von Thuemen afirma que los guayakí “se alimentan de fideo, arroz, carne”. Ignorando, seguramente que poco después se publicarían fotográficas de guayakíes que se morían de hambre. Pero esta vez, el ilustre teutón y el director del departamento responsable de la masacre cuentan con un poderoso aliado: además del ya citado General – Lingüista – Antropólogo – Etnólogo, etc. Interviene el General Ramón C. Bejarano, Presidente de Asociación Indigenista del Paraguay, quien no solo defiende, como fue su deber hacerlo, a su colega director del departamento, el célebre cazador y amansador de guayakíes, Sub – Oficial Manuel D. Pereira: “Él conoce a la gente, es querido por los guayakíes, entonces es la persona indicada. No se le puede cambiar”. A pesar de tal despliegue de fuerzas, LA TRIBUNA pone fin a la Mesa Redonda publicando la CARTA ABIERTA A LA COMISIÓN DE AYUDA INDIGENA GAYAKI con sus macabras revelaciones.

 

Se produce un compás de espera. Münzel regresa a Alemania; ya no constituye un peligro, pero las acusaciones que habían formulado eran grabes y hubo que refutarlas. Y el Departamento y sus aliados, cual una bandada de yryvú o buitres que se echan sobre un animal moribundo para arrancarle los ojos, se arrojan sobre Münzel. Se limitó a transcribir una pregunta que se formuló al Coronel Ínfanzon, Director del Departamento Indígenas, y su respuesta:

 

“¿Cuál fue el problema concreto con Pierre Clastres y Mark Münzel?”

 

Respuesta: – “Pierre Clastres desvalijó prácticamente a los indios, llevándose sus cosas típicas, arcos, flechas, artesanías, etc. Esto prueba su nivel moral. Con Münzel ocurrió otra cosa que no quisiéramos entrar en detalles (sic)”.

 

La odisea de Clastres va descrita en los anexos A, B y C de este relato. Sólo cabe agregar que copias de la presentación que hice al Juez de Paz de San Juan Nepomuceno fueron enviadas no solamente al Departamento de Asuntos Indígenas, el que, en manos de militares, deseaba liquidar moralmente a Clastres, sino también a dos ministros civiles. Y en aquella época hubo todavía ministros colorados que tenían la entereza de llamar las cosas por su nombre. Ambos me contestaron enseguida, informándome uno de ellos que habían intervenido nada menos que el Presidente de la República, además del Embajador de Francia, y Clastres pudo regresar a Francia con sus grabaciones, su material etnográfico y la colección de artefactos guayakíes para el Musée de L´Homme.

 

Pierre Clastres, a quien ya se ha citado, estuvo casi un año entre los Guayakí, y durante varios meses le acompañó su esposa Hélene. Él es, actualmente la autoridad máxima en cultura Guayakí, y acaban de escribirme desde París que por fin se ha publicado su libro. En cuanto a su mujer, ella se enamoró de la mitología guaraní, su tesis doctoral, que versa sobre este tema acaba de ser aprobada con las máximas distinciones por una mesa compuesta nada menos que por Lévi – Strauss, entre otros. En síntesis, Clastres y su esposa hicieron por el Paraguay lo que el Paraguay no pudo y no quiso hacer en cuatrocientos años – para ser insultados y vilipendiados, nueve años después de haber abandonado el país, por un sujeto acusado públicamente de ser responsable de la caza, la esclavización – con toda su secuela de horrores – de los últimos restos de la raza Guayakí, una de las más primitivas y menos conocidas de la tierra. A todo ello cabe agregar que él también llamó la atención a la deplorable situación en que se debatían los guayakíes esclavizados, como consta en el Anexo B. Más aún: a raíz de sus informes, un periódico de la capital muy leída en la época, destacó un reporte del campamento y publicó una crónica escalofriante a cerca de las condiciones allí imperantes. Eso fue motivo para que la bandada de buitres que llevan estrellas y entorchados, acompañadas por una jauría de chupamedias chauvinistas que nunca faltan en semejantes coyunturas, se les echara encima con intensión de liquidarles moralmente. Y si no consiguieron sus objetivos, ello se debe, como ya se dicho al hecho de que en aquella época hubo aún ministros civiles que se atrevían llamar a las cosas por su nombre. E íntimamente relacionada con este aspecto del problema, está una observación formulada con motivo del “festín de los buitres” del que se ocupa LA TRIBUNA en su edición del 15 de julio, columna cuatro, encabezada “Los poemas indios” y que dice: “Otros temas fueron tocados en la reunión. El Señor Holt señaló en una parte que “no eran reales los poemas indios escritos por el Padre Melià”. Y este Sr. Holt, ¿es antropólogo, lingüista, etnólogo, especialista en poesías indígenas, etc.? Nada de eso, es el gerente del Banco de América y contribuye con un puñadito de guaraníes para la caza de guayakíes.

 

¿Y el banco de América? Dicen que algo tienen que ver con las finanzas de ADELA, un consorcio multimillonario cuyo objetivo es el “desarrollo de la América Latina”, consorcio en que poseen acciones los Rockefeller y la FIAT, ésta de Italia, y que algo o mucho tiene que ver con la fábrica de aceite CAPSA. Es defensor de los intereses de este consorcio o serie de consorcios un “supercapo” del gobierno quien, con motivo de la visita de Nelson D. Rockefeller al Paraguay, hizo su panegírico con motivo del banquete de gala que le ofrecieron, olvidándosele tanto a él como a la nutrida concurrencia que le aplaudió frenéticamente, que los Rockefeller fueron los responsables de la guerra del Chaco, que le costó treinta mil vidas al Paraguay. El supercapo terminó su panegírico formulando votos porque en breve el Sr. Rockefeller fuera a la Casa Blanca como Presidente del coloso del Norte. En retribución, poco después, Rockefeller hizo el panegírico de los gobiernos militares de la América Latina, gracias a los cuales hay estabilidad y progreso, etc., etc. Personalmente escuché su discurso por la Voz de América, a lo cual cabe agregar que también, gracias a ello, – y de esto también se ha ocupado la prensa – CAPSA paga la soja a dos guaraníes menos el kilo de lo que pagan en el Brasil, hecho debido al cual los agricultores paraguayos, legionarios, apátridas y traidores intentan “contrabandear” su soja al Brasil. Y CAPSA – apoyado por el Banco de América, los Rockefeller, FIAT, el citado supercapo y sus secuaces, amenaza con cerrar su fábrica, dejando sin empleo a centenares de paraguayos. Mientras que el agricultor paraguayo, que no puede permitirse el lujo de la marihuana y la cocaína, consume cuando puede conseguirlo, caña de 18 grados, mata a su vecino y ultraja a la vecina. O, si puede reunir el dinero suficiente para pagar el pasaje emigra a la Argentina o al Brasil. Mientras los habitantes de otros países – inclusive los de algunos que tienen gobiernos militares tan patriotas y progresistas como el paraguayo – se consuelan con drogas, asesinan a mansalva, secuestran aviones, se convirtiesen en hippies. etc.

 

Nota: Para más datos acerca de este caso, v. mi carpeta

ARROYO MOROTI: Clastres, etc., Sección: CHANTAJE A CLASTRES

 

 

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