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OSVALDO BERGONZI


  LOS HEREDEROS DE LA ESPADA - Por OSVALDO BERGONZI - Año 2010


LOS HEREDEROS DE LA ESPADA - Por OSVALDO BERGONZI - Año 2010

LOS HEREDEROS DE LA ESPADA

 

Por OSVALDO BERGONZI

 

 

Registro del derecho de autor, Osvaldo Bergonzi

Primera edición: Mayo 2010

Impreso en Talleres Gráficos Emasa S.R.L.

Todos los derechos protegidos bajo la Ley N° 1328/98

I.S.B.N.978-99953-2-280-9

Diseño de Tapa: Mariana Bergonzi Morales

 Director de Edición: Santiago Bergonzi Morales

Asunción – Paraguay

2010 (168 páginas)

 

 

 

 

 

PRELUDIO

 

         El cetro español en 1808 ya no se halla bajo la conducción de monarcas como Isabel La Católica o Fernando de Aragón sino de hombres pequeños como el rey Carlos IV o su hijo Fernando VII. España, a diferencia del reino de Inglaterra no supo conducirse con honorabilidad respecto de las pretensiones napoleónicas, a pesar de contar con un pueblo valiente y corajudo como el que más pero que sin conductores dignos de respeto no pudo impedir la invasión del país por el nuevo árbitro de Europa y emperador de los franceses, Napoleón Bonaparte.

         Esta noticia sensacional llega a América poniendo inmediatamente en la cuerda floja los lazos administrativos con la metrópoli del viejo mundo en estas latitudes. Del poder proveniente de Dios, los monarcas reparten una migaja a sus representantes en el nuevo mundo sea bajo el instituto de virreinatos o capitanías según cada lugar y circunstancia. Estos a su vez delegaban el poder a los gobernadores de cada provincia sometida a su jurisdicción. Pero un hecho nuevo como la señalada invasión inmediatamente convulsiona a la América hispana pues los poseedores de los sellos reales están presos o escondidos, a la vez que ni entre ellos se llevan bien a pesar de tratarse de padre e hijo. Al principio parece que España seguirá en la liga napoleónica, consecuentemente sus dominios allende el atlántico supuestamente quedarán resguardados. Pero Inglaterra así como apoyaba a Portugal, vio en España la tabla salvadora y buscó su alianza. Fracasado su plan debido a la iniciativa del emperador francés, se lanza a conquistar el Río de la Plata y con ello comienza una nueva historia sudamericana entre los futuros países tributarios del río de la plata, a los cuales se agregan Chile y Perú. En cada una de las cruzadas de libertad se hallarán hombres lúcidos y con sentido de patria. Otros, más empecinados en sustituir a los españoles en los altos cargos públicos, mostrarán su verdadero rostro. Algunos, nos dirán cómo el hombre reacciona ante el poder y cómo las historias de intrigas y traiciones se repiten.

         Esta visión se ampara en la trayectoria de la espada de José de San Martín quien una vez de regreso a su terruño cambiará el curso de los acontecimientos, todavía inciertos, luego de la retoma del poder por el monarca español y el exilio definitivo de Napoleón en Santa Helena. Este autor no pretende hacer historia convencional sino rescatar de los documentos confiables la esencia fundamental de cada uno de los protagonistas en lo que fue el antiguo virreinato del río de la plata.

         Hay documentos y documentos, depende de quien venga. Hoy día se investiga mediante reportajes a los protagonistas directos como sucede con los hechos de la segunda guerra mundial que desmienten muchas patrañas contenidas en documentos. No siempre lo que se escribe tiene validez sino se proyecta en el tiempo. Por eso, la documentación histórica debe ser equivalente en cierta medida a la jurisprudencia de los países sajones y anglosajones, es decir, en la repetición constante y uniforme de los fallos sobre una misma cuestión. En nuestro caso, la postura o reacción repetitiva del protagonista cada vez que se encuentra sometido a prueba respecto a la causa por la cual lucha sea cual fuere el escenario. De manera que nuestro estudio abarca en alguna medida los valores vigentes a principio del siglo XIX para poder justipreciar acciones así como no escapa del contexto el origen social de cada actor y su aspecto psicológico. En cierto modo nos hemos colocado como abogados de cada uno de nuestros personajes centrales, desde San Martín, Artigas, Rosas y Solano López, así como de los demás protagonistas que convivieron con ellos. Algunos muy antagónicos pero también precursores de la independencia de América. Por otra parte, queda aclarado que hemos elegido a San Martín como símbolo, no solo por haber sido el libertador de medio continente, sino por ser él, el único que no cae en las cenagosas aguas de la política, en consecuencia, su espada no se desenvaina nunca para matar hermanos.

         Por su parte el prócer, antes de morir, dicta su testamento y lega su espada al general Juan Manuel de Rosas. ¿Por qué realmente lo hace?, lo veremos desde nuestra perspectiva. No obstante, José Gervasio Artigas debió ser el primer heredero, pero por su desaparición prematura del escenario por causas ya conocidas pero no suficientemente analizadas, no le pudo corresponder tan justiciero honor.

         Trascurridos los años, el General Rosas, dicta en 1869 su testamento y lega a su vez la suya con los argumentos de San Martín, al Mariscal Francisco Solano López. Así concluye la trayectoria de la espada.

         Pero como quedan algunos matices adicionales respecto a la causa por la cual Rosas lega su espada, se incluye un quinto capítulo final para señalar con nombre y apellido a los responsables directos del genocidio paraguayo durante la guerra de la Triple alianza, sus autores, cómplices, instigadores y encubridores, cosa que hasta el momento no ha sido aún muy bien aclarado.

         Tropezamos con la negativa del gobierno del Brasil de no destrabar la correspondencia privada del emperador Pedro II con su yerno Gastón de Orleáns, Marqués de Caxias, José Maria de Silva Parahnos y la de ellos entre sí. En el año 2004 el presidente Lula Da Silva anuncia que los documentos serán en breve puestos a disposición de los investigadores, pero ni bien lee algunos de ellos, se echa atrás diciendo que los mismos harán más daño que bien. Posiblemente sea el único país de la tierra en guardar documentos de los cuales se avergüenza.

         Pero aún así pudimos reconstruir tales documentos partiendo de uno fundamental suscripto en 1867, el que fuera avalado por la conducta repetitiva del remitente de la carta, de negarse al exterminio desde esa fecha hasta su retiro definitivo del teatro de operaciones en enero de 1869, por decisión unilateral, desobedeciendo así a su monarca y a su gobierno, a quien para acallarlo lo convertirán en Duque de Caxias, el único plebeyo en alcanzar este título de nobleza durante el imperio.

         Finalmente, por una casualidad, hemos rescatado un testimonio inédito guardado en un viejo baúl durante casi 140 años que aclara definitivamente la conspiración contra el Mariscal López. Los investigadores publicaron con otro propósito, el de estudiar las relaciones diplomática entre los Estados Unidos de América y el Paraguay. No obstante, al final del diario íntimo del ministro residente americano aparece la parte del rompecabezas que falta colocar para cerrar definitivamente aquel círculo de miserias.

         Este libro ha sido escrito porque creemos que faltaba uno de su tenor del lado del Paraguay que a lo largo de su historia se encierra en ella sin salir de su caparazón, privándose así de conocer más a profundidad a los auténticos forjadores de la América del Sur. Salvo el caso de Efraín Cardozo, Julio Cesar Chaves, Rafael Eladio Velásquez y Antonio Ramos, entre otros pocos, no nos hemos preocupado de indagar más a fondo en la vecindad, con una riqueza enorme en episodios apasionantes. Esperemos que la obra sea del agrado, particularmente, de los lectores argentinos, uruguayos, chilenos y peruanos con lo cual nos sentiremos satisfechos.

         Hemos encarado la tarea con la mayor objetividad posible, o por lo menos, eso procuramos. Si lo logramos, no seremos nosotros en juzgarlo así.

 

         O.B.

 

 

CAPÍTULO CUARTO

 

SOLANO LÓPEZ: GLORIAS Y MISERIAS

 

         Hay veces que las coincidencias son notables. Por cuatro días de diferencia respecto del general Francisco Solano López, su homólogo de la Argentina, Bartolomé Mitre, asume la presidencia de su país el 12 de octubre de 1862. El paraguayo jura el 16 de ese mes. Ambos no son electos en comicios populares sino a través del congreso. Sin embargo el uno será el demócrata y el otro bárbaro.

         Ya habían adelantado miembros del cuerpo diplomático acreditados en Buenos Aires a sus respectivas cancillerías, así como comentarios de numerosas personalidades argentinas, que el Pacto de San José de Flores, fue una argucia. Jamás respetarían la autoridad de Urquiza, y a la constitución le harían varios afeites previos antes de aprobarla. Y así fue. Por eso viene el enfrentamiento armado en Pavón.

         Hay una incógnita. Nadie ha podido dar una explicación razonable a la actitud de Urquiza. Al principiar, la batalla, la misma parece calcada a la de Cepeda. La victoria caía de maduro. Hasta ahí la inmensa mayoría coincide. Lo que no se explica es la retirada del máximo jefe. Para qué salió y expuso a sus hombres si iba dar marcha atrás. Por eso varias provincias no reconocieron la victoria. Nuevamente nos encontramos ante un caso insólito. ¿Será que apareció un nuevo Honorio unitario con los patacones?

El que goza de fama de venderse por dinero al mejor postor se expone a que se conjeture que salió en campaña para aumentar el precio y luego apretó el cuello del inoperante enemigo para subir la paga. De lo contrario, no se explica que el peor conductor de soldados en la historia de la Argentina haya vencido a quien sin ser una lumbrera militar lo pasaba por encima.

         Un nieto de griego - genovés, de porte quijotesco se lleva las palmas de la victoria, la más extraña de Sudamérica. Salvo las batallas de la independencia libradas en el Brasil donde por poco no se rendían por el número de efectivos de cada lado, no existen otras tan paradojales. Se sabía muy bien que constituía una comedia de valor entendido entre padre e hijo para salvar las apariencias. Así se produce el Grito de Ipiranga en que el creado se rebela a su creador pero confabulados ambos para fundar el gran Imperio esclavista de América. Aparte de eso, la batalla de Pavón no tiene parangón.

         En este año de 1862 se inicia una correspondencia entre Solano López y Mitre muy interesante. Cuando uno lee esas cartas los dos parecen unos pugilistas que se estudian antes de tirar sus golpes. Más ladino el argentino, pues al paraguayo se lo nota desinformado. Peor aún, dirige sus pasos conforme a las crónicas de los diarios bonaerenses sin percatarse de la trampa y del peligro que ello implica. En ese aspecto Mitre tiene ventaja pues la libertad de expresión no encontró tierra abonada en el Paraguay. Este es uno de los detalles fatales. Sin prensa libre uno se halla en desventaja. En cambio en Buenos Aires, acostumbrados sus gobernantes a recibir críticas, hasta si se quiere, despiadadas, consiguen descubrir el know How, como en la actualidad se dice, para salir de la tangente o encontrar el modo de cómo resolver problemas. En esta parte tienen razón los que afirman que el Paraguay de los López guarda algún parecido con los tiempos de Rosas, no obstante éste, de cuando en cuando abría las compuertas a diarios no precisamente propiedad de sus devocionarios. Lo hacía para conocer lo que piensa el adversario y más tarde cerrarlos si ello implica peligro. La ausencia de prensa libre constituye una desventaja para los gobiernos autoritarios pues los mismos se privan de conocer el reverso de la moneda. A través de la prensa libre uno sabe quiénes son los amigos y quiénes son los enemigos. Una sumisión absoluta al poder, hace que el gobernante cierre los ojos ante lo más valioso que es, ¡la información! Esto le sucedió a los López. Además, como ya apuntáramos, ambos mantuvieron a gente de escaso nivel con el titulo de cónsul en el exterior en lugar de designar ministros residentes. En Montevideo se lo nombra a Juan José Brizuela, compañero de juergas de Solano López en París durante la misión extraordinaria de 1853 a 1855. Y conste que el mismo era bastante instruido. En Buenos Aires lo designan a Juan Bautista Eguzquiza, más un comerciante preocupado en el negocio de exportación de yerba que un diplomático. En Entre Ríos y Santa Fe se lo envía a Rufo Caminos, un viejo digno, astuto pero sin la cultura requerida. Ese era el servicio diplomático del Paraguay en el río de la plata antes de la guerra de la Triple Alianza. En Europa se destaca a Cándido Bareiro por su cultura, pero lamentablemente claudicará durante la guerra y se hará traidor. Por eso es reemplazado por Gregorio Benítes, lo mejor que tuvo el Paraguay en el servicio exterior. Sus memorias diplomáticas son elocuentes. No obstante, ninguno de los nombrados llegará ni lejos al estatus de Juan Andrés Gelly.

         Gelly tiene amigos entrañables en la Argentina, su primera patria. Estaba informado del cobro de los patacones y de los términos de la traición. Además el desfile brasilero en Buenos Aires le habrá caído como una patada al corazón, tan luego a él que vio nacer esa nacionalidad, más aun, a su edad provecta cuando más sensibles se sienten las personas. Esto no podía perdonarle a Urquiza. Para colmo de males es bueno recordar que Francisco Solano López en 1853 en su viaje a Europa, pasando por Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro quedó en esta última capital para saludar al Emperador. En compañía de Gelly se dirigió al Palacio de San Cristóbal. La entrevista fue personal (Diario de viaje, obra citada, pero sin entrar en detalles de la entrevista.)

         No existe documentación. Pero si se supone que la inteligencia brasilera estaba informada para entonces de los contactos con astilleros y fabricas de cañones y fusiles hecho por el doctor Juan Andrés Gelly en Europa. El viejo solo lo comentaba con su hijo adoptivo, Francisco, pero éste, quizá por su inexperiencia, le sacó las uñas al emperador anunciándole que el Paraguay se armaría hasta los dientes. Además, al monarca no le cayó nada bien la insinuación que le hizo respecto a su hija Isabel. Varios autores citan sin sustento documental tal cosa pero algo de verdad hay pues en adelante el emperador le toma una ojeriza a Solano López que solo finalizará el 1 de marzo de 1870. Aunque los planes del Imperio, como se vio, ya se encontraban diagramados. Por otra parte, la presencia de Gelly no era bien vista en la corte luego de su comportamiento impertinente de 1845. Para los brasileros se trata de dos buscapleitos que andan juntos y por tanto peligrosos para los intereses del Imperio.

         Gelly se aferró a Francisco Solano López a quién instruyó desde que piso tierra paraguaya como señaláramos. Este le devolvió con treses su cariño. Basta comprobar el trato filial en las cartas del futuro Mariscal. Por orden del general los médicos visitan al viejo político. Francisco Solano lo hace casi diariamente cuando se encuentra en la capital. El ya le viene exigiendo a su padre para llevarlo como consejero en la próxima misión a Europa. Gelly se constituirá en la figura principal de la expedición después del general. (Ver cartas. Con la rúbrica del Mariscal 12 tomos y el diario de viajes de Rómulo Yegros, obra citada.)

         Por eso el caudillo entrerriano en esta época tenía dificultades en el Paraguay. Al principio, el inmediato reconocimiento de la independencia en 1852 y el tratado de límites firmado por Derqui causaron un efecto en el viejo López el cual supuso que las acusaciones de Gelly contra Urquiza eran el fruto de años de enfrentamientos. Pero al no ratificarse las cláusulas del tratado de límites, afloró la verdad de la acusación y Urquiza quedó mal parado ante el presidente del Paraguay. Gelly ya identificaba al Brasil como al enemigo verdadero. Pero el viejo López no se convencía hasta que en 1855 se entera que una formidable flota de acorazados zarpó de Río de Janeiro para obligarlo por la fuerza de las armas a suscribir el tratado de límites que convalidaba el uti posidetis juris vigente desde el tratado de San Ildefonso de 1877 entre España y Portugal por casi 150.000 kilómetros cuadrados, además de los 80.000 kilómetros cuadrados de el actual Mato Grosso do Sul como tierra de nadie entonces. El despojo bien programado se estaba gestando. Los brasileros, aprovechando la ausencia de Gelly y Francisco Solano, entonces por Europa firmando tratados, se lanzaron a la aventura mientras el solitario presidente echaba espuma por la boca. Quiso el destino que los ilustres viajeros arribaran a Asunción en enero de 1855, unas semanas antes de la llegada de la flota compuesta por más de 20 navíos de guerra y 3.000 efectivos de desembarque. Pero el Contralmirante Oliveira al ver desplegados los cañones en Humaitá no se animó a proseguir y aceptó ir solo con un buque conforme a las exigencias del presidente López. Una vez en Asunción se lo designa al general Francisco Solano López como negociador, mientras entre bambalinas alguien le preparaba su artillería diplomática. Oliveira se vio envuelto en el frente y en la retaguardia firmando un instrumento favorable al Paraguay. De regreso a Río de Janeiro lo acusan de traidor cuanto menos mientras el viejo zorro y Francisco Solano al recibir tales informaciones periodísticas no podían ocultar su alegría. Justo los dos a quienes los brasileros quisieron esquivar le dieron el mazazo. Es que desde 1845 en las esferas oficiales en la capital carioca se comentaba en voz baja "E muito perigoso u doctor Gelly". (Juan Andres Gelly, Antonio Ramos, obra citada)

         Pero qué había hecho Urquiza durante el suceso. En Asunción, se enteraron que les dieron abundante carbón a los brasileros en Entre Ríos y Corrientes, además de comestibles a granel, posiblemente a precio vil. La plata era lo que contaba y Urquiza cuando veía los patacones perdía el juicio. Los brasileros pagaban sin chistar la suma que se les pedía. Esto lo terminó por sepultar con el viejo López. El traidor debió aguardar hasta 1857 para volver a tender sus tentáculos. Ese fue un año dorado para él; murió el viejo Gelly. A partir de allí comienza su seducción con Solano López. Lo nombra padrino de una hija habida con la señora Costas, lo llena de halagos. Qué no hace para recuperar el cariño del Paraguay. Pero nada es suficiente para el viejo López.

         Pero para suerte de Urquiza viene una nueva invasión contra el Paraguay en 1859. Esta vez procedente de los Estados Unidos. Son 19 los buques de guerra y un comisionado civil del gobierno de la unión, James Bowling. La misma protección que Inglaterra daba a sus súbditos banqueros y especuladores otorgaba este nuevo Estado a sus comerciantes aventureros. Un sujeto apellidado Hopkins firma un convenio con el viejo López. Su negocio fracasa, entonces busca un pretexto, el enfrentamiento de su hermano con unos soldados. Poco antes una cañonera, Watterwich, bajo el mando del Capitán William Jefferson Page adaptada a aguas pocos profundas y supuestamente con fines científicos tropieza con una intimación en Itapirú, en la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay. Los marinos americanos al parecer no entendieron o no quisieron entender la intimación del fuerte paraguayo. Viene un primer disparo a 100 metros de la proa, luego otro más cercano. Finalmente se dispara directo a los intrusos ya dentro del canal paraguayo, es decir, dentro de sus aguas territoriales. El navío pierde dirección pues el disparo dio en el timón. Muere el timonel. Entonces se dejan llevar por la correntada y regresan a Corrientes de donde vinieron. (La expedición norteamericana al Paraguay. Pablo Max Insfrán, versión en inglés y en castellano)

         Esta es la gran oportunidad de Urquiza para recuperar prestigio. Ya no se halla nadie para estorbar. A Francisco poco a poco lo va conquistando. Solo falta el padre para completar el cerco. Inmediatamente se adelanta a los acontecimientos logrando el consentimiento de los Estados Unidos y del Paraguay para intervenir en calidad de mediador. El cañonero Tacuarí, buque insignia de la marina paraguaya, va a buscarlo a la ciudad de Paraná. (Expedición americana, obra citada)

         Parece un chiste, una costosísima flota enviada para reclamar un negocio de poca monta y por la muerte de un marinero. Pero el mensaje no constituye el costo del viaje sino una advertencia a los nuevos países recién independizados. Con los americanos hay que conducirse como con los ingleses. Esto no le debe haber gustado al premier John Russell. Inglaterra ya tiene un competidor en América. Es la primera invasión de los Estados Unidos a Sudamérica.

         A su llegada, Urquiza es recibido con honores. Su amigo Francisco Solano López lo hospeda en la mejor mansión de Asunción (Nota del autor: Propiedad de Carlos, Adolfo y Fernando Saguier. En la actualidad ya demolida y convertida en un Shopping céntrico) Pero al viejo López no lo conmueve su presencia. Su actitud con Oliveira y la invasión brasilera no se le ha olvidado. En una entrevista, tras decirle a Urquiza algunos improperios guardados por varios años, le golpea la mesa y casi tira el tintero. Urquiza furibundo, reacciona, se levanta y por poco no saca el revólver. El viejo López se pasa de revoluciones en la ocasión quizá acordándose de las advertencias de su amigo Gelly. No obstante, al individuo a quien tiene enfrente es nada menos que el presidente de la Confederación Argentina. Francisco Solano inmediatamente interviene en favor de su nuevo amigo y la cosa no pasa a mayores. Cuenta además Urquiza con el asesoramiento de Tomás Guido, el canciller de San Martín en Chile y Perú. Este se encarga de suavizar las cosas. Se suscribe el acuerdo Bowling - Vazquez. El Estado paraguayo indemnizará a la esposa del timonel con 10.000 dólares. El caso Hopkins será sometido a arbitraje en los Estados Unidos. (La invasión, obra citada. Nota del autor: Es bueno agregar que el arbitraje fue favorable al Paraguay lo cual habla a favor de la justicia americana.)

         Luego de la firma del acuerdo el viejo López se ablanda con Urquiza. Le estrecha efusivamente las manos y lo palmotea cariñosamente. El zorro de Paraná ha completado el cerco. La causa del Paraguay ha sido ganada. Es el soporte que necesita para roncarle a Mitre y a los unitarios.

         Sin embargo, lo llamativo constituye la ausencia total de diplomacia rioplatense en el Paraguay, salvo el caso del Uruguay que recién se acuerda del Paraguay cuando en su territorio las papas queman. En cambio el Brasil mantiene desde larga data consulados y un ministro extraordinario o residente en ocasiones. La información es vital e Itamarati lo sabe.

         Allá a las cansadas, a pedido de Urquiza, Elizalde lo nombra cónsul general a Adolfo Soler, un comerciante argentino casado con la paraguaya Carmen Jovellanos y sobrino de Gregorio Goyo Soler, poderoso exportador y estanciero de la provincia de Buenos Aires quien muchos años más tarde presentará su candidatura a la presidencia de la Argentina pero renunciará a favor de su intimo amigo, Julio Argentino Roca. Su hijo, también Gregorio, llega a Asunción para visitar a sus parientes el 30 de marzo de 1865 en el paquete "Salto", cuyo propietario, Anacarsis Lanús, traía una carta autógrafa de Mitre. Lanús, amigo de ambos presidentes, deseaba fervientemente evitar el conflicto bélico con la Argentina. (Los Soler, Luisa Urquiza Soler, Entre Ríos 2006. Registro de pasajeros del Salto. Archivo Nacional de Asunción. El Círculo de San Fernando. Osvaldo Bergonzi. Editorial comuneros, 1998)

         La misión Lanús fracasa pues el 16 de marzo de ese año el congreso reunido en Asunción declara la guerra a la República Argentina, es decir, el emisario lamentablemente llega tarde. Lo que no sabía Lanús es que el gobernador de Corrientes - Lagraña. - a través de sus espías en Asunción lo tenía informado desde hacía 10 días a su presidente del acontecimiento, de manera que la carta constituye una hipocresía a la par de elegir un modo elegante para cubrirse las espaldas. Lo usó a su amigo Lanús para que más tarde éste esparciera la especie de que Mitre intentó hasta el último evitar la guerra con el Paraguay. (El Círculo de San Fernando, obra citada.)

         Pero vayamos a los hechos que se suceden antes del conflicto. Una vez consumada la unión de la nación argentina con el reconocimiento de la constitución de 1853 de parte de los unitarios y la asunción de Mitre surge algo que nada tiene que ver con el Paraguay. La pretensión de Venancio Flores de tomar el poder en Uruguay. Hay cosas que se deben conocer a profundidad para emitir un juicio. En este caso hay que meterse en lo profundo, en los campos de batalla, donde se forjan las grandes amistades entre militares. En este caso en la defensa de Montevideo durante el bloqueo de Rosas. En esos 10 años se forjaron amistades sólidas: "Sabe usted general que mi corazón le pertenece" (Carta de Mitre a Flores)

         Juntos en la duras y en las maduras, en Cepeda y en Pavón sin contar Caseros. Son vínculos irrompibles. ¿Cómo no le va a pertenecer su corazón si el uruguayo se jugó por él en tantas ocasiones? En alguna medida Flores y Mitre eran más que hermanos, quizá en ellos palpitaba un mismo corazón. Y el oriental ambicionaba la presidencia de su país y le pedía ayuda a su amigo del alma. ¿Cómo Mitre podía negarse a una cosa así? Además, con Flores al frente del Uruguay, su gobierno podía sentirse más que tranquilo. Por otra parte, su amigo debió informarle necesariamente que contaba con el respaldo de los brasileros como quedó evidenciado más adelante. Qué le interesaba a Flores que su patria perdiera unos miles más de kilómetros cuadrados si ya había perdido la mitad de su territorio desde la época colonial e incluso durante el Imperio. Urquiza fue el traidor en la gesta en Caseros de 1852 si así se le puede llamar a esa infamia. En cambio Flores siempre fue el amigo leal de Mitre, jamás claudicó y se lo hizo saber para poner las cosas en su lugar y pedir reciprocidad. (Cartas de Flores a Mitre) Si Mitre no hacía causa común con Flores hubiera quedado él como traidor con el dueño de su corazón. Estas cosas, no midió Solano López, no valoró, no sopesó, no se informó a profundidad y se embarcó sin necesidad alguna con un partido político del Uruguay. Es decir, se inmiscuyó en sus problemas internos. Mas los del Partido Blanco le hacían creer la inminente invasión del Uruguay por el imperio. Pero nunca le dijeron que Flores era el conductor. Si en 1845 se trasgredió la tradición del dictador Francia de absoluta neutralidad, en 1864, con la nota protesta del 30 de agosto de ese año se volvió a dar un paso en falso cuando el canciller José Berges dirigiéndose al ministro brasilero residente en Asunción Cesar Savan Vianna de Lima le advertía que si el Uruguay era invadido el Paraguay consideraría. "como atentatorio al equilibrio de los Estados del Plata, que interesa a la República del Paraguay como garantía de su seguridad, paz y prosperidad y protesta de la manera más solemne contra tal acto, descargándose desde luego de toda responsabilidad de las ulterioridades de la presente declaración". Este es el resumen del contenido de la imprudente nota. Más aun cuando el Paraguay, a instancias de Gelly, comenzaba a armarse para defenderse del posible país invasor. El siguiente sería el Paraguay según López. Pero eso era cosa ya sabida de antemano. Se lo advirtió su padre en su lecho de muerte, de resolver con la pluma los problemas con el Brasil. (Fidel Maíz, obra citada.) Además la prudencia indicaba ganar tiempo para recibir los acorazados y las armas cuyas señas ya habían sido enviadas. (Hace 100 años tomos I y II. Efraín Cardozo.)

         ¿Quién vuelve a Buenos Aires luego de la nota protesta paraguaya? El que llegará a ser el forjador de la diplomacia brasilera, José María de Silva Paranhos. Participa de nuevo como lo hizo contra Rosas. Ahora para contactar con Mitre y para tranquilizarlo a la par de informarle que la invasión del Brasil al Uruguay constituye un compromiso con su entrañable amigo Venancio Flores. Por su parte Mitre con anterioridad, el 19 de abril de 1863, le ayudó a embarcarse con todos su pertrechos. Pero por falta de fuerzas suficientes fracasa su expedición revolucionaria. Por eso pacta. El solo no conseguirá sus objetivos si el Imperio no le ayuda. Flores andaba deambulando de un lado al otro ya casi más de un año en la banda oriental sin lograr nada.

         De lo ya publicado y de los hechos mismos de esta parte de la historia surge la respuesta. El trabajo sucio de esta revuelta no podía hacerlo la Argentina para encumbrarlo a Flores porque se pondría al descubierto ante un gobierno amigo legítimamente constituido. En cambio los reales reclamos de los estancieros brasileros al gobierno de Berro primero y Aguirre después, en cierto sentido, justificaba la acción del Imperio. Iba en defensa de sus súbditos como lo expresó con anterioridad en forma prepotente el comisionado Saraiva el 4 de Agosto de 1864. Su nota, por insultante a la soberanía uruguaya, fue devuelta al brasilero.

         Pero esta nota ya tenía la anuencia de Mitre, de lo contrario Saraiva no hubiera dado tal paso. Yerran los que afirma que en esta época el Brasil quería reconstruir su provincia de Sacramento, aquello estaba abortado luego de Ituzaingó. Lo cierto es que el desorden fronterizo no le convenía al Imperio. Por eso se alía con Flores, un hombre de Mitre. Con esto le ofrece seguridad a la Argentina a la vez que se gana un aliado en sus fronteras. Tampoco hay que olvidar que el partido gobernante en el Uruguay, por entonces tenía comisionados, a un ministro residente y a un cónsul en el Paraguay. Estamos hablando de finales de 1863 y todo el año 1864. La inteligencia brasilera con sus diplomáticos en Asunción lo tenían informado a su gobierno, más aun luego de lograrse el cabotaje mensual desde Río de Janeiro - Montevideo - Buenos Aires - Asunción - Corumbá. El Brasil poseía mucho más información que la Argentina. Su cónsul Adolfo Soler renunció en 1864 en tanto el canciller Rufino Elizalde simplemente tomo nota y nada más. (Los Soler. Obra citada.)

         En igual sentido no hay que olvidar que sus agentes y diplomáticos (del Brasil) concurrían a las mismas fábricas de armas y astilleros que el representante paraguayo visitaba frecuentemente, apurando los embarques y la construcción de dos acorazados (Hace 100 años, obra citada tomo XI. Queda consignado que López afirmó que el asalto a los acorazados en febrero de 1868 era la recuperación de lo suyo pues con el bloqueo no pudo enviar las cuotas faltantes y eso aprovecharon los brasileros adquiriéndolos casi terminados)

         En tanto aparece en escena un nuevo traidor, Andrés Lamas, enviado por Aguirre como representante uruguayo ante el gobierno argentino. En junio de 1864 viaja a Puntas del Rosario acompañado del ministro inglés en la Argentina, Thornton, el canciller Elizalde, el comisionado Saraiva y el español Castellanos para conferenciar con Flores. Salvo Castellanos los demás concurrían con valor entendido. Flores sabía que el corazón de su amigo del alma le pertenecía. Lamas, el representante del gobierno Blanco del Uruguay ya había sido tocado por la mula de oro. Elizalde oficiaba de paje con su suegro inglés y Saraiva se palmoteaba con el canciller argentino. Durante la conferencia todos menos Castellanos asentían con satisfacción los reclamos de Flores. Pedía plata como Urquiza, pedía espacios de poder, pedía lo que le venía en gana.

         Una gran cantidad de autores sostienen que esta reunión en Puntas del Rosario constituye ya la Triple Alianza contra el Paraguay. Otros agregan que Inglaterra a través de Thornton y de la Banca Maua apoyaba la futura guerra y hasta le ponían una hoja de ruta. Existen numerosas y profusas publicaciones acerca de esta parte de la historia. (García Mellid, Rosa, Pomer, etc.)

         De todo lo leído se desprende que en Puntas del Rosario solamente se logró un acuerdo entre el Imperio, Flores y Mitre para llevarlo al poder al sublevado. La Argentina colocaba en la presidencia al dueño del corazón de Mitre y el Brasil solucionaba su problema fronterizo a la par de contar con un gobernante apuntalado para ese puesto por ellos. La próxima víctima sería el Paraguay pues el Brasil sí deseaba quedarse con inmensos territorios del Paraguay. Los mismos constituirían garantías para el servicio de su deuda externa. Pero la Argentina, con el tratado de 1852, no ratificado a lo sumo podía aspirar hasta el Bermejo. Las fértiles tierras del Mato Grosso valían la pena pero... el Chaco. Por otra parte a la pequeña costa paraguaya sobre el Río Uruguay en la misiones cedida en 1852 por el primer López aunque no ratificado solo le faltaba el toque diplomático final. Pero lo que refrenda en parte la afirmación de los referidos investigadores expresando que en Puntas del Rosario la suerte del Paraguay quedó sellada, constituya la fastidiosa correspondencia paralela entre el Paraguay y la Argentina debido al embarque del dueño del corazón de Mitre con rumbo al Uruguay. (Correspondencia Berges - Elizalde.)

         La insistencia paraguaya debió cansar. Para colmo de la imprudencia, López le ordena a Berges enviar copias de la protesta del gobierno Blanco del Uruguay dirigida a la cancillería paraguaya. El Ministro Elizalde elude una y otra vez dar explicaciones a pesar de que Berges le cita nombres de buques, estibas, desestibas, testimonios y lugares de embarque. El Salto, propiedad de Lanús, sí estuvo en el embarque de tropas y pertrechos. (Confesiones del capitán italiano Simón Fidanza, anclado en Asunción luego del decomiso de El Salto el 30 de marzo de 1865, al boliviano Tristan Roca en 1868, periodista boliviano contratado por el Paraguay para dirigir El Semanario. Hace 100 años tomo XI.)

         Ahora, la pretendida conclusión que Inglaterra participó antes, durante y después de la conjura contra el Paraguay no se compadece con la verdad. Un solo detalle demuestra que el Imperio Británico se hallaba más bien sorprendido cuando el conflicto armado contra el Paraguay se desencadenó es lo que sigue. En marzo de 1866 el ministro residente inglés en Montevideo Mister H. G. Leston, quien siempre manifestaba simpatía al Paraguay, escribió al canciller uruguayo una correspondencia elocuente en que "manifiesta su preocupación" por la posible "polonización" del Paraguay, y cuando Inglaterra habla de "preocupación" la voz contiene una protesta. Este episodio tendrá trascendencia mundial. Si la tríplice secreta era entonces conocida a gatas por algunos, en adelante iba convulsionar a la prensa mundial, a los gobiernos europeos y a los Estados Unidos, enemigos declarados de la esclavitud y de las monarquías en América, esto último conforme a la doctrina Monroe, "América para los americanos". (Carta dirigida por Leston al Ministro de Venancio Flores, Carlos de Castro)

         El ministro uruguayo de relaciones exteriores a su vez preocupado a raíz de esta nota de "preocupación" le informa verbalmente a Leston que ha decidido entregarle una copia del tratado secreto en donde uno de sus artículos garantiza la independencia del Paraguay. Le da la copia al diplomático inglés bajo palabra de guardar estricto secreto. Este, rápidamente comunica a su gobierno adjuntando el tratado secreto a su correspondencia. Zarpa un buque de su nacionalidad con la flecha parta. La recibe el primer ministro John Rusell y decide informar por circular y copia a cada uno de los miembros de la cámara de los comunes. Debió considerar el caso muy grave para obrar de esa manera sabiendo que su ministro residente en Montevideo había empeñado su palabra de honor al gobierno uruguayo, particularmente a su canciller de no hacerla pública. En ese recinto de los comunes, luego de la guerra civil inglesa y la muerte de Cromwell, ocupó la sala como domicilio particular el periodismo inglés. Un avispado reportero al ver el reparto se acercó a preguntar. Uno de los destinatarios al observar que se trataba de un asunto sudamericano, sin mayor importancia para él seguramente, se lo entregó con cargo de devolución. Estalla la bomba y la noticia se esparce. La guerra contra el Paraguay en adelante ocupará un lugar destacado.

         ¿Puede guardar algún sentido lógico que un aliado entre bambalinas (supuestamente Inglaterra) difunda lo pactado por sus socios para provocar una repulsa generalizada en el mundo contra la alianza? La prensa en general no se refirió al artículo que garantizaba la independencia sino a los escasos 5 años de garantía y a las imposiciones territoriales que le despojaban al Paraguay más de 500.000 kilómetros cuadrados: Todo el Chaco desde el Bermejo hasta los primeros contrafuertes andinos donde llegaba Bolivia, todo el Mato Grosso de Sur más la lengüeta entre los ríos Paraná y Uruguay. Esto sí que verdaderamente suena a polonización. Sin duda el imprudente fue el ministro Carlos de Castro. El ministro inglés en el Uruguay expresó la preocupación de su gobierno en nota oficial cuya copia queda archivada y puede constituirse en cabeza de proceso si el emisario británico obraba contrariando sus instrucciones. Su gobierno le ordenó plantear la "preocupación". Leston obró conforme a instrucciones y no como Andrés Lamas en Puntas del Rosario quien aceptó a rajatabla los desorbitados reclamos de Flores cuando que su gobierno le dio instrucciones contrarias. Por eso fue echado poco menos que a patadas y debió refugiarse en la Argentina.

         Muchos autores paraguayos y argentinos creen que Inglaterra es Thornton, el ministro residente en la Argentina. Este quizá se prestó en participar en Puntas del Rosario para darle el gusto a su yerno el canciller de Mitre pero de ninguna manera sigue las instrucciones de su gobierno más preocupado por la posible "polonización" del Paraguay como enfáticamente lo señalo su colega en el Uruguay, Mister H. G. Leston. Por eso el primer ministro inglés John Russell de exprofeso lanza al viento el tratado como para que no queden dudas de la neutralidad inglesa. A los eternos protectores del pequeño Portugal frente a las pretensiones de España no les debe haber caído muy bien que su criatura de América se volviera un gigante voraz e insaciable. Ya tenía un nuevo competidor en los norteamericanos. ¿Acaso buscaban engrandecer a otro país en el sur? Además hasta hoy nadie pudo exhibir una prueba razonable de la participación inglesa. Una cosa es la intervención privada de banqueros y traficantes entre uno y otro beligerante, y otra bien distinta son las decisiones de Estado.

         Quedan entonces los banqueros ingleses. Estos quieren ganancias. Su agente en el Río de la plata y el Brasil, es la banca Mauá. Su directivo principal brasilero se opuso tenazmente a la guerra y tenía razón; la guerra lo llevó a la quiebra y a la pobreza. Los banqueros quieren recuperar su capital e intereses. Puede ser que a perdida por perdida la plata se hayan enterrado más por la causa aliada para conseguir hipotecas de los territorios conquistados a punta de bayoneta. Hasta ahí se puede comprender su participación, pero que el gobierno inglés preparaba la trama no existen pruebas.

         En Puntas del Rosario el gestor es el Brasil para consolidar las desmembraciones del Uruguay y de paso ganarse un aliado fiel bien sobornado.... como Urquiza. Esta clase de hombres necesita el Imperio. Por eso el futuro Mariscal Osorio ha hecho amistad con Urquiza en la campaña contra Rosas. Enviados del Imperio alimentaron las ambiciones de Flores, no precisamente Mitre. Quizá éste le haya condicionado que asegure la paz con el Brasil para producir una política armónica a sus intereses.

         En este enredo se metió Solano López sin necesidad alguna y con armas a ser recibidas en el curso de uno o dos años. Es notorio que tanto Sagastume, el ministro uruguayo residente en Asunción como Herrera su canciller o Antonio de las Carreras y Rodríguez Larreta lo convencieran que se preparaba una trama contra el Paraguay luego de la liquidación del Uruguay. Tal la cáscara de banana que pisó por apresurado. El Uruguay luego de Ituzaingó queda consolidado como nación independiente. No iba a desaparecer. Los que sí iban a desaparecer eran los blancos para ser sustituidos por los colorados. Y los ahogados en tales casos se aferran a cualquier tabla salvadora. Vieron en Solano López su última esperanza. El Brasil iba ajustando sus límites nada más y en Uruguay quedaría un gobierno uruguayo; no sería el fin del Uruguay. Tal era su plan. El siguiente país para ajustar límites sería el Paraguay. En este último caso el mismo sistema empleado con Rosas sería calcado, civilización contra barbarie. Pero sabían que Mitre no gozaba del cariño de las provincias sino Urquiza, a pesar de la traición de aquél a Rosas. De manera que el caso se presenta mucho más complejo.

         Entre tanto los uruguayos blancos insistían que Solano López participara en calidad de mediador. El mismo se ofreció y fue soslayado. Al fin y al cabo había sido mediador entre unitarios y federales. Se sintió humillado mientras sus amigos blancos atizaban su desmedido orgullo. Además suponía erróneamente que el Paraguay y el Uruguay podían constituir un equilibro frente a la Argentina y el Brasil. Quiso la fatalidad que la conclusión de la espera del ajuste de límites con el Brasil casi coincidiera con el de la Argentina y como en un concurso de acreedores la masa se pone de acuerdo para otorgar quitas o no. Esto vamos a pedir dicen los acreedores entre sí. Y el Paraguay para los dos colosos era deudor, parte de su territorio del Chaco según la Argentina y del Mato Grosso según el Brasil. Si no acepta será llevado a la quiebra.

         Urquiza aceptó los títulos paraguayos sobre el Chaco hasta el Bermejo a cambio de ceder el primer López la lengüeta de Las Misiones pero el congreso argentino rechazó ratificar el acuerdo. López hace esta concesión innecesariamente como se verá en el momento del pedido de permiso a la Argentina para transitar por terrenos propios e ir contra el Brasil. Si miramos objetivamente, la Argentina, se exponía a un enfrentamiento armado para poseer zonas desérticas como el Chaco. El Chaco nunca le quitó el sueño. En cambio el imperio nunca admitió los títulos paraguayos en el Mato Grosso y siempre exigió y hasta envió una flota de guerra para reclamar lo que consideraba de su propiedad. Esas praderas naturales si valían la pena, y en parte estaban ocupadas ilegalmente por colonos del Brasil, pero....el Chaco.

         El Paraguay, por su parte, se exponía a enfrentarse con dos acreedores ilegítimos pero a la vez. Para eso debía primero armarse hasta los dientes y tratar con cada uno por cuerda separada conforme al razonamiento de Gelly. Para eso está la diplomacia. Ganar tiempo, hacer algunas concesiones como hizo el primero de los López de permitir el cabotaje hasta Corumbá, negociar, enviar ministros, acercarse al hijo de Gelly, un general argentino destacado y amigo de Mitre, bajar los impuestos a las manufacturas argentinas o brasileras, etc. Hay tanto que hacer antes de ir a los bombazos que asombra el giro tormentoso que van tomando los acontecimientos.

         El Uruguay desea complicar al Paraguay en su entuerto.... Y dentro de su propia casa pululan los caballos de Troya a cara descubierta. Entre tanto, Juan José Brizuela, el cónsul paraguayo en el Uruguay, seguramente organizaba alguna juerga al estilo de París o visitaba las playas para dorarse, mientras Eguzquiza en Buenos Aires se preocupaba de contar plata. Seguramente para girar o a Inglaterra, o a Solano López o a su hermano Benigno muy afecto en cuestiones crematísticas al extremo de llegar a la traición, como se verá, con el único objetivo de salvar su dinero. El único cónsul que le informa cosas veraces al gobierno y desconfía de Urquiza desde que pisó tierra entrerriana es Rufo Caminos. Jamás creyó en las supuestas promesas de Urquiza, que se pondría del lado del Paraguay y otras majaderías. Lo extraño constituye la conducta del canciller José Berges, quien a pesar de haber recibido los informes de Caminos y las causas de su descreimiento a más de sus vaticinios tan certeros, no le haya advertido de eso a López lo cual demuestra que nadie de su entorno se anima a contradecirle. (Cartas de Rufo Caminos a José Berges.) Francisco Solano ha decretado que Urquiza es amigo y basta.

         Estamos ante los prolegómenos de la guerra al Paraguay. La Argentina todavía indecisa congenia en mucho con el Brasil pero teme a la vez a la prensa y a la opinión pública además de la actitud que asuman las provincias, particularmente Entre Ríos. La mayoría allí no está de acuerdo con la invasión brasilera al Uruguay. Desde la costa del río Uruguay un gentío de sus paisanos les muestra sus simpatías a los uruguayos. Hasta un hijo de Urquiza se ofrece pelear en la resistencia. En esa situación se hallaban en el plata cuando se produce la nota protesta del 30 de agostó de 1864. Inoportuna como ya señaláramos pero que dio píe para que la prensa mitrista se lanzara a una campaña destructiva contra el gobierno del Paraguay. A López por eso lo tratan de equilibrista a la vez que los caricaturistas lo presentan en una cuerda de circo tratando de equilibrarse. Es decir, se mofaban de él. (Ver diarios de la época) Y éste, sabiendo que los accionistas del diario eran miembros del gobierno deduce que ello es ordenado por el presidente de la argentina, en lugar de no darse por enterado.

         El Brasil hace caso omiso a la nota conforme a la conducta del Comisionado Saraiva. Entre tanto Urquiza que había dado seguridades a López en forma verbal comienza a cambiar y a ponerse del lado del gobierno de su país y lo que éste determine hacer. Al parecer, en momentos en que el Paraguay apresa al buque brasilero "Marques de Olinda" ya había existido la promesa brasilera por intermedio del General Osorio de la compra de remontas en el orden de 30.000 jamelgos. En realidad, en este drama si hubo un equilibrista ese fue Urquiza. Conducta calcada a su pronunciamiento en contra de Rosas en 1851 - Apuesten, miren que regreso con Rosas, parecía decir entonces. Ahora. - Apuesten, miren que me voy con López. Y era para pensar pues caudillos como López Jourdan podían movilizar un gran ejército, es más, pedían hacerlo, y no solo él, sino los demás jefes de las provincias. De este modo Urquiza lo usa a su compadre como lo hizo con su jefe en 1852 para subir el precio de su traición, mientras López cree sus historias, o mejor, historietas. Cómo no pudo siquiera sospechar, pues tales promesas eran verbales, nunca por escrito. Igualmente verbal fue el comunicado final que le hizo a través de su secretario personal, el joven Victorica. Este muchacho, años después siendo un señor mayor reseñó los detalles y lo mucho que se molestó al Mariscal tal actitud. (Victorica, reseñas.)

         En cumplimiento de la nota ultimátum que hasta hoy se lee y no se entiende si es una amenaza de declaración de guerra o una simple protesta, apresa el buque brasilero citado y se apresta a invadir Mato Grosso. Le avisan que en octubre el Brasil invadió el Uruguay sin conocer los detalles puesto que en una frontera pueden pasar uno o varios soldados sin que ello implique una invasión. Y en ese mes el Brasil no tenía una concentración de tropas importante todavía, es decir, había que esperar y confirmar la tal invasión primero antes de lanzarse al vacío. La invasión vino, es cierto, pero la precipitación quedó demostrada.

         Los hechos que siguen fueron profusamente publicados por autores, argentinos, brasileros, uruguayos y paraguayos. Flores con la ayuda de Mitre y el Brasil vence al gobierno de los Blancos quienes recién volverán al poder de la mano de Luís Alberto de Herrera, el nieto del canciller de Berro y Aguirre casi 95 años después. Cae Paysandú y un patriota como Leandro Gómez sucumbe valientemente. Transcurre el año 1864. A principios del año 1865 se llega a un acuerdo final. Un nuevo presidente - Villalba - amigo de ambos bandos acepta las condiciones de Flores. Pero aquí surge un detalle muy significativo. A pesar que para mediados de febrero de 1865 todo había terminado, recién el 20 de ese mes entran las tropas victoriosas del Brasil a desfilar por las calles de Montevideo igual que el 20 de febrero de 1852 por las calles de Buenos Aires. Mismo día y mes.

         ¡Ituzaingó! Faltaba escarmentar al Uruguay dado que tropas de este país junto a las argentinas habían humillado al Imperio un 20 de febrero de 1827. Por ahora el honor brasilero ha sido lavado. Solo falta escarmentar al Paraguay por su osadía. La nueva guerra es del Brasil, la causa del Brasil y los propósitos de dominio y exterminio, exclusivamente del Brasil. Los demás integrantes se agregarán como cola de cometa. Y López proporcionará el justificativo. Lamentablemente dos repúblicas se unirán a una cabeza coronada en la cruzada contra una hermana como ellas, no por culpas enteramente suyas sino por la precipitación de Solano López quien a partir de Puntas del Rosario parece haber perdido el sentido común. (El Círculo de San Fernando, obra citada)

         Ahora le llega el turno a Mitre. Debe cumplir con sus promesas, debe ayudar al Brasil. Su amigo Flores ya lo hace sin declarar aún nada. Hay que disimular y mantenerse neutral. Entre tanto la flota de guerra del Imperio carga y descarga en puertos argentinos y uruguayos sin contratiempos como lo hizo Oliveira en 1855 pues la supuesta libre navegación de los ríos suscripta por todas las naciones involucradas así lo permite. Pero éste convenio se refiere exclusivamente al bloqueo de un determinado puerto enemigo y no para que los navíos puedan circular y apostarse en cualquier lugar del río como ya lo hace el Brasil.

         Urquiza le pide a Solano López que solicite permiso formal a Mitre para transitar por territorios de Corrientes cuando bien pudo dirigirse por La Candelaria y de allí directo al río Uruguay, territorios del Paraguay con población paraguaya sujeto a delimitación con Argentina. Para qué pasar por Corrientes e ir en socorro de los blancos si para entonces, febrero de 1865 el gobierno del Uruguay se halla vencido. Cuál la razón de López de no enviar tropas por la lengüeta de las misiones si el tratado de 1852 no fue ratificado, en consecuencia, las cosas quedaban como antes. Pero el presidente del Paraguay entendió que el permiso constituía un hecho pues su compadre debía tener información. Todo en base a suposiciones. Luís Caminos, hijo de Rufo Caminos, alto funcionario del gobierno paraguayo, se traslada a Buenos Aires. Previamente habla con su padre en la ciudad de Paraná. Este le advierte que Urquiza es un mentiroso, pero ordenes son ordenes; él debe ir a la capital a como dé lugar. Allí Elizalde lo tiene de plantón varios días pues Caminos le ha informado al canciller que debe aguardar la respuesta conforme a sus instrucciones.

         ¡Denegación!

         Cae de maduro pues era voz populi en la ciudad que esto sucedería. No solamente los diarios lo comentaban, sino que tal cosa se escuchaba en el último boliche de la ciudad. El mismo Luís Caminos lo sabe dado que su padre se lo había anticipado. Urquiza había enviado su correspondencia personal al presidente Mitre días antes para adelantarle que en cualquier circunstancia estaría con él. No abundemos más ya que el hecho es muy conocido. (Carta de Mitre a Urquiza.)

         Vayamos a Asunción. López al enterarse de los términos de la denegatoria convoca un congreso para el 12 de marzo de 1865 al efecto de informar de la captura del Marqués de Olinda, la invasión a Mato Grosso y la negación del gobierno de Mitre de conceder paso por territorio argentino. En febrero son electos los diputados. Comienza el debate con saña contra el Brasil y la Argentina. Solo un diputado - Frutos - sugiere que no hay necesidad de pedir permiso y que para atacar al Brasil hay que entrar por la lengüeta incuestionablemente paraguaya aun cuando exista un acuerdo tácito de los dos países de no ocupación de tal territorio. La gran mayoría lo enfrenta, refuta y amilana al único parlamentario sensato en esa sala. Allí arden las ansias de guerra. Los informes de "El Semanario" presentan a un Paraguay triunfante en el norte, en Mato Grosso. Más de 100.000 kilómetros cuadrados han caído en su poder así como prisioneros, abundante dinero y pertrechos. Todas las noches en el club Nacional o en las plazas se oyen bandas, orquestas y vivas a López. Se cuenta con un ejército con más de 500 bocas de fuego de diversos calibres y 70.000 hombres. Quienes los podrán detener, suponen eufóricos.

         López, por su conducta actual, parece pedir en su interior a gritos la presencia de Gelly como en Paris en 1853 -1854. Conforme a las instrucciones recibidas él debía armarse primero y hacer reclamos después ya con una flota de cuanto menos dos acorazados y cañoneras en número respetable y tropas de desembarque. (Con la rúbrica del Mariscal, cartas Francisco Solano - Andrés Gelly entre 1850 - 1856.) Pero por el otro lado su padre Don Carlos Antonio López era pacifista e impedía esas iniciativas. Ya le habían informado desde el exterior que la cercanía del Gelly constituía una mala influencia para su hijo pues le instaba a armarse sin necesidad alguna cuando las cosas podían arreglarse con la pluma y no con costosas flotas y cañones. Pero Francisco terció en la disputa y calmó las aguas entre los viejos. Ambos lo consintieron siempre y se sintió un iluminado. Pero ellos ahora no estaban para resolverle sus problemas. A qué punto llegó el amor de Gelly hacia Francisco que hasta revolvió los archivos de Irlanda y las causales de divorcio vincular en ese país para arreglar civilmente la situación con Elisa Linch. (Antonio Ramos. Biografía de Andrés Gelly en la actualidad confirmado en la reciente investigación de los irlandeses Lillis y Fanning en CALUMNIA, Tauros 2009)

         Su muchacho quería casarse y él lo arregló todo e incluso se entrevistó con la familia del marido de la irlandesa, los Quatrefages, quienes aceptaron las causales de divorcio planteadas por Gelly. Pero la irlandesa creyendo que se trataba de una estratagema del viejo para deshacerse de ella mientras Francisco regresaba a Asunción, se lanza a la aventura de perseguirlo a su amado tras parir un hijo de él - Juan Francisco - en la ciudad de Buenos Aires en enero de 1855. De estos condimentos, al parecer insignificantes de la historia, se nutren muchos detalles reveladores como las cartas de Manuelita Rosas a su padre y viceversa tan bien señaladas por el historiador y diplomático argentino, Pacho O’Donell. (Investigación en Washington, 1869. El ex ministro residente, general Martín Mc Mahón reveló ante la cámara de representantes que el tratamiento entre Elisa y Francisco era de marido y mujer. Confirmado en CALUMNIA por Michael Lillis y Ronan Fanning así como las entrevistas de Gelly con el propio Quatrefagues)

         Los sociólogos italianos Bobbio y Pareto, afirman que existe una sucesión de las elites. En el caso que nos ocupa, el hijo de un sastre de la Trinidad - Carlos Antonio López - llega a presidente. Su hijo continua el camino pero sin todas las luces de su padre. En el Caso de Bartolomé Mitre, desciende de un griego - Dimitri, convertido en Mitre - nacido en Génova - Italia, aunque ese apellido no se lo considera italiano. El primer Mitre argentino fue un personaje sin brillo como el sastre pero el hijo llegó a presidente.

         Dos voluntades diametralmente opuestas se van a enfrentar. López, mimado de la fortuna, heredero del poder sin mayores esfuerzos tiene enfrente a un Mitre que durante dos décadas luchó por alcanzarlo. Tal cosa constituye una enorme desventaja. Mientras el uno toma decisiones algo apresuradas el otro, más taimado, sopesa sus propósitos. López no cuenta con prensa libre ni opinión pública a quienes tiene que convencer de los pasos a seguir en cambio Mitre debe provocar los efectos políticos para justificarse ante el pueblo. Y con mayor razón él, que se sabe no querido en las provincias, precisa de extremar precauciones en su trato con Urquiza. El heredero entrerriano del federalismo fundado por Rosas se halla a su vez presionado por sus lugartenientes contrarios a la guerra contra Paraguay.

         Mitre, ya se ha percatado del primer error de su adversario de solicitar permiso para circular por territorio argentino en su guerra contra el Brasil. El paraguayo ha pisado la cáscara de banana que el argentino le colocó en el camino puesto que surge de suyo que la idea del permiso debió provenir por sugerencias de él a Urquiza. Además sabe lo arrebatado que es su rival y en su nota de respuesta denegatoria del permiso le da a entender que los ríos son libres por tratados internacionales reconocidos por todos los países tributarios del plata incluido el Paraguay, en consecuencia, el Imperio puede valerse de sus aguas para hacerle la guerra. Y además Elizalde en su contestación protesta por la concentración de tropas paraguayas en la frontera con Corrientes. ¡El colmo!, pero hecho de propósito para sacarlo de sus cacillas a López.

         Este, enclaustrado, recibirá la visita de la flota del enemigo sin que él pueda moverse. Su carácter impetuoso no puede tolerar tanta soberbia. Recuerda la invasión de 1855 y la conducta de la Argentina entonces. Tal contestación a su pedido le hace suponer una alianza tácita de la Argentina con el Brasil. No se percata que solo se trata de la segunda cáscara de banana. Mitre necesita imperiosamente ser agredido para justificar la alianza que anhela. En lugar de tragarse su orgullo, López vuelve a pisar al vacío y declara la guerra a la Argentina el 16 de marzo de 1865. Ese día de la declaración, el futuro coronel Juan Crisóstomo Centurión, bibliotecario de la residencia del presidente, no se puede contener. Le susurra al oído a Natalicio Talavera, director del Semanario, su parecer del suceso en el sentido que no se puede luchar con dos países a la vez pues tal empresa constituye un gran riesgo. Su amigo le responde con una evasiva dado que nadie en el Paraguay puede contradecir al presidente y el congreso reunido solo constituye una formalidad de la ley vigente. Previamente dicho cuerpo colegiado ascendió a Mariscal al jefe de Estado. (Reminiscencias Históricas. J.C. Centurión. Tomo segundo.)

         López no vio en la nota la trampa ni la examinó a profundidad. En ella se puede leer que la Argentina no otorgará a ninguno de los contendientes permiso de pisar su territorio. Esto le favorece a López, dado que una flota por más grande que fuera, no podía cargar en ella además de su tripulación por lo menos 40.000 combatientes para tentar alguna suerte en territorio paraguayo, y aun así, correr el riesgo de estrellarse. A lo sumo podía establecer un bloqueo pero eso no le impediría al Paraguay comerciar a través de Corrientes y Misiones con los armadores de ese país. Lanus uno de ellos o Soler.

         Si Centurión percibe el peligro se supone que muchos integrantes del congreso habrán coincidido íntimamente con semejante idea como el caso del Diputado Frutos. Nada costaba cansarlo al zorro de Buenos Aires y de enviar un ministro residente allí con el propósito de brindar información permanente a la prensa porteña diciendo que el Paraguay jamás atacará a la República Argentina. Las notas oficiales del propio López debían publicarse de manera que el pueblo argentino supiera que el Paraguay era un amigo y nunca un enemigo como el diario del presidente de ese país daba a entender. Se hubiera sacado a luz el Pacto de San José expresando que el único anhelo del Paraguay siempre fue la unión de la familia argentina. Y de paso señalar que una república se hallaba enfrentada a una cabeza coronada dueña de esclavos. Tantos argumentos no explotados se tenían a mano que bastaba un poco de imaginación para darlos a luz. Esto le hubiese obligado a Mitre a buscar otros medios mucho más peligrosos ante la opinión pública de su patria. Varios diarios de Buenos Aires hacen causa común con el Paraguay.

         Es evidente que Mitre pretende llevarlos al poder a los liberales paraguayos exiliados en Buenos Aires como hizo con Flores en el Uruguay. Tales sujetos se escuadran ante el general argentino. Le envían cartas azucaradas cargadas de adulonerías. Escriben en Los Debates (primer diario de Mitre) y más tarde en La Nación a favor del presidente de la Argentina desde hace tiempo, particularmente Manuel De la Peña. Más bien, habría que preguntarse, qué no hacían para ganarse su aprecio, y lo lograron finalmente. (La legión Paraguaya. Juan Bautista Gill.) ¿Suponía acaso Mitre que por un lado Flores y por el otro sus amigos paraguayos exiliados serían un seguro para su gobierno, un contrapeso entre Urquiza y él? ¿No quería darse cuenta que con su conducta lo único que hacía era apoyar los propósitos inconfesables del Brasil de destruir el Paraguay?

         Declarada la guerra a la Argentina había que comunicarla. Como en un juicio, no basta con la presentación de la demanda, hay que enviar al demandado la notificación con el traslado de los términos. Pues bien, hasta eso se hizo mal, permitiéndole a Mitre esconder la notificación para presentar el ataque paraguayo como una aberración dada la falta previa de declaración de guerra. El 18 de marzo el gobernador Lagraña de Corrientes ya le debió enviar a Mitre la novedad. El cabotaje con Corrientes era muy fluido entonces.

         López recién en ese momento se percata que tiene gruesas sumas de dinero en entidades financieras argentinas manejadas por los cónsules ya referidos. El enviado con la nota viaja casi de incógnito con destino a Paraná a los efectos de alertar en Paraná a Rufo Caminos y luego en Buenos Aires a Buenaventura Eguzquiza. A éste le deja la declaración de guerra para que la entregue una vez que los archivos y el dinero queden a buen resguardo en manos de gobiernos neutrales. La gente del mundo financiero porteño se da cuenta que de pronto los dos cónsules no paran de hacer transacciones por montos importantes. Estas cosas se filtran. La declaración de guerra por ese tiempo era ya voz populi. (El Círculo de San Fernando, obra citada, abarca los detalles con toda la documentación histórica.)

         Antes del ataque a Corrientes, Mitre ya tenía la declaración de guerra en su poder y la ocultó pues se enteró que la flota paraguaya va camino a Corrientes. Enterado de la invasión hace público su repudio de recibir un ataque sin previa declaración de guerra. En estas circunstancias la opinión pública se inclina a su favor. Recién cuando salga a luz el tratado secreto en 1866 conforme quedó apuntado se volverá el pueblo argentino contra la guerra.

         Cuál la razón del proceder de Mitre pues la nueva política del Brasil por entonces estaba muy bien trazada. ¿Quiso a través de la guerra al Paraguay lograr la unificación de su país? Es posible que haya meditado tal cuestión pero ello se pone en duda dada la hostilidad permanente contra él y sus amigos unitarios de parte de las provincias interiores que clamaban la guerra contra el Brasil y no contra el Paraguay. No hay que olvidar que Buenos Aires por un lustro se convirtió en una provincia rebelde no dispuesta a suscribir la constitución de la confederación de 1853. Ello le valió un más fuerte repudio aún de los componentes de esa nueva forma de gobierno. ¿Quiso entonces destruir el Paraguay? Cuesta creer que una república en unión a una monarquía se proponga aniquilar a otra república. Su prédica conforme a sus cartas y a su vocero de prensa apuntaba al presidente del Paraguay y no al pueblo paraguayo. El propio tratado de la Triple Alianza así lo define. Ante esto Juan Bautista Alberdi replica con una lógica de Hierro. Nos dice en uno de sus folletos publicados en Paris que la guerra conforme al tratado no era contra el Paraguay sino contra su gobierno pero se pregunta el citado constitucionalista y político argentino ¿Cómo se explica que una vez destruido ese gobierno los aliados se propongan suscribir tratados con las nuevas autoridades imponiendo condiciones de desmembración sin títulos que lo avalen? Es más - agrega Alberdi - con ello se le otorga al gobierno de López la gracia de no manchar su fama con la desmembración de su patria mientras el Paraguay y sus nuevos gobernantes son los que pagarán las consecuencias. He aquí la gran contradicción. Por otra parte, el tratado solo garantiza la independencia del Paraguay por 5 años, agrega nuestro comentarista, es decir, ¿después qué? Tales críticas de Alberdi llegaban a Buenos Aires como dardos envenenados mientras la prensa contraria a la guerra las recogía con gran entusiasmo. (Fuente: Folletería de Alberdi)

         Da la impresión que Mitre luego de la entrevista de casi 5 horas con López en Yataity Corá se percata del mal paso dado. En ese lugar los oficiales de ambos países solo hablaban de la paz mientras el caudillo uruguayo, Venancio Flores, se obstinaba en atacar y atacar al enemigo. Luego de haber sido el más fiel amigo de Mitre comienza a poner en duda su liderazgo como sus dotes de conductor y a inclinarse a favor de las decisiones del Brasil. El y únicamente él se obstinaba en la guerra en perfecta unión al emperador al extremo de enviar una comisión diplomática de su país a Río de Janeiro a los efectos de sembrar dudas por parte del dueño del corazón de Mitre (Flores) con relación al cumplimiento del tratado por parte de Mitre. Esto provoca un cambio de notas muy ásperas entre los cancilleres del Brasil y la Argentina. Para más, paralelamente el congreso argentino por casi unanimidad, le había facultado a su jefe de Estado a suscribir sino la paz las condiciones para ella sin entrar en detalles como la permanencia o no de López en el gobierno. Tal iniciativa se da antes de Curupayty. Sin embargo, este desastre de las armas aliadas complicará las cosas. El canciller Elizalde - por carta - le indica a su presidente que una paz en tales condiciones constituirá una derrota. En mal momento diplomático se produjo la victoria paraguaya. Luego de aquel hecho fatal ya nadie respeta a Mitre. Si antes, tanto el general Porto Alegre, el Almirante Tamandaré como el Ministro Polidoro le reclamaban la conducción de la guerra ahora ello arrecia.

         En descargo de Mitre hay que señalar que él no fue el único responsable de la derrota, más bien fueron los brasileros. El presidente de la Argentina ya les había señalado a sus aliados el 14 de julio de 1866 que inmediatamente había que desalojar a los paraguayos de su nueva trinchera del Boquerón del Sauce construida en la oscuridad de la noche a retaguardia de la alianza. Insistió tanto diciendo "hoy nos costará 500 hombres mañana 1.000 y más adelante quien sabe". Su acierto fue notable, razón por la cual la carnicería allí sucedida entre el 16 al 18 del citado mes obedece a la impericia de los brasileros. El desastre aliado en El Boquerón del Sauce es casi equiparable a Curupayty. En este último lugar, Mitre advirtió el peligro e insistió en llevar el ataque a Curupayty a más tardar unos días después de la victoria aliada el 3 de septiembre en Curuzú, es decir entre el 8 o 9 de septiembre. Pero las notas brasileras que iban y venían no reconociendo por una parte su comandancia en jefe o pidiendo tal o cual protagonismo le impidieron a la tríplice lograr una rotunda victoria dado que las trincheras no se hallaban entonces concluidas, mejor, no habían comenzado a construirse. Allí no existía defensa como para resistir el empuje de 20.000 atacantes.

         En los carniceros combates señalados, del 16 al 18 de julio y el 22 de septiembre de 1866, los aliados perdieron más de 15.000 hombres entre muertos y heridos. El descalabro paraguayo del 24 de mayo de 1866 en Tuyutí se había equilibrado notablemente.

         Luego del hecho de armas del 22 de septiembre de 1866, Venancio Flores, el tan mentado amigo de Mitre lo abandona a su antiguo protector para convertirse en su detractor, a pesar de los pedidos en contrario del presidente de la Argentina. Posiblemente supuso que ya no le servía más a él, dueño del corazón, del frustrado jefe caído en desgracia ante la alianza y puesto en la picota por la prensa de su propio país. Casi inmediatamente después del descalabro en que desapareció la República Oriental como fuerza combativa, reasumió su condición de presidente del Uruguay, y se unió en cuerpo y alma al Imperio. Pero como sucede siempre con los traidores pronto halló la muerte. Su presencia en Montevideo causaba una gran desolación. Principalmente en el Partido Blanco que lo acusaba de haberse entregado al Brasil en cuerpo y alma. Los hijos del ex presidente Bernardo Berro organizan una conjura en febrero de 1868 que provoca el asesinato alevoso del presidente uruguayo. Una anarquía de todos contra todos corre como reguero de pólvora al enterarse del asesinato de Flores. La anarquía reinante en el país parecía proyectarse. Pero las aguas se calmaron luego de caer también con una bala asesina su enconado rival, Bernardo Berro.

         Los equivocados pasos dados en 1863 comenzaban a pasar la cuenta a sus actores. Entre tanto en Entre Ríos el General Urquiza observaba. Su amigo el Mariscal Osorio ya le había comprado 30.000 caballos a precio vil. Pagó sin chistar. Más tarde el nuevo comandante en jefe de las fuerzas del Brasil, Marqués de Caxias comunicará a su gobierno que Urquiza ni siquiera entrego la totalidad de los equinos, es decir, cobró y cedió lo que el estimó. En suma, una estafa. (Memorial de Caxias al gobierno del Brasil.)

         Quizá en la conducta de Urquiza se halle la explicación de la actitud de Mitre respecto del Paraguay. Este busca un equilibrio con el Brasil porque sabe que la provincia de Buenos Aires se halla poco menos que aislada de las demás. Todas ellas partidarias del caudillo entrerriano en su gran mayoría a la par que flotaba en el ambiente el espíritu de Juan Manuel de Rosas. El fundador del auténtico federalismo se constituyó en protector de sus integrantes con un justo régimen aduanero promotor del desarrollo de todos sin detrimento de nadie. Lo que viene después con la hegemonía porteña egoísta y clasista profundiza el problema de la integración nacional.

         Ante tales condiciones se explica que el gobierno de Mitre enviara la misión La Fuente al palacio de San José donde se halla el patriarca entrerriano. La Fuente informa a su gobierno que Urquiza es influido por sus caudillos para separarse del Brasil y firmar la paz con el Paraguay. Pero luego de escuchar las razones de los partidarios del gobierno vuelve a recapacitar al extremo que La Fuente le informa a Mitre que al caudillo puede considerarle un leal amigo. No obstante, le señala que el enemigo reside en el propio palacio de San José, la señora Costas, la esposa de Urquiza, quien sin ambages defiende la causa de su compadre, el Mariscal López. (Informe La Fuente a Mitre.) Ante tales balanzas se halla el equilibrista caudillo. Por un lado el dinero y las consideraciones del gobierno, y por el otro, sus amigos federales y su esposa. En estas circunstancias transcurrirá su vida durante la guerra de la Triple alianza. Pero una vez finalizada. Poco después, en 1872, se despedirá de este mundo de la peor manera posible, ultimado como un perro en su propio palacio por haber traicionado la causa federal y haberse aliado a Mitre y Sarmiento. Su autor moral fue su yerno el general Ricardo López Jourdan. Con el magnicidio del gobernador, otro de los traidores del 3 de febrero de 1852 contra un gobierno argentino legítimo primero y luego cuando prometió alianza al Mariscal López que finalmente no cumplió, cae fulminado de varios balazos y cuchillas. Su antiguo y leal jefe, Juan Manuel de Rosas, le envía desde Inglaterra una sentida nota de pésame a su viuda. Tales actitudes marcan la diferencia entre los hombres para conocer mejor quienes fueron los patriotas y quienes los traidores. (Pacho O’Donell, carta de pésame de Juan Manuel de Rosas a la señora Costas de Urquiza, obra citada.)

        

 

CAPÍTULO QUINTO

 

GENOCIDAS: EJECUTORES, COMPLICES. INSTIGADORES Y ENCUBRIDORES

 

 

         PEDRO II DEL BRASIL Y EL GOBIERNO DEL BRASIL, AUTORES DEL GENOCIDIO

 

         En realidad el emperador Pedro II del Brasil nunca debió haber sido emperador. Su ancestro Pedro I de Portugal tuvo amoríos con Teresa Gille Lorenzo, la hija de un mercader llamado Lorenzo Martins. Los que debieron ocupar el trono eran los hijos de Inés de Castro, esposa de Pedro I de Portugal, pero como ésta fue repudiada por la nobleza portuguesa poco después se la manda asesinar en forma alevosa. Los instigadores de la muerte de Inés, Pedro Coelho y Diego López Pacheco expiaron de un modo terrible su crimen; al primero le fue arrancado el corazón por el pecho, y al segundo por la espalda. Incluso el rey Pedro mordió sus corazones. Así, del fruto del amorío con la hija del mercader desciende Juan IV, fundador de la Casa de los Braganza en Portugal, que tampoco debió ser rey pues en Portugal reinaba Felipe IV de España heredero legítimo de Manuel I de Portugal, es más, tenía derechos de herencia del lado paterno y materno. De manera que había que perpetrar un nuevo crimen para que esta casa pudiera fundarse en Portugal. Pero como Juan es un pelele, su esposa, Ana de Guzmán, fue la que toma la iniciativa y con un grupo de forajidos conspira, organiza una revolución y ordena el asesinato del Ministro Vasconcellos con lo cual se pone punto final al reinado de Felipe IV. A esta mujer se la acusó reiteradas veces de ser una asesina consuetudinaria. Además era apostata, renegaba de su tierra natal, España.

         Fallecido el pelele, Pedro I de Portugal, queda de regente ella con dos hijos en el orden sucesorio, Alfonso y Pedro. Pero este último alegando la demencia de su hermano mayor lo persigue hasta exiliarlo, y no contento con esto, le roba su mujer, María Francisca de Saboya Nemours, la cual muere poco después como si se tratara de un castigo divino. En tanto el supuesto demente fallece en raras circunstancias. La gente al ver en los museos el retrato de Pedro II de Portugal queda espantada. Es el vivo retrato del criminal nato de Cesare Lombroso.

         Del segundo matrimonio de Pedro II con María Sofía Pfalz-Neoburg, proviene Juan VI de Portugal padre del emperador Pedro I del Brasil y IV de Portugal y abuelo de nuestro personaje. Interesante historia familiar, ¿no es cierto? (Historia de la corona de Portugal, resumen genealógico.)

         Además hay que agregar que esta casa real como otras, por razones políticas, cruzan sangre con parientes hasta el segundo grado de consanguinidad en numerosas oportunidades lo cual puede explicar la aparición de taras, deformaciones físicas y síquicas tanto entre los Braganza como en la Casa de Borbón. Tíos con sobrinas, hermanos y primos hermanos entre si son moneda corriente entre ellos y explican muchas conductas. El futuro emperador Pedro II del Brasil nace en Río de Janeiro el 2 de diciembre de 1825 con el nombre de Pedro Alcántara de Braganza Borbón y Halsburgo.

         Pero vayamos a los hechos para demostrar su responsabilidad en el genocidio del Paraguay. Al principio de la guerra sus intenciones no pasaban de salvar el honor de su imperio. La alianza con la Argentina le seducía y le aseguraba la victoria de antemano. Conforme a la expectativa de los aliados la aventura guerrera no llevaría sino unos meses, o a lo sumo un año, más aun, luego de la rápida rendición de un cuerpo importante del ejército paraguayo el 12 de septiembre de 1865 en la ciudad brasilera de Uruguayana sin disparar un tiro. Al parecer los paraguayos no eran tan bravos ni leales como se los pintaba pues sin mayores tropiezos el comandante de la plaza señalada, Juan de La Cruz Estigarribia, fue comprado por el oro imperial, y además, a instancia suya y de los legionarios paraguayos le siguieron otros jefes y oficiales. (Los Legionarios. Juan E. O’leary. La Legión Paraguaya. Juan B. Gill.)

         No obstante, algunos recordaron que poco antes un dispar resultado sucedió en Yatay donde 3.000 paraguayos a las órdenes del Mayor Pedro Duarte vendieron cara la derrota al extremo de sucumbir antes que rendirse. A lo cual debe agregarse que muchos de los sobrevivientes de esos dos hechos de armas pronto fueron reincorporándose a su patria tras fugarse y cruzar el río Paraná.

         Los problemas reales de Pedro II comienzan el 18 de julio de 1866 donde tras 3 días de encarnizados combates más de 4.000 brasileros sucumben ante las fuertes trincheras de Punta Carapá y Ñaró del Boquerón del Sauce, la batalla más sangrienta hasta el momento luego de la de Tuyutí, del 24 de mayo de ese año donde también se ocasionaron muchas bajas al Brasil. A pesar de resultar esta última gran batalla, la más grandiosa del continente sudamericano, fue una terrible derrota paraguaya. Pero en menos de tres meses las bajas llegan a más de 15.000 hombres muertos en el seno de la alianza. La opinión pública del Brasil y la oposición al gobierno no se hace esperar. La llegada de las listas de los muertos produce el llanto de padres, parientes y amigos de los caídos valientemente por su patria.

         El pueblo de la Argentina que al principio apoya tímidamente el conflicto dado el engaño de su presidente, Bartolomé Mitre, de presentar la toma de Corrientes como un ataque paraguayo sin previa declaración de guerra, una vez recuperado dicho territorio la tendencia generalizada de ese país apuesta por la paz con una república hermana. Más aún luego de conocido el tratado secreto suscripto a espaldas del pueblo. Entre tanto, las sublevaciones e intentos de golpes en el interior para derribar al gobierno de Mitre primero y Domingo F. Sarmiento después, se sucederán en forma intermitente con los Saa, Varela, López Jordan y compañía.

         Vayamos a las pruebas registradas en ambos bandos. Entre las batallas de Estero Bellaco (2 de Mayo de 1866); Tuyutí (24 de Mayo de 1866); Yataíty Corá (2 de junio de 1866) y Boquerón del Sauce (18 de julio de 1866) puede calcularse alrededor de 15.000 muertos aliados en tan solo 3 meses. El Paraguay pierde un poco menos dado que fue atacante en solo dos oportunidades. Es bueno señalar que en las anteriores guerras internacionales, la de Argentina y Uruguay contra el Brasil (1827) y la Del Brasil y Uruguay contra la Argentina (1852) finalizaron en una o dos batallas y los muertos nunca pasaron de 2.000 a 5.000. En cambio ésta guerra, ya dura más de un año y medio y ni siquiera se ha tomado registro del número de bajas en las campañas de Mato Grosso, de Corrientes y Uruguayana lo cual nos llevaría a cifras de terror. Es en estas circunstancias que el Mariscal López propone al general Bartolomé Mitre una entrevista. El 12 de septiembre se reúne con él en Yataíty Corá. Hablan durante casi 5 horas. Se presenta incluso Venancio Flores con quien López intercambia algunos golpes verbales por su responsabilidad en la guerra lo que ocasiona el retiro del oriental de la reunión. Pero lo que llama la atención es la ausencia de Polidoro, el representante brasilero. Se explica, ha recibido orden de Pedro II de solo reunirse para recibir la rendición incondicional del Paraguay.

         El instrumento de la entrevista redactada por López hace ver si la sangre derramada hasta el momento no es suficiente para suscribir una paz honrosa entre los beligerantes a lo cual Mitre le recuerda el tratado secreto, no obstante, se compromete a someter a la consideración de sus aliados, en realidad, al Brasil. En la Argentina enseguida prende la idea y en el Uruguay también al extremo que al ex cónsul paraguayo en Montevideo, Juan José Brizuela, pronto lo ponen en libertad.

         La presión que recibe Mitre a favor de la paz es constante en su país pero aún así siempre sucumbe ante el Brasil por intermedio casi siempre del mandadero del emperador, José María de Silva Parahnos. Entre tanto los recursos aliados se agotan y no es tan fácil encontrar financiamiento. Unos días después de la entrevista se produce el gran descalabro de Curupayty donde sucumben 10.000 aliados como si se tratara de un mensaje de paz.

         Polidoro y Flores se retiran de la escena. Entonces el emperador echa mano de un viejo general de 64 años, el Marqués de Caxias. Este llama a otro viejo amigo y colega suyo, el general Osorio. La guerra se paraliza por más de un año luego de Curupayty. Se inicia una correspondencia secreta entre el Emperador, Caxias y Parahnos hasta hoy oculta por el Brasil, él único Estado de Sudamérica que esconde su pasado. Se supone que no será una buena historia sino de algo de que avergonzarse, de otro modo, no se explica tal conducta. Pero como se verá la iremos descifrando y sacando a la luz gracias a Caxias.

         A mediados de 1867 el Brasil tiene agotado su crédito a través de la banca Mauá que terminará quebrada. Por algo su mentor siempre se opuso a la guerra contra el Paraguay. Las guerras son negocios para los que otorgan créditos a cambio de millones de hectáreas de tierra como garantía y además venden armas, pero siempre exigiendo garantías reales. En este caso la banca Mauá fue obligada a otorgar garantías a favor del Brasil lo que la llevará finalmente a la ruina. Es en este año que se inicia la presión del emperador a Caxias. Le envía una carta privada y recibe una similar, pero el destinatario se toma el trabajo de filtrarla y saldrá a la luz. ¿Por qué el subordinado lo hace? Para salvar su honor de soldado pues no está dispuesto a destruir a un pueblo por el solo capricho de su monarca y su gobierno como adelantáramos.

         El 2 de noviembre de 1867 llegan los aliados al río Paraguay al norte de la fortaleza de Humaitá con lo cual se completa el cerco por tierra. El 3 viene la respuesta de López en la segunda de Tuyutí como quedó señalado. El ataque, es bueno repetir, fue fulminante. Cayeron más de 14 cañones rayados de alto precio, miles de fusiles y pertrechos al extremo que se pagaban sumas irrisorias para cruzar el río Paraná. La sorpresa fue total. Los muertos paraguayos llegaron a casi 4.000 y entre los aliados una suma parecida. Caxias, 14 días después del hecho de armas referido, contesta la carta privada del emperador desde el Cuartel de Tuyucue el 17 de noviembre de 1867. Responde a los pedidos de su Majestad, entre otras cosas, a sus requerimientos de apurar la destrucción del Paraguay "...Su disciplina proverbial de morir antes que rendirse y de morir antes de hacerse prisioneros porque no tenían orden de su jefe ha aumentado por la moral adquirida, sensible es decirlo pero es la verdad, en las victorias, lo que viene a formar un conjunto que constituye a estos soldados, en soldados extraordinarios invencibles, sobrehumanos. "López tiene también el don sobrenatural de magnetizar a sus soldados, infundiéndoles un espíritu que no puede apreciarse bastantemente con la palabra; el caso es que se vuelven extraordinarios, lejos de temer el peligro lo acometen con un arrojo sorprendente; lejos de economizar sus vida, parece que buscan con frenético interés la ocasión de sacrificarla heroicamente, y de venderla por otra vida o por muchas vidas de sus enemigos" (...) "El número de soldados de López es incalculable, todo cálculo a ese respecto es falible, porque todo cálculo ha fallado" (...) "Vuestra Majestad, tuvo por bien encargarme muy especialmente el empleo del oro, para acompañado del sitio allanar la campaña del Paraguay, que venía haciéndose demasiadamente larga y plagada de sacrificios, y aparentemente imposible por la acción de las armas; pero el oro, Majestad, es materia inerte contra el fanatismo patrio de los Paraguayos desde que están bajo la mirada fascinadora, y el espíritu magnetizador de López". "...soldados, o simples, ciudadanos, mujeres y niños, el Paraguay todo cuanto es él son una misma cosa, una sola cosa, un sólo ser moral indisoluble..." "... ¿cuánto tiempo, cuántos hombres, cuántas vidas y cuántos elementos y recursos precisaremos para terminar la guerra es decir para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto del vientre de la mujer...? (*) (León Pomer, La guerra del Paraguay. Política y negocios, Centro editor de América Latina, pp. 230-231.)

         El emperador está desesperado. Pide matar mujeres y hasta fetos de lo contrario Caxias no hará tales comentarios diciendo cuantos recursos se necesitarán para acceder a los deseos del monarca de hacer desaparecer de la faz de la tierra al Paraguay. ¿cuánto tiempo, cuántos hombres, cuántas vidas y cuántos elementos, y recursos precisaremos para terminar la guerra es decir para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto del vientre de la mujer...?

         Por la lectura, Don Pedro, le ha sugerido el empleo del oro como en Uruguayana. Pero... cuánto tiempo se necesitará para convertir en humo y polvo al Paraguay ante la tenacidad de su pueblo como bien informa el comandante en jefe del Brasil. Caxias, al parecer, le quiere hacer entrar en razones a un monarca tan obstinado en matar, destruir, violar y hacer polvo a un pueblo. La carta de Caxias tiene su contra cara en los archivos de Itamaratí donde se guardan las cartas privadas del emperador. Pero por la respuesta del remitente se sabe lo que desea Pedro II, el genocidio de un pueblo. Lamentablemente, un ciudadano argentino de alto vuelo dirá públicamente que a los paraguayos había que matarlos en el vientre de sus madres repitiendo como un loro las pretensiones del monarca brasilero. Ya lo veremos en su calidad de instigador.

         Cuando se produjo el asalto paraguayo el 3 de noviembre, Caxias, se hallaba entre San Solano y Tayí. Pudo ver con su telescopio el modo del ataque a sable y lanza y de cómo un regimiento entero del Brasil es conducido prisionero en un santiamén, con su jefe, el Mayor Cuhna Matto, a la cabeza. El observador prusiano, mayor Maximiliano Von Versen no podía creer que tan solo 8.000 paraguayos coparan a más de 15.000 aliados destruyéndole su parque de guerra y la totalidad de las provisiones de boca a la par que ponderaba a los soldados que regresaban cargados de artículos diversos y libras esterlinas, incluidas las botas y las cartas de la esposa de Mitre. (Max. Von Versen. Memorias de la guerra del Paraguay)

         No obstante, para facilitar el fin de la guerra, Caxias, siguiendo la orden de su emperador, tiende sus hilos y logra contactarse a través de las líneas enemigas con el hermano del Mariscal, don Benigno López, el Canciller José Berges y el doctor Antonio de las Carreras (Oriental.) Para el efecto se vale de la valija diplomática del ministro de los Estados Unidos y del vicecónsul portugués Antonio Vasconcellos. Pero el plan falla dado que los acorazados no pudieron llegar a Asunción el 20 de febrero de 1868 como quedó apuntado. Según Carl Von Clausewitz el principio cardinal de una guerra no es matar por matar sino desarmar y abatir al enemigo dejándolo exhausto. Logrado esto se pone fin a la conflagración. De manera que el intento de Caxias de encontrar colaboradores a cambio de dinero y poder en Asunción no es censurable. Resulta muy evidente que Caxias le hizo notar al ministro americano que el 20 de febrero constituye una idea fija suya, de lo contrario, éste no hubiera comentado tal cosa en su diario. Pero el propósito falló y ahora los implicados se hallan al descubierto pues López ha montado seis tribunales al efecto de la investigación. Por eso es preciso comunicarse de nuevo y fijar una nueva fecha para por lo menos rescatar a los traidores paraguayos. Abona la existencia de esta conspiración un sacerdote, 50 años después de los hechos, escribiendo sobre el particular dado que hasta esa época se negaba tal cosa. En su carta de 1918 nos dirá que la familia de López estaba al tanto y que él, en su calidad de pariente, fue llamado para ayudar a llevar baúles al río por donde pasarían los acorazados para rescatarlos. El sacerdote se niega a acompañarlos y poco después cae preso. Pero logra comunicarse con el presidente, y éste, ordena que se lo ponga inmediatamente en libertad. Entre tanto se sustanciaban las causas, los conspiradores fijan una nueva fecha. Para eso se valen del ministro americano quien al verse implicado pide la venida de un buque para abandonar el Paraguay. Pero llegado el vapor de guerra se detiene inexplicablemente en Curupayty por orden de Caxias cuando que la noticia de la salida del ministro debía constituir un logro y una satisfacción para el imperio. ¿Por qué lo hace detener, si viene para llevarlo al último ministro residente en el Paraguay? He ahí la clave. Es necesario seguir contando con la valija que en ese ínterin recibe y envía comunicaciones entre ambos campos. La nueva fecha fijada es el 24 de julio de 1868. Lo corrobora el coronel Jorge Thompson, el ciudadano inglés al servicio del Paraguay en su libro, diciendo que López le había adelantado con certeza el 24 de julio, la fecha del ataque al FORTÍN a 6 kilómetros de San Fernando, el cuartel de López. Y efectivamente así sucede para sorpresa del inglés. Pero nuevamente falla pues la escuadra es rechazada a la vez que el previo ataque a Humaitá el 16 de ese mes resultó un Curupaytishno según un sobrino de Osorio en carta a su madre. Murieron 4.000 hombres en esa cadetada al decir del general Juan Andrés Gelly y Obes. Dos días después en el chaco, en un paraje denominado Acayuazá, sucumben 1.000 hombres del ejército argentino, entre ellos, su comandante, el coronel Martínez de Hoz. Hasta aquí el Marqués de Caxias hizo lo imposible por concluir con la guerra desarmándolo al Paraguay y colocando en reemplazo de López a un gobierno amigo. El propio Benigno López es apreciado en el imperio; estudió allí durante dos años. El cónsul francés en Asunción lo confirma en carta a su gobierno por carta. (Toda esta documentación se halla en el libro de este autor, el Círculo de San Fernando, ya citado.)

         Ante el fracaso, el emperador nuevamente arrecia y Caxias no tiene otro camino que cumplir órdenes pero siempre en el terreno del combate leal. Se llega a lo que los brasileros llamarán la dezembrada, un conjunto de tres batalla sucesivas, Ytororó, Avay y Lomas Valentinas, que provocan la muerte de 35.000 hombres de ambos lados como quedó apuntado. Tanto Caxias como Osorio demuestran una valentía digna de ser admirada, más aun, por tratarse ambos de personas bien mayores para andar batiéndose como simples soldados. Caxias se salva de milagro de caer prisionero y a Osorio una esquirla le lleva la quijada. Aquí se decide el genocidio. Conforme a la orden del emperador, Caxías lo deja escapar a López el 27 de diciembre de 1868 en compañía de 90 hombres heridos y mal montados. El marqués lo hace a regañadientes, pero órdenes son órdenes, de cuyos detalles el Brasil decidió sepultarlo para siempre en su archivo secreto. Para encontrar una explicación a un hecho tan insólito le cedemos la palabra al testigo inglés, coronel Jorge Thompson: "Por qué razón Caxias, general en jefe del ejército aliado, no contra la nación paraguaya sino contra su gobierno, teniendo 8.000 hombres de caballería admirablemente montados y enteramente desocupados, no persiguió a López, a quien podía haber tomado sin perder un solo hombre? Esta misma pregunta se siguen haciendo hasta hoy numerosos historiadores e investigadores sin encontrar respuesta. El inglés seguidamente se pregunta si la actitud del brasilero fue por imbecilidad o para continuar lucrando con la proveeduría. Ni una cosa ni otra pues la actitud posterior de Caxias de declarar terminada la guerra y retirarse sin órdenes expresas de su gobierno y su emperador destruyen totalmente esta hipótesis. Seguidamente el inglés entra en dos hipótesis más. Una si fue el pretexto para mantener un ejército permanente del Brasil. Otra, si existía un inteligencia entre el jefe brasilero y López. Ambas no encajan dado que la entrada del ejército aliado en cualquier circunstancia iba a llegar a ocupar la desierta Asunción y López con su respuesta del 25 de diciembre a la intimación de rendición incondicional de los aliados les había señalado claramente que él luchará hasta vencer o morir como mas tarde sucederá. La última hipótesis de Thompson es la correcta. Véamos que nos dice: ¿O lo hizo para dar a López el tiempo necesario para reunir hasta el último paraguayo con el objeto de exterminarlos en guerra civilizada?". De cualquier manera, Thompson lo responsabiliza a Caxias de todas las vidas que se pierdan en el Paraguay a partir de esa fecha del escape de López sin percatarse el inglés que el jefe brasilero obró de ese modo cumpliendo órdenes de su gobierno y su emperador y protestando por tal medida más tarde a su amigo Osorio cuando se niega a volverse cazador de gente rendida.

         El historiador argentino general José Ignacio Garmendia concuerda plenamente con el inglés. Pero lo que le salva a la Argentina de su participación en el genocidio es la réplica de Gelly y Obes a Caxías: ¿Cómo ha podido V.S. cometer ese error, constándole que ese punto (Potrero Mármol era la única salida que tenía López". Ante la indignación del argentino, el brasilero le había dicho antes "General, he creído necesitar esa fuerza y por eso la he hecho retirar". Una explicación horrible que ni al mismo Caxias le convence. Se halla en juego su honor militar.

         Corre el 31 de diciembre de 1868. Al día siguiente las tropas imperiales entran a la abandonada ciudad de Asunción. A Caxias no le ha gustado para nada el proceder del general Juan Manuel Mena Barreto en Avay en que personalmente dirigió la violación de 300 mujeres y el asesinato de 4.000 niños y ancianos ya rendidos. Esto hasta lo corrobora el general argentino Ignacio Garmendia en sus memorias. No lo llama al orden porque se trata de un favorito de Gastón de Orleáns, el yerno del emperador. Pero lo que colma su paciencia es la profanación de los cementerios e Iglesias, degüellos y las violaciones de mujeres. Entre tanto, el ejército argentino no está dispuesto a manchar su reputación y por especial orden de su general Emilio Mitre se abstiene de entrar en Asunción y acampa en las afueras. Así, Caxias recibe un nuevo bofetón cuando el general Emilio Mitre por nota le señala su renuencia a entrar a la capital del Paraguay: "No quiero autorizar con la presencia de la bandera argentina en la ciudad de Asunción los escándalos inauditos y vergonzosos que perpetrados por los soldados de V.E. han tenido lugar". (Emilio Mitre. En las afueras de Asunción, 2 de enero de 1869.)

         A esta nota protesta le siguen otras no menos brutales y descarnadas como la de los ex cónsules de Francia e Italia acreditados ante el gobierno de López así como la del capitán William Kirland del cañonero americano Washp surto en la bahía de la Asunción, en las cuales le señalan con detalles las tropelías de que fueron objeto las sedes diplomáticas de sus respectivos gobiernos por parte de sus soldados convertidos para esa fecha en vulgares asaltantes de caminos sin antifaz. Caxias ha cedido al pedido de su emperador de dejar escapar al enemigo para masacrarlo. Se percata que la orden de exterminio ha comenzado a cumplirse a través de Mena Barreto, una persona ligada al emperador. No está dispuesto a empañar su nombre al comprobar tanta barbarie. Por eso, el 14 de enero de 1869, declara terminada la guerra, lo cual impedirá continuar con el genocidio, las violaciones y los saqueos. A continuación se transcribe algunas partes del libro de este autor titulado Bernardino Caballero, El Auténtico, Ediciones Emasa, 2005

         "En la corte de Pedro II cae muy mal la actitud de Caxias lo cual retrata los objetivos siniestros de su Emperador. En balde pide una reconsideración. Entonces decide enviar al Paraguay al sinuoso Canciller del Imperio, José María da Silva Paranhos futuro vizconde de Río Branco, a quien pide una escala por Montevideo para otear el ánimo del Marqués. Poco después, el Emperador, al confirmarse la nueva negativa de Caxias y la imposibilidad de una recuperación inmediata del otro jefe capaz de acaudillar a sus ejércitos, el Conde de Herval (Mariscal Osorio), lo propone a su yerno, el Conde D’Eu, príncipe de la Casa de Orleáns, como comandante en Jefe de las fuerzas imperiales".

         El marqués ha tomado la decisión correcta. Además tiene bien guardado su seguro, las cartas del carnicero que le pide sangre inocente. Por ahí no hay cuidado. Por otra parte ha filtrado su repuesta ya trascripta en este libro. Lo tiene a su soberano agarrado de todas partes. Nada menos que cuenta con las pruebas documentales del pedido de genocidio de un pueblo. Continuemos con la trascripción.

         "Poco después el Marqués regresa a Río de Janeiro y es recibido fríamente. Nadie lo espera en el puerto y el Emperador no se da por enterado de su enfermedad. Ha desobedecido sus directivas, cometiendo un acto de gran indisciplina al ordenar por su cuenta el final de la guerra tras retirarse con todo su Estado Mayor. El renunciante no se halla dispuesto realizar lo que su emperador le pide: Matar a López y a todo su pueblo si es posible. "Me repugna dar caza a López y a exterminar a un pueblo". "Yo no soy Capitao do Matto" (Cazador de esclavos), le comenta el Marqués a su amigo Osorio". (Historiador brasilero Héctor Lyra. Carta dirigida a Osorio)

         Caxias antes de su partida definitiva del Paraguay designa un comandante interino general Guillermo de Souza con órdenes de paralizar las operaciones. En tanto el otro carnicero, Juan Manuel Mena Barreto, se siente desairado. Ya había comenzado a oler sangre y ahora le ordenan detenerse.

         Entre tanto, Paranhos prosigue viaje a Asunción. Allí encuentra un pésimo ambiente entre los jefes y oficiales. El Marqués había sembrado la duda en ellos. Desde hacia tiempo afirmaba éste que una vez ocupada Humaitá y Asunción había que entrar en negociaciones con el Mariscal. Un arreglo justo y una salida honorable, debía proponérsele para así evitar una inútil e innecesaria matanza. López, ante tales argumentos, no podía negarse. Era cuestión de intentar. El emperador se negaba sistemáticamente. Pero la carne de cañón, es decir, los jefes, oficiales y tropas ya se resistían a seguir muriendo por una causa concluida. Desde la toma de la citada fortaleza, ya pregonaba eso el Marqués. Ahora Paranbos no sabe como revertir esta situación. Para peor, su sustituto en la Cancillería, Barón de Cotegipe, le anuncia desde la capital carioca: "Si Osorio o Gastón de Orleáns no van al Paraguay" "viene la desbandada general". (Bernardino Caballero. Obra citada.)

         Pero lo insólito como increíble es que poco después de haber afirmado el emperador que Caxias se había convertido en desertor al retirarse sin órdenes de Asunción, como es verdad, lo promueve a Duque al infractor, el único caso de un brasilero plebeyo que llega a este grado en la historia imperial. Por qué lo hizo, es cosa de preguntarle a Caxias, o mejor, a las cartas hasta hoy escondidas por Itamaraty y que temerariamente el presidente Lula Da silva anuncio con bombos y platillos darlas a luz pero que al leer su contenido quedó atónito y se echó atrás, no sea que el Paraguay con ellas reclame indemnizaciones por genocidio. "Lo que aquellos documentos denunciarían y lo que justamente Itamaraty no desea que trascienda es como las autoridades brasileñas de la época sobornaron a árbitros que demarcaron fronteras y lograron ocupar así territorios que pertenecían a Paraguay. Existirían además, en esos archivos, documentos que relatan atrocidades practicadas por los ejércitos de la Triple Alianza, agregó el ministro. (...) El gobierno considera que la divulgación de esos documentos sería "dinamita pura", y reavivaría antiguos conflictos con países vecinos, por lo que Lula dispuso que esos archivos permanecerán protegidos por "el secreto eterno" (Roberto Campos, comentarista del diario Clarín de Buenos Aires- 17 de diciembre de 2004.) De todo lo que queda dicho surge la culpabilidad del emperador del Brasil Pedro II y su gobierno como los principales genocidas del pueblo paraguayo. La acusación criminal queda hecha e igualmente contra la República Federativa del Brasil como cómplice y encubridora de los crímenes y latrocinios. Por lo visto el Brasil tienen una historia puerca, inconfesable y vil, siendo el único país del mundo civilizado que no abre sus archivos transcurridos los acontecimientos más de 100 años. No nos cansaremos de repetir. Su noble población ahora sabe que sus gobiernos fueron genocidas y ladrones de territorios. Por eso sus autoridades ocultan con tanto celo los documentos. Para completar las pruebas pasamos a conocerlo a uno de los principales ejecutores de las sangrientas órdenes del gobierno del Brasil y el emperador, el marido de la princesa Isabel de Braganza.

 

         GASTÓN DE ORLEÁNS, CONDE D'EU, EL EJECUTOR

 

         Este personaje nace en pleno océano atlántico en el año 1842 y contrae matrimonio el 15 de octubre de 1864 con la princesa Isabel de Braganza, primogénita del emperador Pedro II del Brasil. Su abuelo fue el rey Luís Felipe I de Francia entre 1830 y 1848, fecha esta última en que se instala la segunda república en ese país. Su bisabuelo, también llamado así, es conocido como Felipe Igualdad pues se puso del lado de los jacobinos durante la revolución francesa. No tuvo empacho alguno en votar para que le corten la cabeza al rey Luís XVI, emparentado con su familia. En pago.... los revolucionarios le cortaron la cabeza a él en 1793, a instancia de Robespierre, su antiguo protegido, aunque en honor a la verdad hay que reconocer; supo enfrentar el patíbulo con dignidad. Su hijo al ver esto puso pies en polvorosa y se marchó a los Estados Unidos para regresar a Francia como monarca a la edad de 57 años. Esta casa familiar de los Orleáns llegó a coronar dos reyes. Pero su ingrediente principal está plagado de historias macabras que van, desde intrigas, conspiraciones y conatos de golpes, hasta asesinatos y otras miserias. Además tenían la rara costumbre de vestirlos de niñas a los varones hasta la pubertad. Esto quizá explique algunas cosas como se verá.

         Llama poderosamente la atención que la hermosa princesa de 20 años de edad no pudiera tener hijos. Al parecer algo no andaba bien pues de lo contrario no se explica que 10 años después de la boda, de pronto, a los 30 años, comience a parir como por arte de magia a los siguientes hijos, a Luisa Victoria (1874); Pedro (1875); Luís Felipe (1878) y Antonio Gastón (1881)

         En abril de 1869 este aspirante a padre de familia recibe la noticia que va a ir al Paraguay a cumplir los deseos de su suegro. En tanto, Juan Manuel Mena Barreto está que baila en una pata cuando se entera de la noticia. Pero Parahnos, que conoce muchos los entretelones de la corte, se quedará en Asunción para apoyarlo dado que en el ejército no se lo tiene como buen soldado a Gastón. Las voces corren entre chascarrillos en rueda de tragos pues los rumores acerca de su capacidad reproductora han sido puestos en duda hasta por la prensa. Al parecer no se trata de un individuo muy fanático de su sexo.

         El príncipe viene para ordenar destruir la población del Paraguay cuando en Río de Janeiro y en Buenos Aires se clama a voz en cuello por la paz. Nadie quiere mandar a sus hijos como carne de cañón. Por eso ya se lo sacó a Mitre luego de los sucesos sangrientos en Curupayty. Fue por causa de su impericia, en tanto el marqués a costa de muchas vidas brasileras pudo entrar a la Asunción. Por eso desde 1867 han tenido que echar manos en las barracas de esclavos para llenar los claros. Pero este procedimiento tiene un costo, sino político, al menos pecuniario. Hay que pagar por los esclavos. Mientras tanto, Osorio y Caxias han salido limpios de la guerra. La actuación de ambos en diciembre de 1868 les tapó la boca a sus detractores, particularmente a los de Caxias. Los dos jefes son amigos y mantendrán esa amistad hasta la muerte. Si el marqués intentó un complot en el interior del gobierno del Paraguay fue justamente para abreviar el cáliz y así desarmar a su enemigo; son las reglas de juego en las guerras, no así los conspiradores paraguayos que pasarán a la historia como tales y sus nombres execrados. Lo cierto es que el conde se embarca en Río de Janeiro con un séquito de adulones. Nos suponemos las carcajadas de Caxias y Osorio al conocer el nombre del nuevo comandante en jefe de los aliados. Nos suponemos también la turbación de los jefes argentinos. Quizá por ello han renunciado a continuar la caza del enemigo, a pesar de la instigación de Domingo F. Sarmiento, su nuevo presidente. Si Bartolomé Mitre pudo y puede ser criticado hasta hoy como un militar inoperante, hay sobrados hechos bien documentados para comprobarlo. Pero en su favor se puede alegar en cambio, que jamás se escuchó de su boca o salió de su pluma un lenguaje soez, y mucho menos, asumió calidad de pregonero de la muerte con el solo propósito de perpetrar un exterminio.

         Pero vayamos al grano. Nuestro personaje, Gastón, llega a Asunción y se instala en Trinidad (Hoy, un barrio de Asunción) en los primeros días de Mayo de 1869. Posa para una fotografía tomada frente a la iglesia de esa localidad donde poco antes sus tropas entraron a saco robando todo lo de valor e instalando en esa casa de Dios una caballeriza, cuya remonta depositaba sus desperdicios sobre la tumba del ex presidente, Carlos Antonio López. Se halla a sus anchas en compañía del varonil Juan Manuel Mena Barreto que por su estampa, estatura y belleza conformó cuando era un joven oficial el cuerpo de la guardia del emperador. Aparte de otros lazos entre ellos la conversación gira en torno a los degüellos hasta entonces perpetrados e interrumpidos por causa del estúpido anciano que menos mal se mandó mudar. Las matanzas de niños, mujeres y ancianos en Avay que lo dejaron boquiabierto al general José Ignacio Garmendia a la par de los destrozos hechos en Asunción hasta el 14 de enero, deben extenderse en otras localidades. Ante tales nuevos desafíos, un uruguayo, coronel Hipólito Coronado, se acerca al círculo áulico y se ofrece para destruir la fundición de hierro y bronce la Rosada, lugar donde se vaciaron más de 500 cañones de diversos calibres durante la guerra. El general oriental Carlos de Castro autoriza a su subordinado a partir luego que el príncipe se lo pide. Hasta aquí no hay nada de malo pues la referida fundición sigue siendo fuente de recursos del enemigo. Sin mayores sobresaltos y con no poca audacia, llega a la famosa localidad logrando sobornar a uno de los lugartenientes del responsable del establecimiento, apodado en guaraní, Molina Pucú, por su alta estatura. El encargado de la fundición, capitán Julián Insfrán, no sospecha nada y envía a la tropa empavesar las armas para colaborar en el trabajo con los operarios. En eso llega Coronado seguido de lejos por Molina Pucú, y toma casi sin resistencia el lugar. Al regresar los soldados, viendo los hechos consumados, no tienen más remedio que rendirse ante la evidencia. No obstante, previamente, Insfrán, resiste con los efectivos que tiene a mano pero finalmente capitula. Acto seguido Coronado ordena el degüello de Insfrán frente a su tropa a la par que manda a los restantes prisioneros a un monte cercano donde sus hombres comienzan a degollarlos. Ante esta barbaridad los paraguayos vendidos al oro del Brasil se rebelan y sacan sus armas. El degüello se interrumpe. El trato consistió en la destrucción de La Rosada no en el asesinato de gente rendida. Al ver tal decisión, el cobarde jefe uruguayo, se echa atrás diciendo "que les perdonaba la vida" (Centurión, Obra citada.)

         Pero lo insólito, no constituyen tales actos de barbarie que vamos a ir repasando pormenorizadamente, sino la actitud del Uruguay que permite hasta hoy que una ciudad de ese país ostente como timbre de honor el nombre de un sujeto de tales cualidades, a quien en 1876 el presidente oriental, Lorenzo Latorre, mandó ajusticiar por venal y sanguinario. La ciudad con el nombre de Coronado, como si se tratara de una burla del destino, se halla tan luego en el departamento José Gervasio Artigas. ¡Qué mezcla tan paradojal de nombres!, ¿no es cierto?

         El príncipe al recibir el informe de Coronado, le hace fiesta a la vez que abona sus servicios. Inmediatamente informa la destrucción de la fundición y de la matanza, en carta particular a su suegro, hasta hoy oculta por Itamaraty. Se supone la gran satisfacción del monarca. Estas noticias son las que le pedía a Caxias. El suceso ocurre el 13 de mayo de 1869. Qué paradoja, un uruguayo es quien reinicia el genocidio luego del retiro del marqués. A Coronado no le dedicamos un subtítulo pues se trata un forajido vulgar e insignificante. Solo mencionamos el hecho para ver si los uruguayos se despiertan y cambian el nombre de la ciudad o pueblo que lleva el nombre de un sujeto tan indigno de la patria de José Gervasio Artigas. Entre tanto relato de sangre, el príncipe se entusiasma y ordena tomar la Villa de San Pedro e Ibytimí. Las tropas entran en el pueblo el 21 de mayo sin mayores contratiempos.

         "La gente inerme presume, por tratarse de civiles en su mayoría mujeres, niños y ancianas, que serán respetados en sus bienes y personas. Así parece al principio, pero al día siguiente comienza el saqueo, las violaciones y los asesinatos despiadados. Pasan al degüello alegremente como si se tratara de un juego. Un calco de la entrada en Asunción, cuando hasta los templos y cementerios fueron profanados". (Bernardino Caballero. Obra citada.)

         Un oficial brasilero que más tarde llegará a general, Dionisio Serqueira, no podrá ocultar los hechos. Pero por su baja graduación se encuentra imposibilitado de cambiar los acontecimientos. Su testimonio, a pesar de su esfuerzo por suavizar sus palabras, constituye un aporte que rebate al Diario do Ejército, siempre mentiroso y manipulador al extremo que no se da por enterado de la matanza. El informe, hasta hoy bien guardado, le llega al emperador por conducto de su fiel ejecutor de órdenes de extermino, su yerno el príncipe, convertido en el Ángel de la Muerte del siglo XIX. El 22 sucede igual cosa con Areguá y Patiño Cué. El 23, a las tres de la tarde, cae Itauguá. Aquí la población escapa a la mañana, informada por los espías de López de los robos y asesinatos. El 25 toman Tacuaral, Pirayú y Cerro León. Llega el Príncipe en las cercanías. Ordena matar pero no encuentran un alma. Ordena robar pero no hallan nada de valor. Se ha iniciado la guerra de exterminio. El 26 toman Paraguarí. Allí encuentran una dotación de 51 soldados a la orden de un oficial. Luego de un intercambio de disparos 41 de ellos deciden rendirse al ver la enorme masa de soldados enemigos. Pero 10 de ellos deciden pelear hasta morir. (Bernardino Caballero. Obra citada.)

         Vayamos ahora a Ibytimí. Aquí este autor se detiene para dar un testimonio de carácter familiar transmitido de generación en generación. El ataque a esta localidad ponía a su vez en jaque a Acahay e Ybycuí. Su bisabuela, Natividad Peña, de 15 años con sus hermanas, se hallan a mediados de junio cerca de la medianoche con su madre doña Francisca Molina de Peña en Acahay. A ésta, nombrada sargenta por López, se le ordena evacuar el pueblo. Las noticias del príncipe de la muerte causan pavor entre las mujeres, niños y ancianos. El joven oficial le informa a ella que los Cambá (Negros) se encuentran a tan solo kilómetros. No hay tiempo que perder, "Pua é, pua é, cambá kuera oyeuta nde memby kuera, ha nde avei" le alerta el oficial. (Apúrese, apúrese, los negros les van a violar a sus hijas y a usted también.), y agrega que a los ancianos y niños "ro yucata" (Los van a matar), agrega. Entonces Francisca se dirige a la iglesia y le despierta al cura. El frío era atroz y se anunciaba helada. El cura pregunta. - ¿Qué sucede, Doña Francisca? La señora le explica y le muestra su despacho de sargenta y la orden a la par que le pide al oficial y al sacerdote para que suban al campanario y hagan doblar las viejas campanas de hierro pues las de bronce fueron a parar hace tiempo entre otras tantas a La Rosada para vaciar cañones con este metal. Francisca y sus hijas quedan en el atrio en tanto en una carreta yace su anciano esposo enfermo de gravedad. El pueblo se despierta ansioso. Francisca y el oficial le instan a salir inmediatamente con lo puesto. Ella cuenta con más de 10 carretas cargadas de carne seca, sal, poroto, maíz y mandioca dado que días atrás, desde el cuartel de López, le habían anunciado la medida con la especial guarda del secreto al efecto de no alarmar a la población. Los sube a los niños y ancianos. Otras familias con similar medio de transporte hacen los propio mientras las mujeres marchan en mulas, caballos o a pie. En el camino fallece el marido de Francisca, Don José de la Peña, arruinado por las donaciones de ganado al ejército. Ella lo baja y lo llama al cura para cavar la fosa con una pala que tiene en una de las carretas. El oficial se presenta y le arrebata la pala al cura, "Anike rejapo Koa, Doña Francisca, che disculpa, apete a hecha petei, cambá" (No puede hacer esto, Doña Francisca, discúlpeme, muy cerca de aquí vi un negro.) Vanas fueron las suplicas de la esposa e hijas. El anciano queda tumbado en tierra con la melena blanca traída y llevada por el viento pampero del sur, mientras desde la carreta su familia lo observa y llora desconsoladamente hasta que su silueta se pierde y desaparece a la distancia. Tal el relato del mayor anglo paraguayo Carlos Oliver Peña, nieto de Doña Francisca, en el mismo lugar de los hechos, cosa corroborada por otros miembros de esta familia. En el Centro Paraguayo Japonés de Asunción se halla una biblioteca donada por el bisnieto del Capitán Julián Insfrán, con folletos no muy hurgados todavía con cortos testimonios de los niños de entonces, además de ex combatientes. A propósito uno de aquellos niños huérfanos como tantos otros fue a recalar a la Argentina y llegó a ser Ministro de marina del presidente General Justo. Se trata del Almirante Manuel Tomás Domecq García.

         Pero prosigamos, pues el príncipe nos espera con otros hechos dignos de mención. Comisiona a su favorito:        "Mena Barreto sigue el camino trazado de llegar hasta Villa Rica por el camino Sapucai - Ybytimi, pero una vez llegada en esta última localidad es conminado por D’Eu a retirarse llevando consigo a toda la población civil, principalmente mujeres y niñas que suman 11. 000 personas, así como el producto del robo". (Bernardino Caballero. Obra citada.)

         Este robo de mujeres coincide con la fecha del relato de la familia Peña. Estamos a mediados de junio. El hecho se produce a raíz que a los soldados ya no les gusta matar a gente indefensa. Entonces el príncipe idea un plan de exterminio masculino para repoblar el Paraguay con oficiales brasileros y así hacer desaparecer a una raza maldita que tantos pesares le ocasionan a su suegro. En realidad, en lugar de organizar planes de repoblación para el Paraguay lo que le debiera preocupar a Gastón de Orleáns es preñar a su esposa para darle un heredero al Brasil. Algunos oficiales brasileros ya se resisten a continuar asesinando aunque proceden a los robos y a las violaciones, pero hasta ahí nomás. ¡Qué consuelo! No obstante, el comandante, Juan Manuel Mena Barreto, sujeto siempre sediento de sangre, ordena el fusilamiento de seis personas tomadas al azar como advertencia a los demás si persisten en su negativa de proseguir la marcha. Ante esta demostración, las mujeres acceden al pedido. Por esta vez y por tal motivo vuelven a matar. Pero por lo antedicho respecto al plan de repoblación, en adelante se muestran más benévolos con sus víctimas. (Centurión, obra citada)

         En tanto Bernardino Caballero rescata 6.000 mujeres de aquella columna de 11.000 en la batalla de Sapucai mi o Diarte. El príncipe, en Paraguay, se pega un susto pues a su Juan Manuel lo viene corriendo, Eduardo Vera, un capitán de caballería paraguayo cuyo cuerpo está especializado en seccionar cabezas de un solo golpe con los formidables corvos, permanentemente afilados para cumplir tan temible tarea que provoca un gran terror dado que en el momento del degüello los elegidos continúan unos segundos cabalgando mientras las arterias y venas lanzan chorros de sangre. Por su inferioridad numérica, de esto se ha valido López para sembrar el pánico en el enemigo y así detenerlo por casi 5 años. Los brasileros galopan despavoridos pues se trata de esclavos en su mayoría sacados de las barracas a cambio de su libertad. Esta clase de tropa ha ridiculizado a la alianza. Pero no hubo otra alternativa pues tanto en la Argentina como en el Brasil la gente blanca se resiste a ir a la guerra. Los argentinos contratan mercenarios de Europa. En tanto la opinión pública clama por la paz y ya no están dispuestos a entregar a sus hijos que, si no caen en las batallas o las pestes, la disentería se los lleva al otro mundo. Los paraguayos se percatan de ello y proceden a esta práctica nacida con el famoso Capitán Bado quien enseñó el procedimiento como si se tratara de una academia de altos estudios. Los hacía practicar a sus jinetes horas y horas hasta convertirlos en auténticos cazadores de cabezas. El entonces teniente Dionisio Serqueira los vio actuar en el Chaco en abril de 1868, y escribió en sus memorias que en esos casos era imposible detener a la soldadesca. Ahora Mena Barreto se acaricia el cuello en tanto azota a su caballo para llegar a salvo a Paraguarí mientras su azorado Gastón desde allí envía refuerzos en su socorro. El capitán Eduardo Vera al frente de unos 500 hombres al galope, al ver que una masa de 5.000 hombres le sale al paso para proteger a los desbandados negros, se detiene, pero no se marcha inmediatamente. Aun así no lo hostigan sino que se conforman con llevar la tropa a salvo al cuartel general. Esta victoria será la última que hará reír a López. A Caballero le valdrá su ascenso a general de división unos meses después y a Vera la obtención de su grado de mayor.

         El príncipe está furioso. Ahora sabrán de lo que es capaz de hacer, amenaza. Pide refuerzos y más refuerzos al extremo que tanta masa de tropa choca una contra otra, en tanto el Mariscal se maneja con poco más de 10.000 efectivos en su mayoría ancianos y niños. Se halla al pie de la cordillera de Altos mientras en su flanco izquierdo (derecho del enemigo) ha fortificado la ciudad de Piribebuy, en tanto del lado derecho no, pues le parece imposible la escalada por allí. El futuro vizconde de Río Branco, Silva Parahnos, convertido en niñero por orden Pedro II, lo calma con mucha persuasión a Gastón como se puede apreciar de la correspondencia entre ambos. Los demás jefes, salvo Mena Barreto, lo desprecian pero aceptan sus órdenes pues Parahnos se halla detrás de ellas, en consulta con el General Cámara y los demás jefes. Los mismos idean una tenaza. Un cuerpo irá por la derecha y otro por la izquierda mientras una fuerza de 7.000 hombres avanzará al frente. Así, con gran esfuerzo logran trepar las sierras. Las dos tenazas encerrarán a López en un Bolsón imposible de escapar. Se inicia la campaña de la cordillera. Muy pocos argentinos y uruguayos participan, y el coronel Hipólito Coronado desapareció del escenario pues no se lo encuentra más en la documentación.

         El general Francisco Isidoro Resquín le advierte a López de la intención de la maniobra pero éste no cree tanta audacia en la alianza, acostumbrado como se halla de ver desde casi un lustro como los días se suceden sin que se muevan salvo las matanzas organizadas últimamente contra gente indemne como quedó apuntado. (Resquín, Memorias. Obra citada.)

         Pero sus cálculos fallan. Esta vez logran ascender por ambos flancos mientras le presionan en su frente de Azcurra. Al verificar con sus espías que por su lado derecho (izquierdo del enemigo) el general Emilio Mitre irrumpe por el pueblo de Altos, se decide por evacuar su cuartel no sin antes abonarle sus haberes a los operarios ingleses que trabajan por turno las 24 horas para reparar cañones y armas a la vez que le encomienda al farmacéutico italiano Domingo Parodi el cuidado de los enfermos tras abonarle igualmente sus sueldos pendientes más una suma para comprar los alimentos requeridos por el hospital. El 8 de agosto de 1869 abandona su cuartel de Azcurra para escapar de la tenaza en ciernes. Los brasileros llegan a Piribebuy el 12 de agosto. Ese día cae la plaza defendida por ancianos niños, ancianos y hasta por mujeres. En esta fecha participa el sexo femenino con un arrojo descrito por el propio enemigo. Aquello fue algo que hasta hoy queda en el recuerdo de los vecinos de esa ciudad, una vorágine de sangre y fuego desencadenada por primera vez contra una población civil pues Piribebuy entonces es la tercera capital del Paraguay luego de la evacuación de Asunción y Luque. Pero sucede un hecho fuera del libreto del príncipe. Su "amigo" Juan Manuel cae herido de un certero disparo. La bala toca una arteria y en menos de dos horas fallece desangrado en el campo. Ha sabido cumplir con su deber de soldado. Con él sucede lo del aforismo chino que nos indica que tarde o temprano las víctimas ven pasar el cadáver de sus enemigos. Y así sucedió cuando sus hombres lo alzaron en una camilla. Los prisioneros rendidos lo vieron pasar a quien mandó matar, robar y violar sin piedad. Gastón al enterarse sufre un ataque de paranoia. Sus ojos desorbitados se llenan de lágrimas pues su querido general ha muerto. Veamos algunos relatos de los hechos de esta batalla.

         "Durante el combate, el general Mena Barreto, amante del conde D'Eu, había sido muerto de un certero disparo efectuado por el cabo Gervasio León. Este hecho encolerizó al príncipe de la casa de Orleáns, al punto que una vez tomada Piribebuy ordenó el degüello de todos los prisioneros "Inermes cautivos, en su mayor parte, esqueléticos muchachos" y la quema del hospital, con todos los heridos, mujeres enfermeras, niños y médicos adentro. Los aliados se apoderaron del Archivo Nacional, de los caudales públicos y saquearon todo cuanto encontraron de valor". (Historiadora María Eugenia Garay. Artículo publicado en ABC Color.)

         Un publicista de nacionalidad brasilera se encarga de escarbar los datos de esta carnicería escribiendo un corto libro pero muy ilustrativo sobre el tema. "El sangriento Conde de D'Eu vengó las pérdidas sufridas mandando degollar al comandante Caballero, al mayor Mariano López y a numerosos prisioneros y heridos. Y para completar su horrenda barbarie, mandó incendiar el Hospital de Sangre "manteniendo en su interior los enfermos - en su mayoría jóvenes y niños. El hospital en llamas quedó cercado por las tropas brasileras que, cumpliendo las órdenes de ese loco príncipe, empujaban a punta de bayoneta adentro de las llamas los enfermos que milagrosamente intentaban salir del la fogata. No se conoce en la historia de América del Sur por lo menos, ningún crimen de guerra más hediondo que ese" (Juan José Chiavenato. Genocidio Americano. La guerra del Paraguay.)

         El autor lo califica de "loco príncipe" sin agregar que sus hechos estaban respaldados por el emperador y el gobierno del Brasil. No se trata de una cosa aislada sino de algo bien premeditado. Es común en la literatura brasilera que se saque el fardo del genocidio culpando a un extranjero. En este caso, quizá, la reacción descontrolada como expresa la historiadora, posiblemente obedece más a sus relaciones homosexuales con el fallecido. En esta clase de crímenes es frecuente leer en la prensa homicidios con 20 cuchilladas o disparos. La policía, al ocurrir un hecho de estas características siempre clasifica como provocado por homosexuales. En Piribebuy la venganza se desató contra niños, mujeres, enfermos y ancianos a más del degüello de numerosos jefes y oficiales. López enterado del desastre, se halla cabalgando de prisa dado que la tenaza avanza y está a punto de cerrar el bolsón. Pero como el príncipe que comanda las tropas de la alianza no ordena girar a la izquierda para encontrarse con las tropas de Emilio Mitre, entretenido con el pomposo funeral organizado por él con tiros de salvas y discursos a favor de su "amigo", le otorga al Mariscal las 24 horas precisas para escapar. En la retaguardia de éste marcha Bernardino Caballero con su división de niños, ancianos y 1.500 hombres sanos. Al arribar a Barrero Grande López se dirige a Caraguatay en tanto el enemigo le pisa los talones. Caballero ya no puede evitar el combate y los espera en los campos de Acosta Ñu. Veamos que nos dice Chiavenato, el autor brasilero, respecto de los niños y demás detalles:

         "Durante la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en la selva próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaban a comandar un grupo de niños en la resistencia"... "Después de la insólita batalla de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el Conde D'Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres". Su orden era matar "hasta el feto del vientre de la mujer". El príncipe encolerizado por la muerte de su "amigo" abre las compuertas de la maldad más extrema que un ser humano pueda llevar dentro. López por un pelo escapa del cerco. Caballero con unos pocos logra salir del campo de batalla por un arroyo boscoso. A partir de este hecho de armas, Silva Parahnos, se percata de la reacción argentina. A ninguno les gustó lo que escucharon. Ellos pelean lealmente, no asesinan en forma masiva a niños inocentes, a pesar que su presidente, Domingo Faustino Sarmiento, alienta el genocidio como se verá. Lo cierto es que a Gastón - su niñera Parahnos - lo interna sucesivamente en Villa del Rosario y Concepción. Los horrores ya han salido a luz en la prensa internacional, particularmente en la Francia de Napoleón III, el mismo personaje que destronara a Luís Felipe, el abuelo de Gastón. El monarca francés en las recepciones de palacio se detiene siempre a hablar por varios minutos con el encargado de negocios del Paraguay, capitán Gregorio Benítes, a quien le pregunta constantemente noticias de la guerra. En cambio, el ministro residente brasilero, de mayor rango que Benítes en cuanto a representación, es saludado muy a la ligera al solo efecto de cumplir con el protocolo. El paraguayo le informa al emperador de las andadas del nieto de Luís Felipe en su país en tanto Napoleón III no puede ni escuchar el nombre de una familia tan cuestionada por los Bonaparte. Alaba la lucha del Paraguay. - Qué gran defensa, le dice en más de una oportunidad. El ministro brasilero observa la escena avergonzado pues sus pares se dan cuenta de las preferencias del emperador. Igual cosa sucede en Washington. Allí el ministro residente brasilero le pide al secretario de estado - Fish - que haga salir de la sala al joven Emiliano López, por no estar acreditado éste ante el gobierno de Ulyses S. Grant. Al escuchar esto, la esposa del secretario de Estado, lo toma del brazo a Emiliano. - Este joven es mi invitado, exclama delante del brasilero, y se lo lleva al histórico Salón Este de la Casa Blanca. Emiliano, el primogénito del Mariscal, fue esmeradamente educado en París. Constituye en la capital americana toda una novedad en 1869. La prensa se ocupa de él casi todos los días, de su estancia en esa capital, de sus entrevistas con el presidente, de sus visitas al capitolio y de la defensa que hace de su padre. Así se gana el corazón del pueblo americano. En la recepción se le acercan ministros y senadores. El contesta a las preguntas en un fluido francés lo cual sorprende a los invitados. (Gregorio Benítes. Memorias diplomáticas.)

         En cambio en el Paraguay, poco favor le hace al Brasil las andanzas de Gastón de Orleáns. Por eso ocultan toda la correspondencia de esta época. Por eso Parahnos y Cotegipe se empeñan en regresarlo al Mariscal Osorio nombrado conde de Herval, y lo logran, con lo cual la tropa queda más calmada. Pero el viejo soldado apenas puede sostenerse dado que sus heridas siguen expulsando esquirlas. La inflamación le causa una permanente fiebre y poco después se retira del escenario. Entonces se lo nombra jefe de hecho al General Correa de Cámara para terminar con López como sucederá el 1º de marzo de 1870, pero a costa de grandes sacrificios al extremo que la tropa aliada sufre hambre por momentos debido al alargamiento de sus líneas de aprovisionamiento. Ya no es necesario matar más pues el ganado existente casi desapareció de modo que los paraguayos que restan morirán de inanición salvo unos pocos que serán socorridos por familias piadosas que aún cuentan con escasas provisiones de supervivencia.

         Entre tanto Gastón quiere regresar en forma triunfal al Brasil pero su suegro no se lo permite hasta tanto López no desaparezca del Paraguay. Existe un gobierno provisorio capaz de firmar cualquier cesión territorial pero no puede concretarse porque el gobierno legítimo de López es reconocido por las naciones. Esta es la triste historia del príncipe Gastón de Orleáns, genocida al igual que su suegro el emperador Pedro II del Brasil y el gobierno imperial. La acusación criminal queda hecha.

 

         DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, EL INSTIGADOR

 

         Llega al Paraguay en 1887 como resultado de una recomendación médica. Sufre del corazón, y en consecuencia, no es bueno pasar el invierno en una ciudad como Buenos Aires, muy humedad y fría durante esa estación. Se lo recibe en Asunción muy afectuosamente tanto de parte de las autoridades como del pueblo en general. Se instala casi pegado a la llamada Cancha Sociedad (hoy Gran Hotel del Paraguay) hogar de descanso que fuera de Elisa Linch, la irlandesa que le dio 7 hijos a López. Los que la adquirieron son un matrimonio italiano. El esposo, el Doctor Andreuzzi, es médico. Enseguida traba amistad con su renombrado vecino a la vez que lo atiende profesionalmente y le recomienda a otros galenos como el médico alemán Hassler, entre otros.

         Vinculado Sarmiento con varios paraguayos traidores de la legión paraguaya, pronto comienza a enviar artículos a El Independiente, diario de la época. José Segundo Decoud es uno de sus amigos así como el teniente coronel Juan Bautista Eguzquiza y el de igual clase, Juan Gualberto González, todos ellos pertenecientes al ejército argentino durante la guerra de la Triple Alianza. El ministro residente de ese país lo acompaña en forma casi permanente. El clima le sienta bien, descansa y duerme plácidamente según cartas dirigidas a sus familiares en Buenos Aires. Cuenta con 76 años, época en la vida de los hombres públicos en que las pasiones ceden paso a la prudencia y a la indulgencia. Pero he aquí que nuestro personaje de marras no puede dominar su naturaleza y al poco tiempo se despacha en forma furibunda contra el doctor José Gaspar de Francia, fundador de la nacionalidad paraguaya. Esa época del Paraguay así como la de los López está siendo puesta en tela de juicio dado que los vencedores indican cual debe ser la nueva historia del país. Su amigo Decoud fundó en 1869 un diario llamado La Regeneración tomando prestadas las palabras de Sarmiento en el sentido de regenerar de la barbarie al Paraguay para civilizarlo. De manera que el comentario sobre Francia hubiera pasado casi desapercibido de no ser por la presencia del nieto del prócer aludido, Agustín Cañete, ministro en el gabinete del presidente de la república, general Patricio Escobar.

         Agustín Cañete, se siente ofendido, no por la crítica al gobierno absoluto de su abuelo, sino particularmente por los gruesos e innecesarios adjetivos calificativos empleados por Sarmiento. Renuncia a su alto cargo y lo desafía a duelo a su ofensor. El gobierno de Escobar se desespera y trata de disuadirlo al ofendido pero no impide que Cañete envíe sus padrinos. José Segundo Decoud, Senador y alternativamente ministro de ese gobierno, interviene en favor de su anciano amigo alegando que un hombre de su edad no puede ser obligado a batirse. Los vecinos se alarman. Recién se enteran que el ministro es nieto de Francia. No se habla de otra cosa en la vieja y derruida Asunción. Interviene el ministro residente de la Argentina quien conjuntamente con Decoud tratan de amansarlo a Cañete pero este se mantiene firme como una roca. Se trata de un hombre de gran dignidad quien durante la guerra demostró mucho coraje siendo teniente. Se negó a la capitulación de Isla Poí pero tuvo que aceptarla pues los coroneles Martínez y Cabral así lo decidieron el 7 de agosto de 1868. Lo embarcaron en un buque argentino con otros oficiales cuando de pronto aparece un niño que lo encuentra a su padre entre los prisioneros. El comisario del buque trata de arrebatárselo alegando excusas pueriles. Cañete desenvaina su espada y alienta a los demás a hacer lo mismo. El comisario argentino se retira indignado y va a protestar a sus superiores. Viene una chalupa de Humaitá con el representante del general Juan Andres Gelly y Obes. En la capitulación aludida el General Rivas le juró al Coronel Martínez, besando su espada, que la misma permitía la tenencia de las armas de los jefes y oficiales y que podían elegir el lugar de su residencia, en consecuencia, el hijo debía continuar con el padre. Cañete y los demás labran un acta y certifican que el niño es hijo del oficial. Seguidamente el buque zarpa con padre e hijo rumbo a la capital porteña.

         Pero regresemos al entuerto. Finalmente se llega a un acuerdo entre los padrinos en que se mantiene el comentario del artículo en sus partes sustantivas retirándose los adjetivos injuriosos cuestionados. El ministro argentino y José Segundo Decoud por fin pueden pegar los ojos. En unos meses de residencia nomás el visitante ya causa un alboroto de proporciones en un país que lo recibe tan cariñosamente. Menos mal que se marcha al acercarse el verano. Pero al otro año regresa y se instala nuevamente. Ha decidido pasar los veranos en la Argentina y los inviernos en Paraguay. Pero poco antes de la llegada de la primavera, el 11 de septiembre de 1888, fallece en Asunción. Días atrás una junta médica de 6 galenos extranjeros y paraguayos envió, a instancias del ministro residente, un informe médico al presidente argentino, Juárez Celman, en que le señalan la afección cardiaca que padece el enfermo a la que califican de "gravísima".

         El gobierno paraguayo decreta 3 días de duelo con bandera a media asta. Su vecino, el Doctor Andreuzzi, lo embalsama. En el puerto de Asunción se suceden los discursos laudatorios mientras las fuerzas armadas le rinden honores con los cañones de salva correspondiente. Iguales o mayores honores recibe en su patria hasta el depósito de sus restos en La Recoleta previo desfile por la calle Florida de Buenos Aires rumbo al cementerio. El gobierno y el senado de la Argentina decretan la erección de un gran monumento en su homenaje en la residencia que fuera de Juan Manuel de Rosas así como se designa una calle importante de la capital con su nombre, además de otros monumentos y homenajes en las provincias. En Asunción, la calle de la residencia donde fallece, cambia su antigua denominación por la de Domingo Faustino Sarmiento. En su solar funciona la Escuela República Argentina sostenida por la embajada de ese país hasta hoy. Transcurren los años, hasta que un buen día, por ordenanza N° 4854 del año 1963, esa calle cambia nuevamente de denominación. En adelante se llamará De la Residenta, en homenaje a las mujeres paraguayas que donaron sus alhajas, sus esfuerzos e incluso hasta sus vidas durante la guerra de la Triple Alianza.

         Cuál la razón de este bofetón a la memoria de un prócer reconocido en la Argentina puesto que ni siquiera se denominó a otra arteria con su nombre como compensación como sucedió con la Avenida Colombia, hoy Mariscal López, que se traslada como primera paralela al norte de la avenida Rodríguez de Francia. En esta ocasión se explicó la causa a la embajada de ese país. La avenida más importante de la ciudad debía ser del Mariscal. Durante mucho tiempo lo fue de Colombia en homenaje a su gallarda postura durante la Triple alianza. En igual sentido la avenida Perú, la calle del canciller Toribio Pacheco de ese país, la avenida Venezuela, la calle Chile en pleno centro, constituyen homenajes a estas naciones, por su comportamiento fraterno durante el holocausto paraguayo. Según la propuesta de varios concejales del año 1963 el nombre de Sarmiento desentonaba en la ciudad. Varios fueron los oradores que desempolvaron los archivos tan bien guardados aunque algunos historiadores ya habían aludido al personaje que nos ocupa.

         Domingo Faustino Sarmiento nace en la ciudad de San Juan, República Argentina, el 15 de febrero de 1811. Su padre, Juan Clemente Quiroga Sarmiento y su madre, Paula Albarracín, son del lugar. Lo que no se explica a pesar de haberse hurgado muchos documentos es el nombre que aparece en su partida, Faustino Valentín y no Domingo Faustino. Lo mismo sucede con su apellido Quiroga. En realidad debe llamarse Faustino Valentín Quiroga. Qué coincidencia, un Quiroga escribirá sobre otro Quiroga. Queda para el misterio aunque no reviste importancia.

         En su juventud participa en las luchas entre federales y unitarios. Al principio elige el buen sendero al enrolarse con los primeros, pero de pronto cambia como suele suceder con los jóvenes atropellados. Se dirige a las carpas de los unitarios en el peor momento político de los mismos en que va emergiendo en el firmamento la señera figura de Juan Manuel de Rosas para quedarse por muchos años en el poder.

         Con tan solo 20 años, Sarmiento, se ve obligado a emigrar a Chile. Corre el año 1831. Allí consigue distintos trabajos dentro de las humildes pretensiones de un joven extranjero para mantenerse. Logra un puesto de maestro de escuela. Más tarde se convierte en minero, no patrón sino peón. Estas tragedias sucedidas en plena formación agrian el carácter. Lo debe haber vivido y más tarde rumiado en varias cartas pues su familia pide su regreso. Así, en 1836 lo tenemos nuevamente en su ciudad natal. No ha realizado estudios superiores, en consecuencia no adquirió conocimientos sistematizados en ninguna disciplina. El peligro constante en estas latitudes, el de los intérpretes de las obras de los filósofos de la ilustración que venimos señalando en este libro, se dará con Sarmiento como se dio en Francia con Marat, una verdadera destilería de odio en pleno París. Solo que al francés lo acallaron pronto de una puñalada en su bañadera, de lo contrario hubiera rivalizado con Robespierre en el empleo de la violencia, la instigación y el crimen. Ambos, Marat y Sarmiento, proceden del campo y por tanto con resentimientos sociales. Quizá por eso el sanjuanino se pasa a los unitarios. Quiere ser un hombre, ilustrado, superior. Le quedan muy chicos sus compueblanos. Tiene aspiraciones, sin duda, y bastante talento para escribir pero lamentablemente al estilo de los revolucionarios jacobinos. Y el odio... solo produce muertes y más muertes.

         Toma contacto con la sociedad literaria, La Asociación de Mayo, una institución de carácter político y no cultural donde milita Bartolomé Mitre. A partir de ahí nace la amistad entre ellos. Funda en 1839 un diario como Marat. Lo llama El Zonda. Algunos supondrán por un valle que lleva ese nombre en la provincia de San Juan. Pero analizando mejor se trata de un viento fuerte, cálido y seco proveniente de los contrafuertes andinos de la provincia de Cuyo que lleva ese nombre y provoca inquietud y desazón en la gente, como el Ibytu tarová de agosto (el viento loco) del Paraguay que lo irritaba al Supremo Dictador al extremo de sacarlo de sus casillas. Quizá con este nombre desee irritar al restaurador. Y lo consigue. Pero la aventura dura poco, pues en lugar de escribir sus críticas empleando el sustantivo como lo hará más tarde Juan Bautista Alberdi, su estilo propende al uso indiscriminado del adjetivo lanzado a quemarropa y cuanto más ordinario y soez mejor. El 18 de noviembre de 1840 es apresado. De vuelta al exilio en chile, pero esta vez tiene mejor suerte dado que encuentra en el presidente Manuel Montt un amigo. En realidad lo que encontró Montt no es un amigo sino un argentino capaz de escribir a favor de los derechos territoriales de Chile en el sur de las pampas razón por la cual en algún momento Sarmiento será acusado de traidor. Lo cierto es que Montt, en 1845, lo envía a estudiar pedagogía en Europa y los Estados Unidos. En Francia lo conoce a San Martín y vimos la reacción de éste como quedó apuntado. Regresa en 1848. Esta etapa parece de estudios, aunque no hay consignación de ningún un título académico.

         Luego del pronunciamiento de Urquiza en 1851 se ofrece como gacetillero del entrerriano al igual que lo hizo en su momento con Manuel Montt. En suma, un escriba ofrecido al servicio de una espada luminosa y con futuro en ese momento. Pero a Urquiza no le gusta para nada el sanjuanino. Al ver que no consigue ganarse su confianza regresa de nuevo a Chile. En 1853 cuando Buenos Aires se constituye en una suerte de república aparte respecto de la confederación argentina, regresa y logra un escaño como senador de esa provincia, cargo que ejerce 4 años. Más tarde permanece en el empleo pero con la provincia de Buenos Aires ya integrada a la confederación partir de 1859, por obra del despistado gobierno del Paraguay como quedó apuntado. Su antiguo amigo Mitre ha escalado alto luego del extraño caso de la batalla de Pavón donde el perdedor resulta ganador. Así, se convierte en su gacetillero. Pero esta vez su pluma da frutos pues cuando el citado amigo asume la presidencia de la confederación argentina en 1862, Sarmiento se convierte en gobernador de San Juan, su provincia natal.

         Es en este momento que lo vamos a conocer al hombre en su verdadera dimensión - aunque ya vimos parte de su personalidad en el arranque de este subtítulo - dado que ya no se trata de un furibundo periodista combativo sino alguien con poder efectivo. Y en estas circunstancias se conoce mejor a los hombres. La violencia que hasta el momento no iba más allá de su pluma se va materializar en hechos criminales. Vayamos a las pruebas:

         "Ambrosio Sandes, después de la victoria de su ejército en Las Aguaditas, en marzo de 1862, enfurecido por la muerte de un ayudante, asesinó a siete oficiales. Recorrió todo el interior de La Rioja persiguiendo montoneros reales o imaginarios. En la batalla de Lomas Blancas, un gaucho enemigo lo derribó y lo dejó tirado en el campo, perdonándole la vida. Pero logró una victoria y, enfurecido, hizo matar a todos los prisioneros e incendiar sus cadáveres. Volvió a derrotar a Peñaloza en la batalla de Salinas Grandes, donde repitió sus hazañas criminales. En todos los casos, mató a todos los oficiales que cayeron en sus manos, y a muchos soldados. Si bien no era algo que le disgustaba, obraba así por orden de su superior, el gobernador sanjuanino y futuro presidente (y prócer nacional) Domingo Faustino Sarmiento. Éste le había ordenado matar a todos los prisioneros de guerra; Sandes, al menos, perdonó a algunos gauchos, por mero capricho. (Bazán, Armando R., Historia de La Rioja, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991)

         Ambrosio Sandes es uno de los tantos caudillos surgidos en el interior de la argentina desde su independencia. Acostumbrado a matar, encontró por fin un jefe a quien también le gusta el olor a sangre, incluso más sanguinario que él, pues no perdona a nadie. La lucha está dirigida contra Vicente Chacho Peñaloza, personaje mítico al igual que en su oportunidad lo será Felipe Varela.

         Sarmiento ha sido nombrado, aparte de su cargo de gobernador, director de la guerra contra el caudillo. Entre Mitre y él idearon un plan para obtener impunidad. Lo declaran fuera de la ley a sus enemigos, en consecuencia se los puede matar donde se los encuentre sin piedad alguna. Durante la dictadura de Rosas nunca se vio algo parecido. El restaurador de las leyes guardaba las formas. Sus enemigos podían caer en lucha franca pero nunca una vez rendidos. Lo Demostró con José María Paz y varios otros. Estos en cambio, enfermos de civilización contra la barbarie, se muestran más bárbaros que los supuestos bárbaros. Finalmente El Chacho se rinde ante tanta desigualdad de fuerzas. Esta vez no se encuentra con Sandes sino con otros no menos peligrosos:

         "El vencedor lo persiguió hasta Los Llanos, y Peñaloza se rindió al comandante Vera, entregándole su puñal, la última arma que le quedaba. Pero Irrazábal llegó una hora más tarde y lo asesinó con su lanza, e hizo que sus soldados lo acribillaran a balazos. Era el 12 de noviembre de 1863. Su cabeza fue colada y clavada en la punta de un poste en la plaza de Olta. Una de sus orejas presidió por mucho las reuniones de la clase "civilizada" de San Juan. Su esposa fue obligada a barrer la playa mayor de la ciudad de San Juan, atada con cadenas".

         Un final así era de suponerse entre forajidos que no respetan la vida de un hombre indemne que ya no puede defenderse. Pero se hallan amparados por el gobernador Domingo Faustino Sarmiento que así nos anuncia lo que tiene reservado para el futuro con los bárbaros del Paraguay. Si con sus compatriotas obra así que se puede esperar de él. Por eso no debe extrañar su declaración al recibir el informe del asesinato:

         "No sé que pensaran de la ejecución del Chacho, yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza al inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses" (Chávez, Fermín. Vida del Chacho. Buenos Aires: Ediciones Theoria, 1974. Bazán, Armando R., Historia de La Rioja, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1991.)

         Esta vez el crimen tendrá connotaciones de carácter nacional. Al conocerse los detalles del asesinato en las circunstancias antedichas, se produce una indignación general. El Chacho, personaje pintoresco de poncho y facón al servicio de los humildes, molesta a los terratenientes y a las autoridades corruptas. En cierto modo los caudillos de su clase luchan por el derecho de las mayorías explotadas por Buenos Aires a través de su aduana y de sus terratenientes. El libre cambio propiciado por los unitarios beneficia a los grandes países manufactureros en perjuicio de las provincias. Ya no existen las leyes aduaneras de la época de Rosas. Tanto el Chacho como Quiroga, Saa y Varela, entre varios otros, se convertirán en personajes míticos en las provincias andinas de la Argentina y sus hazañas se cantarán a los sones de voces y guitarras.

         A Sarmiento, ni bien le dieron poder ya muestra su verdadera naturaleza. A su pluma le reemplazan los hechos concretos. Es decir, lo que escribe cumple, mata. Pero esta vez no le saldrá barata la matanza. El presidente Bartolomé Mitre le sugiere alejarse del país dado que mucha gente se la tiene jurada al gobernador de San Juan. Sarmiento acepta y se marcha a los Estados Unidos como ministro residente de la Argentina en aquel país. Mucho daño causa esta muerte que tendrá connotaciones para el futuro durante la guerra contra el Paraguay cuando las provincias se nieguen a pelear y organicen alzamientos en contra de la alianza con el Brasil.

         Para Sarmiento existen dos clases de argentinos los bárbaros y los civilizados, siendo los primeros la gran mayoría y los segundos un grupo de notables alejados de la realidad. Pero una nación la conforman todos sus habitantes con iguales derechos a la vida, al bienestar y a la búsqueda de la felicidad. Como bien se expresa Alberdi sobre Sarmiento, éste cuando invoca valores, los mismos deben hallarse condicionados a sus intereses políticos, de lo contrario, pierden su sustancia. En el caso de Peñaloza esos valores se pierden pues el remedio resulta peor que la enfermedad. Si al Chacho se lo tilda de bandolero ¿cómo deberíamos llamarlos a sus matadores? Tales contrasentidos dañan a un país todavía en formación que busca afanosamente la unidad nacional cosa que tan claramente lo tuvo el visionario San Martín.

         Durante su estada en Washington comienza la guerra de la triple alianza. Desde allí le escribe a Mitre "aquí nos es todo adverso" El sanjuanino tan admirador del país donde reside sufrirá el desprecio de su secretario de Estado, William Henry Seward cuyo partido republicano desde el gobierno puso fin a la esclavitud en una cruenta guerra civil que el argentino la ve en su final cuando es asesinado el presidente Abraham Lincoln. En estas cosas el gobierno no tiene pelos en la lengua y a cada momento le hacen notar que su país se alió a una corona esclavista europea para destruir a una república. La prensa americana no se da sosiego en señalar al Brasil como una "monarquía exótica" cuyos propietarios de esclavos pretenden llevar al Paraguay la civilización. "El Brasil, por una necesidad tradicional en su sistema de agricultura, usa del medio horrible, pero necesario allí, de la esclavatura" (Sarmiento. La política de Rosas. Periódico el Progreso. Santiago de Chile, 5 de octubre de 1844.) Así defendía Sarmiento la esclavitud 20 años atrás. Quiere a ese país. Pero ahora, cada vez que el argentino pretende justificar esta condición esclavista de su aliado le salen al paso los funcionarios en forma sarcástica y furibunda. Por eso le señala a Mitre "aquí nos es todo adverso". En tanto su par brasilero debe sufrir humillaciones a cada momento pues corre la voz que los Estados Unidos luego de ayudarle a Benito Juárez a rechazar a los franceses y ejecutar a Maximiliano de Austria en México, pondrá sus ojos en el Brasil dado que la doctrina del Presidente Monroe ha sido puesta de nuevo en el tapete y a nadie convence que se trata de un país americano sino de una corona portuguesa disfrazada de brasilera. Maximiliano es pariente muy cercano del monarca brasilero y el padre de éste el rey de Portugal. La prensa le echa leña al fuego con aquello de la "monarquía exótica de dueños de esclavos". Es posible que la tremenda deuda de guerra como resultado de la guerra civil haya impedido a los americanos invadir el Brasil. Esta es la política de Seward que en plena guerra civil le propuso a Lincoln atacar México y proseguir luego en Sudamérica con el otro imperio. Por eso en Río de Janeiro lo cortejan como a un virrey al ministro norteamericano residente allí, general Watson Wedd. Entre tanto, el secretario de la marina, Gideon Welles, fortifica a la flota americana del atlántico sur. Son varios acorazados, cruceros y cañoneros que comienzan a aparecer en Río de Janeiro poco después del conflicto doméstico americano. Si antes Inglaterra bloqueaba el puerto de esa ciudad exigiendo indemnizaciones por cualquier motivo ahora son otros los guapos. Por su parte, Pedro II debe soportar el agrio carácter de un viejo general que ha cada momento protesta contra el trato dado en ese país a ciudadanos americanos así se trate de truhanes de la peor calaña a la vez que golpea la mesa del emperador con alguna frecuencia. Los americanos se sienten dueños de América. Sarmiento, por eso, pone violín en bolsa y casi no frecuenta los círculos oficiales de Washington porque allí - decir que se es argentino - constituye una mala palabra. No hay que olvidar que murieron más de 500.000 americanos por la causa de la libertad de esclavos y las heridas se hallan muy frescas. La misión diplomática del argentino es un rotundo fracaso. Para mayor contrariedad recibe la penosa noticia de la muerte de su hijo, el capitán póstumo Domingo Faustino Sarmiento (h), caído ante las trincheras de Curupayty. En realidad no es suyo sino del primer matrimonio de su esposa pero lo considera como un hijo muy querido. Escribe una biografía de Dominguito. Su sufrimiento es inmenso y sin consuelo. Algunos autores sostienen que luego de la muerte del joven capitán, su padre, Domingo Sarmiento, fue otro muy distinto. Otros señalan que a partir de ahí nace en él un odio extremo al Paraguay. Es posible que eso constituya una verdad parcial, pero no se puede desmentir que de suyo la naturaleza del hombre, es violenta y sanguinaria como lo acabamos de ver.

         El periodismo le ayuda mucho. A través de los medios ha construido su figura de educador y de hombre de Estado. Las matanzas son ocultadas. Se sabrán muchos años después. Sus amigos gobiernan, y Juan Bautista Alberdi, el que lo tiene bien calado como manipulador, se halla exiliado en París. Este sí que hubiera competido con éxito contra Mitre y Sarmiento. Por eso fue perseguido.

         Durante su estada en Washington, al hallarse tan apretado por causa de su misión de apoyar a un aliado indeseable, se dedica a enviar cartas a su amigos políticos y a mover sus hilos. Sobre todo cuando se entera que Mitre lo ha hecho a un lado eligiéndolo a Elizalde como su sucesor y no a él. El sanjuanino mueve el tablero. La gente le teme. Se trata de alguien de cuidado capaz de empañar reputaciones y de llegar incluso al crimen político con tal de alcanzar el poder. Le facilitan su trabajo los enfrentamientos y la suerte de la guerra en que todos tienen su cuota de responsabilidad por no haber derrotado a López después de haber prometido llegar en tres meses en Asunción y ya han transcurrido casi 4 años. En esta ocasión fue apoyado por un militar de prestigio, como el teniente coronel Lucio Víctor Mansilla, héroe de la guerra en el Paraguay y sofocador de incendios con los indios ranqueles. Además, el citado militar es aficionado al periodismo y le gusta Sarmiento. Decíamos que los conflictos internos lo ayudan mucho pues su viejo conocido el General Paunero ha debido regresar del frente de guerra para sofocar los levantamientos contra el gobierno. En cierto modo le favorece hallarse alejado de tanta discordia. Su candidatura cae bien porque se halla ausente, pues todos los presentes tienen un pero para ser objetados. No obstante, hay que reconocerle muñeca política. No cualquiera se hace elegir presidente fuera de su patria.

         Asume la primera magistratura en octubre de 1868. Si Mitre luego de la entrevista con López comienza a pensar seriamente en la paz pronto es disuadido por su poderoso aliado. No obstante, se lo ve mejor posicionado de llegar a un acuerdo. Esto flota en el ambiente. Se clama por la paz. Pero con la elección del sanjuanino el Brasil queda más tranquilo. En primer lugar lo cambia poco dotado Juan Andrés Gelly y Obes, que nada hizo sino escribir cartas a su esposa y a Mitre que no viene al caso recordar pero que lo pintan como al perfecto tonto que se cree un sabio. Y siempre yerra. Se nota que no lo formó su progenitor. Dijo que López no podría escapar nunca por el Chaco, y por allí justamente escapó en marzo de 1868 con todos sus efectivos y armas. Y este un ejemplo entre los tantos desaciertos escritos por Gelly. No obstante se debe rescatar en Gelly y Obes de no haber tenido propósitos genocidas y de haber protestado por el premeditado escape otorgado por Caxias a López. Su sucesor, Emilio Mitre, es no solo mejor que Gelly y Obes sino también respecto de su hermano, el ex presidente. Con esto el nuevo mandatario demuestra cintura política. El nombramiento le cae mal a Gelly y Obes pero se las guarda. Por su parte el ex presidente nada puede protestar, porque se trata de su hermano. Estas cosas tiene Sarmiento, dignas de destacar. Mientras le impida escapar al lobo que lleva dentro es un maestro en esa clase de juegos. Nicolás Avellaneda, un sabio en materia de educación es designado ministro de este ramo con lo cual culmina la construcción de la personalidad de Sarmiento ligada a la educación y al progreso. Los rimbombantes decretos firmados por el nuevo mandatario promulgando leyes que crean nuevos planes educativos, bibliotecas populares y colegios industriales son difundidos profusamente por la prensa en tanto su auténtico autor debe callarse porque sabe que el presidente se hizo el auto bombo o el artículo de educador supuestamente formado en París donde fue enviado por el Presidente Montt en 1845. En cambio Avellaneda todavía es un don nadie en ese terreno. Un notable manipulador es su jefe pero que más tarde será desenmascarado por él, muchos años después cuando alcanza la presidencia de la nación sucediéndolo justamente a Sarmiento. En 1910 se publican sus apuntes redactados en 1874.

         "Bajo mi ministerio - dice Avellaneda - se dobló en número de los colegios, se fundaron las bibliotecas populares, los grandes establecimientos científicos como el Observatorio, se dio plan y organización a los sistemas escolares, y provincias que encontré como La Rioja sin una escuela pública llevaron tres mil o cuatro mil alumnos... Es la página de honor de mi vida pública y la única a cuyo pie quiero consignar mi nombre. ¿Cuál fue la intervención del señor Sarmiento en estos trabajos, que absorbieron mi vida por entero durante cinco años? El nombre del señor Sarmiento al frente del gobierno era por sí solo una dirección dada a las ideas y a la opinión en favor de la educación popular; su firma al pie de los decretos era una autoridad que daba prestigio a mis actos. Su intervención se redujo, sin embargo, a esta acción moral. Supo el señor Sarmiento que había bibliotecas populares y una ley nacional que las fundaba cuando habían aparecido los primeros volúmenes del Boletín de las Bibliotecas, y éstas convirtiendo en una pasión pública. El señor Sarmiento no se dio cuenta de la ley de subvenciones y de su mecanismo sino en los últimos meses de su gobierno. Esto es todo y es la verdad". (Nicolás Avellaneda, Escritos y discursos, VIII, 397.)

         Sarmiento apoya decididamente al emperador y a Caxias en la campaña de las Lomas donde los aliados prácticamente liquidan la guerra. Gelly y Obes todavía se hallaba allí. Pero a fines de diciembre de 1868 llega su remplazante. El marqués declara terminada la guerra el 14 de enero de 1869 sin órdenes de los países signatarios del tratado. Sarmiento lo apoya al emperador en su idea fija de extinguir al pueblo paraguayo. Una carta del 12 de octubre de 1869, a Manuel R. García, nos indica que el lobo ha escapado nuevamente de su cubil.

         "La guerra no está concluida, aunque aquel bruto (Solano López) tiene todavía veinte piezas de artillería y dos mil perros que habrán de morir bajo las patas de nuestros caballos. Ni a la compasión mueve ese pueblo, rebaño de lobos" (Arturo Bray. Solano López. Soldado de la Gloria y del Infortunio). El lenguaje es brutal y descarnado. Nos recuerda el asesinato del Chacho Peñaloza. Ambos son considerados bárbaros sin distingo de nacionalidades. Se trata de la barbarie contra la civilización que le llevan Sarmiento y Pedro II al Paraguay. Este último incorpora esclavos con el dolor de su alma pues debe manumitirlos para contentar a la opinión pública. Y eso le costará mucho dinero dado que hasta entonces trabajan sin salario. Pero el odio de ambos mandatarios es más fuerte, aun a costa del endeudamiento de la Argentina y el Brasil cuyos agentes en el exterior cada vez reciben mayores exigencias de nuevas garantías. Entonces empeñan las que les robarán al Paraguay. Por eso es preciso exterminar y matarlo a todo trance a López, para firmar los tratados de límites con las marionetas de Asunción que entrarán en acción en el escenario movidos por José María de Silva Parahnos. Pero eso recién sucederá una vez que el tirano desaparezca de la faz de la tierra dado que las naciones lo reconocen solo a él como el legítimo presidente. Y si es posible, que con López caigan la mayor cantidad posibles de perros paraguayos que lo acompañan. Ese es el mensaje de Sarmiento. "López sigue de derrota en derrota por los bosques, con mil o dos mil animales que le siguen y mueren de miedo" (L.A. Herrera: El drama del 65. p. 86)

         Lo dicho por Avellaneda ahora constituye una gran verdad. Una persona que habla de este modo no puede llevar bajo ninguna circunstancia el rótulo de educador. Resulta notable el lenguaje. Pero lo que más asombra es que haya quedado oculto tanto tiempo. Al parecer existe un propósito, no solo de falsificar la historia de la guerra llevada al Paraguay sino de la propia República Argentina. No obstante, todo lo que se tiene apuntado entre tanta documentación hay una que llega al paroxismo y que es digna de detenerse a leer varias veces:

         "Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto a falta de razón. En ellos se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes de los cuales ya han muerto ciento cincuenta mil. Su avance, capitaneados por descendientes degenerados de españoles, traería la detención de todo progreso y un retroceso a la barbarie... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que le obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse". (Carta de Sarmiento a Mitre, año 1870)

         La prueba final que el propio Sarmiento nos facilita para quedar bien probada su calidad de genocida confeso. Al mismo tiempo queda demostrado fehacientemente que la guerra, no es solamente contra López sino también contra el pueblo paraguayo entero. De modo que lo consignado en el tratado, en el que se expresa que la guerra no va dirigida contra el pueblo paraguayo sino solo contra su gobierno, constituye una burda mentira puesta en evidencia por el propio presidente de la nación Argentina de su puño y letra. Mitre se salva por un pelo debido a que entrega la presidencia poco antes del comienzo del genocidio. Ya no existe el Paraguay, la tierra donde nací nos dirá el hijo de Tomás Guido quien durante la conflagración combate con pasión la maldita guerra. Su pluma sigue la trayectoria de la espada de San Martín que solo se desenvaina para defender la libertad de América y no para matar pueblos hermanos. La enseñanza y el ejemplo de vida le han sido transmitidos por su insigne padre. Más tarde vendrán otros publicistas e historiadores de su país que desempolvarán los archivos ocultos y darán a luz tanta ignominia. Sienten vergüenza. Uno de ellos, Atilio García Mellid, insta a rendir homenaje a los héroes paraguayos anónimos que ofrendaron sus vidas, algunos muertos en las batallas, pero otros pasados al degüello o fallecidos por inanición. Esta prédica tiene eco. Se devuelven los trofeos de guerra. El Uruguay es el primero en presentarse en 1913 para el efecto. Le sigue la Argentina con su presidente, general Juan Domingo Perón, al frente de la comitiva. Solo el Brasil se empecina hasta la fecha en no reconocer el genocidio ni devolver trofeos y menos abrir sus archivos como lo hicieran los otros aliados. Nuevamente San Martín acierta. De ese lado debemos cuidarnos, no sea que nos coman como empanadas al decir de su simpática expresión.

         En los tiempos que vivimos: Pedro II, Gastón de Orleáns, José María de Silva Paranhos y Domingo Sarmiento hubieran sido juzgados en cortes internacionales como lo fueran los criminales nazis o más recientemente, el carnicero de la guerra de Bosnia. No obstante, el gesto los ennoblece al Uruguay y a la Argentina, pero es bueno hacer notar que todas las matanzas innecesarias cometidas a partir del 1 de enero de 1869 en adelante aun no han sido resarcidas, Y deben ser objeto de indemnizaciones como sucedió con el pueblo judío. Sin duda el Brasil deberá hacerse cargo del 90%, y por lo que le toca a la Argentina por las instigaciones de Sarmiento el 5%, en tanto el Uruguay el resto, por la responsabilidad respecto de su "ínclito" hijo de triste memoria, Coronel Hipólito Coronado. Recién cuando llegue ese día el Paraguay podrá decir que la trayectoria de la espada de San Martín ha retomado su buen sendero, antes nunca.

 

         JOSÉ MARÍA DE SILVA PARAHNOS, EL ENCUBRIDOR

 

         Corre el año 1966 en Asunción. La gente recibe una noticia sorprendente. Han sido apresados altos funcionarios del gobierno del general Alfredo Stroessner en la frontera de los Saltos del Guairá. Séte Quedas la llaman los vecinos. El mandatario paraguayo lleva 11 años y medio en el poder y debido a presiones de los Estados Unidos inició una apertura democrática convocando a una convención constituyente para el año siguiente. Cuatro partidos políticos aceptan la invitación. Ni se sueña que este general gobernará tantos años. Por ese motivo existe un ambiente político distendido. Por eso la repulsa respecto de los hechos se generaliza en todos los ámbitos. En el congreso funciona una cámara de representantes elegida en los comicios del año 1963, en que participa por primera vez luego de la subida al poder de Stroessner, un sector del Partido Liberal liderado por los hermanos Carlos y Fernando Levi Rufinelli. El segundo de los nombrados es un formidable orador, brillante escritor e ilustrado abogado.

         Los altos funcionarios permanecen presos en una localidad brasilera de frontera llamada Puerto Renato. El canciller Raúl Sapena Pastor va y viene del palacio de gobierno. Stroessner se comunica con algunos de sus compañeros de promoción cuando fue a estudiar al Brasil, entre ellos, uno que llegará a presidente, el General Figueiredo. A los brasileros les vendieron un enorme buzón algunas consultoras internacionales, especialistas hasta hoy en establecer diagnósticos de dudosa factura para embolsar mucho dinero. Les dijeron que los saltos valen oro. Que su potencial es incalculable. De manera que hay que apoderarse de ellos a como dé lugar así se lo tenga que apresar al propio Stroessner o invadir el Paraguay.

         En 1872, los brasileros lo vetan a José Falcón, un ex canciller de los dos López que exhibía documentos tras documentos que probaban incuestionablemente los legítimos derechos del Paraguay sobre los saltos a más de sus inmensos territorios. Le ordenan al presidente Salvador Jovellanos a su vez que quede el comisionado no vetado y ya comprado por ellos. Así, queda suscripto a punta de las bayonetas de un ejército de ocupación, el tratado Loizaga - Cotegipe. Se estipula que más tarde los comisarios designados por ambos países procederán a colocar los hitos. El Paraguay lo designa comisario de límites al ex marino, coronel asimilado José Antonio Ortiz, héroe de la guerra pasada. Pero pronto surge un enfrentamiento con su colega brasilero debido a que el arroyo Estrella posee dos pequeños tributarios. A pesar que el tratado - ya en sí un despojo del Brasil al Paraguay - expresa cual de los dos debe tomarse como límite, el comisario del Brasil se empecina por lo contrario luego de informar a José María de Silva Parahnos que con ello se obtendrían de yapa 300.000 hectáreas más. El gobierno paraguayo se ve obligado a ordenarle a Ortiz que acepte la fórmula. (Informe del coronel José Antonio Ortiz.)

         No contentos con los 70.000 kilómetros cuadrados se llevan unos ciento de miles de hectáreas para limpiar el plato del resto del despojo. En su informe, Ortiz declara que los saltos corresponden a ambos países como establece el tratado y que el comisario brasilero aceptó colocar los hitos conforme a ello. Sin embargo en 1966 informan lo contrario y apresan a funcionarios paraguayos a más de apoyar su acción con un cuerpo de ejército armado hasta los dientes. A duras penas se logra la libertad de los apresados. El Brasil poco después plantea resolver la cuestión por vía diplomática luego que el episodio llegara a las Naciones Unidas donde el secretario general - El Birmano U. Thant. - les informa que no se aceptará un nuevo despojo.

         El doctor Raúl Sapena Pastor elige su comitiva para reunirse con su par brasilero. Es imperiosa la necesidad de llevar a un combativo orador. Así surge el nombre del diputado liberal Fernando Nando Levi Rufinelli. Desde las primeras reuniones llevadas a cabo en la ciudad brasilera de Foz de Iguazú, Fernando lanza bombas de grueso calibre. Desmenuza el tratado, exhibe la firma del comisario brasilero colega de Ortiz, los informes de éste y otros documentos. En un momento los arrincona a los delegados del imperio en el cuadrilátero, entre tanto Raúl Sapena trata de suavizar el ambiente bastante caldeado. Pero se trata de un valor entendido entre el canciller paraguayo y su fogoso diputado. Cuando aquel le hace una seña, Levi Rufinelli ataca a fondo y luego le hace otra para que los adversarios se tomen un resuello. Así estaban las cosas cuando los brasileros reciben un informe de especialistas hidroeléctricos que le dicen que los saltos no valen nada, absolutamente nada. - ¿Cómo que no valen nada?, preguntan los brasileros exhibiendo los gruesos volúmenes de los vendedores del buzón. Los especialistas le aclaran que lo que vale miles de millones de dólares no son los saltos en sí sino la diferencia enorme de cota existente entre éstos y la ciudad de Foz de Iguazú, justamente el lugar donde se estaba a punto de llegar a los puños. Sí, así es, le recalcan, las aguas son las que valen y no los saltos. Vaya fatalidad, las aguas pertenecen al Paraguay en un 50%. ¿Cómo arreglar las cosas ahora luego de haber invadido su territorio y apresado a sus autoridades?, se preguntan los brasileros. Itamaraty acerca la solución. Hay que hacer un giro de 180 grados y pedir disculpas, entre tanto sugiere devolver algunos pocos trofeos de la guerra como la espada del Mariscal tomada en Cerro Corá. Por su parte el nieto de José María de Silva Paranhos, tercer Barón de Río Branco, pide que la colección robada por su abuelo en Asunción y Piribebuy así como el libro de oro donado por las damas paraguayas al Mariscal se devuelvan. Se firma el acta de Foz de Iguazú muy favorable al Paraguay en el caso de una futura explotación hidroeléctrica. Lanzan así el dulce los muy pícaros, a sabiendas de los resultados de los últimos estudios hídricos. Levi Rufinelli se queda con la boca abierta y le hace un guiño al Canciller Sapena y este le devuelve el gesto meneando la cabeza. En cierto modo ambos fueron los artífices de aquel encuentro y demostrando mucha solvencia. (Nota del autor: Estos datos les han sido proporcionados por el propio doctor Fernando Levi Rufinelli en vida cuando ambos trabajaran juntos como profesionales abogados durante 5 años de 1984 hasta 1989, fecha esta última en que el autor fue electo - luego de la caída de Strossner - diputado nacional.)

         Stroessner es invitado al Brasil. El embajador de ese país se convierte en su alfombra. Qué no hacen para ganarse el aprecio perdido. La Argentina por su parte, le informa a Strossner a través del recién electo presidente como fruto de un golpe de Estado, general Juan Carlos Onganía, que el río Paraná en adelante quedará libre de prácticos argentinos. Un concurso de méritos pues Yacyretá está igualmente en la mira. Pero pasará el tiempo. Lo logrado en Foz de Iguazú se convertirá en letra muerta pues nuevas interpretaciones con sobornos de por medio permitirán al coloso brasilero quedarse con las ganancias y otorgarle al Paraguay las migajas. La misma política de siempre. Si no se puede por la fuerza, se echa mano del oro o del dólar. Así se apoderaron de media Sudamérica. ¿Quién es el fundador de esta política tan ruin, rastrera y tan poco fraterna? Su nombre brilla como un lucero hasta hoy: José María de Silva Parahnos.

         Este personaje de cuna relativamente humilde nace en la ciudad de Bahía en el año 1819. Ligado con familias de uniformados llega a enseñar en la escuela militar. Allí se conecta con gente influyente que admira su talento pues el hombre no es de pocas luces, al contrario, se nota en él un natural talento para la letras, la política y sobre todo la diplomacia.

         Tiene su primera oportunidad en el conflicto surgido con el restaurador Juan Manuel de Rosas. Se convierte a los 33 años en el artífice del derrocamiento del gobernador argentino porque ha sabido gestar traiciones y alianzas con Justo José de Urquiza, Bartolomé Mitre y Venancio Flores. Esto le vale el aprecio del emperador Pedro II. Desaparecido Rosas el gobierno le ordena regresar al río de la plata pues la misión Oliveira al Paraguay de 1855 ha tenido un rotundo fracaso. Nuevamente allí hace contacto con sus viejos conocidos de Caseros. La tarea le resulta más fácil por la confianza que inspira. Su escuela es hasta si se quiere de ternura. Es un lobo disfrazado de oveja por eso es tan atractivo. Pero cuando alguien se percata que se trata de un lobo y no de una oveja, por lo general, o es un hombre muerto o políticamente muerto. A Carlos Antonio López se lo metió en el bolsillo y lo arrinconó entre las cuerdas hasta lograr la firma del convenio de navegación que le permitió al imperio llegar hasta la ciudad de Corumbá. En estas ocasiones ya le acompaña su hijo del mismo nombre en calidad de escribiente y secretario. Este con el tiempo logrará que nadie se entere que es un lobo sino siempre una Oveja como le demostrará a Bolivia con el tratado de Petrópolis que le permitió a su país birlar ricos territorios sin disparar un tiro mostrando su rostro encantador y pasando bajo la mesa los sobornos. Por eso él y no su progenitor, se convertirá con el tiempo en el padre de la diplomacia brasilera aunque aquél nunca perderá su aureola de propulsor.

         Más tarde, Parahnos logra una alianza contra el Paraguay pero a costa de mucha sangre no prevista de antemano. Tiene por eso sus altibajos como los tuvo al principio durante el conflicto con el gobierno blanco del Uruguay. Así sucederá con el Paraguay. Pero el emperador al resignarse de perder a Caxias y a Osorio al frente del ejército a principios de 1869 y nombrarlo a su yerno, echa mano del único a quien confiar a una criatura malcriada como Gastón. Ese es Parahnos, el hombre del lenguaje dulce, siempre con la palabra oportuna. Si el príncipe le dice algo inconveniente o inoportuno en sus cartas, él las traduce en sentido contrario y le hace creer que la iniciativa provino de su remitente. A los militares les levanta el ánimo pues la ida de Caxias y Osorio casi desbandó al ejército como señaláramos. Por eso juzga que la presencia del príncipe es un aliciente, nada menos que el representante directo de Pedro II. Esto levanta la moral en parte. Pero cuando la criatura malcriada llega y ejerce su poder Paranhos se preocupa. Sus aliados observan o comentan las masacres como más tarde las reseñará, José Ignacio Garmendia. Asimismo recibe la correspondencia privada del emperador. Este no es como Sarmiento que escribe y se inculpa públicamente sino que lo hace bajo cuerdas a través de sus intermediarios. Esto constituye una póliza de seguro. Si Caxias gracias a la complicidad llega a Duque, él llegará a vizconde. El emperador sabe acallar con premios a quienes conocen sus secretos. Elige a dos. El uno, Caxías, le sale respondón. Se trata de un anciano con presillas bien ganadas y un prestigio militar a prueba de bombas como lo demostró gallardamente en Ytororó y Avay. Pedro II, ya le fue tomando ojeriza cuando Paranhos le informó que el 30 de agosto de 1868, Caxias le planteó que interceda ante el emperador para que se firme la paz con el Mariscal dado que Humaitá, Isla Poi y San Fernando habían caído, y el Paraguay, tras perder una enorme cantidad de efectivos, le fueron arrebatados más de 300 bocas de fuego de diversos calibres. López no va a poder negarse a ver esta realidad. Se le debe dar el escape con alguna dignidad, rezan sus palabras. (Carta de Caxias a Paranhos. Hace 100 años. Obra citada.)

         El monarca al escuchar esto siente repulsión pues está decidido a exterminar al Paraguay. Caxias se percata de ello. Hizo su sondeo con esa carta y luego observó la conducta de Juan Manuel Mena Barreto en Avay cuando ordenaba la matanza de niños y ancianos rendidos. Su decisión de declarar terminada la guerra fue muy acertada pues con ello salva su reputación de soldado pundonoroso. Pero Caxias es Caxias, un hombre con prestigio político ganado, respetado y de abolengo, en cambio Paranhos proviene de un hogar humilde, un hombre hecho a sí mismo con mucho sacrificio que debe soportar cualquier cosa para continuar flotando. Acepta su papel de pato feo en medio de la corte y decide, quizá contra su voluntad, continuar apoyando al Ángel de la Muerte a quien respeta profundamente dada su condición de príncipe de una casa real que hasta hace poco reinaba en Francia. Pero después de Piribebuy se percata que el príncipe no solo es un sanguinario sino también homosexual. En ese momento se da cuenta de la relación con Mena Barreto, porque a partir de los sucesos de Piribebuy lo arrincona a Gastón de Orleáns y sugiere con suma sutileza dejarle al General Cámara la terminación de la guerra mientras aquél pide encarecidamente regresar a Río de Janeiro declarando terminada la guerra. Esto lo encoleriza al emperador e indica a Paranhos que no lo deje partir pues en la capital carioca hay mal ambiente contra él. Tal el drama de la familia real. Hay que terminar con López lo más rápido posible y el nuevo comandante nombrado es un cero a la izquierda. Por eso se marcha Osorio, lo de su herida fue una excusa. No se halla dispuesto a continuar en relación de dependencia a un sujeto como Gastón de Orleáns. Con todo gusto sirvió a las órdenes de su amigo, el ahora Duque de Caxias, pero con este príncipe llegado al generalato por decreto real de su suegro no está dispuesto a servir. Aquí la presencia de Parahnos juega un papel muy importante. Organiza el gobierno provisorio de Asunción con elementos al servicio del Brasil. Logra que, Francisco Pancho Decoud, ficha de la argentina, sea dejado a un lado mientras el representante de ese país, Doctor Pérez, insulta al auditorio que elige en el viejo teatro el nuevo triunvirato encargado en adelante del gobierno del Paraguay. Pero de nada sirve su intervención pues el Mariscal sigue en la lucha. No obstante, Paranhos sugiere a los elegidos a participar en la etapa final instando a sus compatriotas que todavía permanecen fieles a López a pasar a sus filas prometiéndoles que serán atendidos como se merecen. La fórmula da resultados y muchos desertan, no precisamente por ser traidores sino por el hambre, pero que el temor a ser degollados les impedía pasarse al enemigo, pues estos, luego de rendirse como le advierten los que vieron las matanzas, los pasarán por las armas. El plan de exterminio del príncipe en la etapa final actúa en contra. Si uno va a morir es preferible hacerlo por su patria, habrán supuesto muchos, dado que una vez rendidos lo mismo los pasaban al patíbulo. Esta quizá sea la gran labor de Paranhos. Pero fue encubridor de los crímenes y por eso debe estar en el banquillo de los acusados. Su correspondencia privada con el emperador se halla hasta hoy oculta, de modo que estas afirmaciones deben ser tenidas como verdad hasta que no se demuestre lo contrario. Pero eso nunca ocurrirá puesto que el Brasil ha resuelto guardar hasta el fin de los tiempos dichos documentos. Por otra parte, el Diario do Ejército, jamás fue bibliografía de historiador alguno pues sus relatos de la guerra constituyen un encadenamiento de engañifas, demostradas por propios autores brasileros como el caso del general Dionisio Serqueira, entre otros. De manera que el padre de la diplomacia brasilera proviene de esta simiente. Finalmente se hallan incursos en el encubrimiento todos los gobiernos brasileros desde enero de 1869 hasta la fecha en que se escribe este libro (2009), debido a que han ocultado premeditadamente los documentos más de 100 años. Hasta Rusia abrió sus archivos y así se pudo comprobar la muerte del Zar, de su familia y desenterrar sus restos, así como las demás pruebas de las tropelías cometidas contra millones de personas. Además, una cantidad inmensa de documentos paraguayos se hallan en su poder así como cañones, armas diversas y banderas, trofeos de guerra no devueltos al Paraguay.

 

 

 

CONCLUSIÓN

 

         En el escenario actual, los países de habla hispana en Sudamérica se hallan en buena medida ante dos corrientes como en el pasado, la que invoca a Bolívar y la que lamentablemente se olvidó de San Martín. De modo que debemos preguntarle a él cual puede ser el curso de acción ante estas circunstancias.

         Nos dirá que este mundo se ha vuelto muy complejo a extremos inimaginables en el siglo XIX., y que solos, no podremos enfrentar el desafío. Si nos detenemos a examinar el mapa sudamericano se puede comprobar que Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Perú abarcan 46° de latitud. Desde los 10° al norte del Perú hasta los 56° al sur de Argentina. Ningún otro país o bloque de países cuentan con tal potencial en el planeta. Los Estados Unidos del paralelo 27° en la Florida alcanzan cerca del 56° en su frontera con Canadá. La Unión Europea a partir de 32º al sur de España llega a lo sumo a 55° hacia el norte. China igualmente no cubre más de 20° de latitud. Esto.... ¿qué significa? La imposibilidad de producir todos los rubros agropecuarios, cosa, que los países de Sudamérica citados sí lo puede hacer. Eso se traduce en que todas las variedades de granos, frutas, tubérculos y demás ramos agrícolas lo pueden proveer solamente esos 5 países. Por otra parte resulta significativo que además cuenten con costa en el océano atlántico y pacífico en miles de kilómetros, además de ríos interiores navegables en un tramo de más de 3.000 kilómetros tomando como base la extensión y el caudal de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay. Y como si eso fuera poco, existe un acuífero de aguas cristalinas a poca profundidad similares a las trampas petrolíferas pero en una extensión ininterrumpida cercana a los 800.000 kilómetros cuadrados. Se trata de algo casi imposible de medir debido a la profundidad, pero que asegura a esos países por cientos de años una reserva formidable de agua para el consumo humano. El líquido vital escasea en el mundo. Quizá en unas cuantas décadas eso se convierta en tragedia mundial. En materia de hidrocarburos Argentina cuenta con reservas pero existe el potencial de encontrar más petróleo en el chaco paraguayo como argentino. En cuanto a potencial hidroeléctrico tres grandes represas permiten al Uruguay, Argentina y Paraguay proveerse del fluido a relativo bajo precio. De manera que a tenor de lo expresado, los países señalados deben considerar seriamente la constitución de un bloque económico y político capaz de alimentar al mundo con sus excedentes a la vez de cerrar el círculo del auto abastecimiento.

         Además es bueno señalar que los 5 países sobrepasan los 100 millones de habitantes como potenciales consumidores cuyo ingreso per cápita, salvo Paraguay, permite la formación de un mercado interno respetable. En el caso paraguayo es de esperarse que reciba lo que le corresponde por su parte en las represas que tiene con sus vecinos. Tuvo la desgracia de sufrir dos guerras internacionales. Apenas iba renaciendo de las cenizas de la primera guerra se le vino una segunda que se llevó a la tumba a 30.000 de sus hijos lo que representó una nueva sangría y muchos huérfanos. El pago de un precio que respete las reglas del mercado lo incorporará muy positivamente al grupo.

         Se preguntarán quienes pueden ser los líderes de esta atrevida opción. Los hijos de San Martín: Argentina, Chile y Perú. Además, por la densidad poblacional les corresponde. Los chilenos por su lado, aportan recursos humanos muy importantes. Sus ciudadanos trabajan en organismos internacionales. Están al tanto como pocos de los sucesos del mundo. No es de casualidad que este país se haya convertido en ejemplo sudamericano de conducción. Tiene lo que carecen los otros, capacidad de diálogo para llegar a consensos. Lo prueban sus últimos gobiernos agrupados en diversos partidos y movimientos políticos. Respecto a Argentina se nota un cambio radical en los últimos 20 años, hay que reconocerlo. Ya no es la misma. Sus autoridades se percataron y dieron un giro a su diplomacia.

         Un ejemplo reciente de ello fue la actitud de la presidenta de ese país respecto del Mariscal Francisco Solano López, diciendo que en aquel conflicto hubo una triple traición a la par que designaba con su nombre a una agrupación militar de artillería. Se preguntarán, ¿por qué razón lo hizo? Una segunda lectura nos dice que mucho tiene que ver la espada de San Martín. La señora Cristina Fernández de Kirchner conoce la trayectoria de su primer legatario y los motivos por los cuales a su vez éste los legó al presidente del Paraguay la suya. Como era de esperarse, enseguida le salió al paso un "sesudo" historiador brasilero, Francisco Doratioto, autor de "Maldita Guerra", obra en la cual el citado personaje mandó al olvido las matanzas, pero a fin de marear al lector, la llenó - mera casualidad - de numerosas fotografías de prisioneros paraguayos apresados en territorio argentino. Los prisioneros tomados por los brasileros huelgan por su ausencia pues la mayoría fue al degüello. Pero eso no lo dice Doratioto. Paralelamente, los descendientes de Mitre - cuando no - en nota editorial en el mismo diario que pregonara la destrucción del Paraguay, criticaron los dichos de su jefa de Estado. Lo llamaron a Doratioto para tirarle la lengua y para que diga "es una declaración espantosa". A su vez éste se presenta como profesor, preguntando sorprendido ¿quien la asesora en historia a la presidenta de la Argentina? El 6 de enero de 2008 el diario La Nación le hizo una larga entrevista. Entre otras cosas, el entrevistado expresó jactanciosamente que "en el Brasil, la historia es la historia" como diciendo, es algo sin mayor importancia, pero que lamentablemente en los demás países se la emplea en la política. Ya que allí la historia es tan alegre y divertida, ¿por qué razón ocultan con tanto celo los documentos históricos? En estas páginas se halla bien clara la triple traición, y aún más, si sumamos las otras dos perpetradas contra José Gervasio Artigas y Juan Manuel de Rosas. Lo que debieran hacer los que en la Argentina piensan así es mudarse al Brasil. En ese país que tanto aman y defienden hasta hoy se van a sentir más a gusto y van a encontrar la tan ansiada felicidad.

         Hemos podido apreciar donde se encuentra el cuello de botella y los desafíos que todavía se deben vencer. Parece hasta una broma de mal gusto pero esa mentalidad permanece en vigencia. Son pequeños bolsones, es cierto, pero que manejan la prensa. Y un distraído lector puede de vuelta volver a morder el anzuelo. Cuál la razón del odio ancestral. No encontramos explicación razonable.

         Sin embargo, se entiende mejor lo expresado por San Martín, que en la Argentina existen dos corrientes de pensamiento irreconciliables y que el uno debe destruir al otro. En apariencias los federales de Rosas fueron liquidados en 1852, aunque la semilla sembrada por Artigas primero y por el restaurador después germinó, permaneciendo el sistema federal. No obstante los intereses de las provincias casi siempre colisionan con los de la metrópoli. En el presente se nota el intento gubernamental por reparar los daños históricos y económicos. El regreso de Rosas tuvo que aguardar casi 130 años después de su muerte, a los cuales se agregan otros más para que su efigie señera aparezca reluciente en uno de los billetes de curso legal.

         - Jesús, Dios mío, dicen que así se expresaron algunas señoras de edad al recibir el vuelto de 20 pesos. Y con razón, dado que la historia oficial siempre sostuvo que el sujeto del billete fue el más grande monstruo de la historia Argentina. El lavado de cerebro a que hace referencia el historiador brasilero entrevistado por La Nación, criticando a los revisionistas argentinos y comparándolos injustamente con el jefe de propaganda de Hitler, aquí tiene un ejemplo, no de lavado sino de secado de cerebro y de cómo se puede engañar a un pueblo durante tanto tiempo. Ni Francisco Solano López debió esperar tanto para su regreso a Asunción. Sus restos fueron traídos de Cerro Corá en 1936. La avenida que lleva su nombre debió aguardar algunos años más. Pero para 1950 su nombre ocupaba el lugar que le correspondía. San Martín y Artigas pronosticaron aquellos odios profundos y se alejaron a tiempo del escenario. Por eso sus nombres no han sido objeto de tanta polémica. Pero Rosas y López enfrentaron intereses poderosos, por eso, pagaron una penitencia tan extensa como injusta. No obstante, hasta hoy existen argentinos y paraguayos, detractores de los referidos personajes y hasta se puede llegar a los puños, tanto en Buenos Aires como en Asunción, cuando se desencadenan esas terribles discusiones. De manera que el tema reviste importancia dado que cierra la definición del concepto "nación" que se enseña en las facultades de derecho. No se trata de una alegre zamba carioca "en el Brasil, la historia es la historia", sino la búsqueda constante de la identidad nacional. Y tanto argentinos como paraguayos, en su gran mayoría, reconocen a esas figuras como dignas de sobresalir entre sus compatriotas pues han sido auténticos forjadores de sus respectivas nacionalidades.

         En el Uruguay la identidad nacional queda forjada con el éxodo de Artigas como quedó dicho, pues tal desplazamiento demuestra un propósito común que unido a la raza, idioma y la religión, forja el carácter nacional. Tanto este país como el Paraguay sufrieron lo indecible para consolidar dichos propósitos. Montevideo, la capital del Uruguay, debió soportar varios sitios. Algunos a favor pero la mayoría en contra de su soberanía.

         El potencial templado de Argentina, Chile, Uruguay y sur de Paraguay supera por lejos los dos millones de kilómetros cuadrados. De manera que estos países están destinados a alimentar al mundo. Y en épocas de crisis - para recortar el presupuesto - se puede suspender la compra de autos, casas, vestuarios, computadoras o teléfonos celulares, pero nunca lo que se lleva a la boca. Este es el gran desafío que nos recomendaría nuestro asesor, José de San Martín. Sigamos el itinerario de la espada del libertador. Su nombre debe ser nuestro portaestandarte para encarar ese proyecto.

 

 

 

 

INDICE

 

PRELUDIO

 

CAPÍTULO PRIMERO - JOSÉ DE SAN MARTÍN

 

CAPÍTULO SEGUNDO - JOSÉ GERVASIO ARTIGAS

 

CAPÍTULO TERCERO - JUAN MANUEL DE ROSAS

 

CAPÍTULO CUARTO - FRANCISCO SOLANO LÓPEZ

 

CAPÍTULO QUINTO - GENOCIDAS: EJECUTORES, COMPLICES, INSTIGADORES Y ENCUBRIDORES

 

CONCLUSIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 




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